Reborn: entre la terapia, el espectáculo y los límites de la realidad

Fernanda Zúñiga
10 Min Read
Bebé reborn, muñeco hiperrealista diseñado para imitar a un reciénnacido.

El auge de los bebés reborn cruza fronteras entre el arte, la salud mental y la exposición digital. Mientras algunos los usan como herramienta terapéutica, otros los convierten en contenido o incluso reclaman derechos legales. 

En Itajaí, en la región sur de la tierra de la samba, una mujer exigió simular la vacunación de su  bebé reborn en un centro de salud. Quería grabar la escena para RRSS. El personal se negó. La municipalidad emitió una alerta para evitar que se repitiera.

En Goiânia, región centro-oeste de Brasil, una abogada rechazó una demanda de custodia. “No es posible regular la guarda de una muñeca”, explicó Suzana Ferreira. Pero sí se podía litigar por la cuenta de Instagram del muñeco, que ya generaba ingresos.

Lo que comenzó como herramienta para duelos o en adultos con deterioro cognitivo, se ha redirigido hacia una exigencia de derechos laborales y una puesta en escena pública.

En Ecuador, el fenómeno se ha ido perfilando desde las tiendas, tanto físicas como virtuales, dedicadas a la importación, fabricación propia y comercialización del producto.

Se documenta que, en la Segunda Guerra Mundial, en Europa, la restauración de muñecas fue una práctica extendida. Ante la austeridad, las mamás daban una segunda vida a esos juguetes para sus niños.

Después, en EE. UU, artistas comenzaron a intervenir muñecas industriales para dotarlas de rasgos más realistas. A inicios de los 90”, ese trabajo artesanal tomó forma bajo el nombre de “reborning”. 

El hito comercial llegó en 2002 con su entrada en eBay.

Sus usos varían: coleccionismo artístico, formación médica, terapia emocional para duelos o Alzheimer. 

Los costos varían desde los 50 USD, hasta modelos de silicona de platino que superan los 2500 USD. 

Los hay “prematuros” de 30 centímetros e incluso “toddlers” que imitan a niños de dos años. En ciertos circuitos, cada pieza se trata como una obra única: se firma, se documenta y se entrega con un certificado de “nacimiento” que incluye huellas simuladas, desplazando su valor hacia el terreno simbólico del arte.

En abril de 2026 se viralizó la historia de Alejandra Arias, colombiana de 27 años. Padece un tumor benigno en la hipófisis que altera la prolactina. 

Los medicamentos que controlan el padecimiento son incompatibles con la gestación. 

Intentar ser madre biológica pondría en riesgo su vida y la del feto. 

Esa noticia la sumió en una depresión severa.

Su psiquiatra le recomendó entonces el reborn como una terapia, no como un sustituto definitivo.

Ella y su pareja, radicados en España, encargaron en Canadá un muñeco diseñado con IA para fusionar sus rasgos. 

Jaime Alberto Martínez, de 55 años, está inmerso con ella en el cuidado parental. Tiene hijos de una relación anterior con los que ha dicho mantener distancia. 

Lo bautizaron “Batmancitsigue8Tienen un aplicativo que detecta el rostro del reborn y le añade movimientos para fotos y videos.

Lo alimentan, le cambian el pañal, lo visten con ropa de diseñador, lo llevan a restaurantes y de vacaciones. 

Una guardería española rechazó la inscripción.

Alejandra quería vivir esa faceta. Dice que por las noches se levanta cada tres horas a darle su biberón.

Recibe miles de comentarios en sus RRSS. “Estás loca”, le escriben.

En un video, arrojó al suelo y pisoteó su laptop. Con las manos agitadas y la voz entrecortada, insistió: no estoy loca, mi bebé es real.

Entre tanto, Teresa Barrera, terapeuta familiar española, sostiene que estos muñecos pueden servir dentro de un proceso psicológico. “Aunque la persona asegure saber que el muñeco no es real, en su mundo emocional es fácil que construya un vínculo como si lo fuera”, declaró a Europa Press. “Y eso la desconecta de la realidad”, añadió.

La psicóloga brasileña Leila Tardivo, de la Universidad de São Paulo, explica: “Una cosa es coleccionar, otra es ser compulsivo”. Y alertó: “Si la persona se la pasa cuidando, dando la mamadera, cambiando el pañal intensamente… tal vez sea el caso de pensar si no está necesitando alguna ayuda profesional”.

Natalia Espinal, psicóloga de Universidad de San Buenaventura, Medellín, aporta una visión desde la neurobiología y las difunde en sus canales. 

Explica que cuidar a estos muñecos libera oxitocina, la misma hormona que segregan las madres con bebés reales, y alivia los duelos perinatales, esas pérdidas silenciosas que ocurren antes del nacimiento. 

“La mamá siente que empieza a generar un vínculo casi real con un bebé que no lo es”, señala.

El riesgo es confundir el objeto con el hijo y eternizar un duelo que debería cerrarse. 

Su consejo: el reborn puede ser una herramienta temporal, nunca un sustituto. Siempre con acompañamiento profesional y un plazo definido.

En Brasil, el debate es público. 

Hay locales que recrean salas de parto con incubadoras reales y certificados de nacimiento para los reborns. “Aquí no compras una muñeca común, compras sueños”, dice su dueña.

En la web abundan escenas calculadas como micro ficciones con lógica de reality show. 

El objetivo suele ser la retención de audiencia y la monetización, no la credibilidad. 

La otra capa, menos visibilizada pero documentada, es la del apego profundo.

El caso de Ana Cláudia, en Brasil, salió de las pantallas y llegó a los tribunales. El 27 de mayo de 2025, sus abogados presentaron una acción en el Tribunal Regional del Trabajo de la 5ª Región (TRT-BA). Ella trabaja desde 2020 en una empresa del ramo inmobiliario del centro de Salvador. 

Solicitó 120 días de licencia, el pago del salario-familia y una indemnización de 40.000 reales (unos 10.000 dólares) por daños morales. Su argumento: el cuidado del reborn exige “el mismo compromiso psíquico y afectivo que cualquier maternidad”. 

La defensa de la empresa se apegó al texto de la ley. Un objeto inanimado, por más realista que sea, no es un hijo. La presión mediática fue incontrolable. Cuatro días después, los abogados desistieron de la demanda.

El Tribunal Superior do Trabalho (TST) se pronunció semanas después: “Los derechos laborales ligados a la maternidad son solo para hijos biológicos o adoptados legalmente”.

Cuando un caso cruza la especulación mediática y deja huella documental —como el de quien solicita una licencia para cuidar a su bebé reborn—, pasa a otro registro donde los límites se diluyen y se mueven entre lo verosímil y lo tendencioso.

Mientras tanto, en los centros de acogida ecuatorianos hay niños reales en espera. 

Un informe de la Asamblea Nacional de noviembre de 2024 señala que estos hogares tienen vulnerabilidad tanto de infraestructura como de personal. En mayo de 2024, el MIES reportó más de 2 mil niños en casas de acogida. 

Ese mismo período, menos de 40 adopciones se concretaron, con más de 100 familias en lista de espera.

Los procesos pueden durar entre dos y cuatro años.

La tasa de visitas a estos niños se ha mantenido baja. Manos pequeñas, de carne y hueso, aguardan que alguien los recuerde y les dé un poco de cariño los fines de semana, con el anhelo de conseguir su propio hogar.

El 16 de abril de 2026, la Comisión de Transparencia de la Asamblea Nacional de Ecuador, aprobó por unanimidad el informe para el primer debate de una ley que busca agilizar los procesos de adopción.

Mientras tanto, el reborn duerme en su cuna y no conoce el frío. 

Y el niño verdadero sigue esperando, sin fecha en el calendario para encontrar una familia.

Si tan solo un 10% de los privilegios de un reborn pudiera filtrarse hasta los pasillos de los centros de acogida, esos días de visita envueltos en solitarias horas, serían tan distintos.

A esas pequeñas manos que aguardan un porvenir, les vendría tan bien una pizca de la popularidad que disfrutan los flamantes bebés de silicona.

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