La batalla: entre teoremas y scroll infinito en Tik Tok

Fernanda Zúñiga
10 Min Read
Scroll en Tik Tok y Teoremas.

Liliana Chiquinquirá Medina para Notimercio

Una mirada con una memoria personal marcada por el miedo al aprendizaje tradicional, y referencias culturales que revelan cómo la geometría y los números habitan tanto en lo cotidiano como en el arte y la ciencia de manera digital.

TikTok. @el.geometra. Es el canal de Paúl Iñiguez. Profesor de Arquitectura en la PUCE, sede Ambato.

Está frente a una pizarra blanca. Cabello corto. Barba cuidada. Ojos de tonalidad almendra. Atuendo negro. Usa anteojos. Empuña un marcador negro.

Dibuja dos líneas rectas que se cruzan:

—El día de hoy vamos a hacer la demostración número uno del ejercicio cinco del libro Wentworth & Smith. Dificultad: fácil. Lo que nos dice el problema es que tenemos dos líneas rectas cruzadas entre sí, con un ángulo alfa igual a 53°. El primer corolario que vamos a utilizar es el que nos dice que todas las líneas rectas forman ángulos de 180°.

Emerge un: «¿y eso para que cirve?»

La c es un misil arrojado hacia los teoremas.

Es su decimocuarto video y tiene unas 16.900 reproducciones y 579 likes. @el.geometra, cuenta con 1854 seguidores y 4086 me gusta. 

Al otro lado del algoritmo de TikTok, @minynaranja hace por enésima vez su face dance con el tema «Commando» de Mavokali o “popopo”, de 27 segundos, subido el 13 de octubre de 2024. Alcanza los 15.5 millones de visualizaciones y 587 mil likes. Tiene 7.9 millones de seguidores y 216.8 millones de likes.

Mientras las multitudes escrolean, hay quienes, como Paúl, encuentran en las formas y los números otra forma de mirar el mundo.

Siendo un niño, tuvo afinidad por el orden, los patrones y las formas. Jugaba con legos. En el colegio, el plano cartesiano y la geometría analítica marcaron su camino. 

Esa fascinación lo llevó a estudiar arquitectura, donde la geometría se volvió base del pensamiento proyectual. Hoy entiende la enseñanza como una forma de dar continuidad a ese conocimiento.

Desmontó la idea de que las matemáticas solo buscan resultados. En geometría, lo esencial es demostrar relaciones. La dominó con práctica. Entendió su utilidad concreta en topografía, dibujo técnico, análisis estructural. 

Paúl responde con ejemplos directos y resuelve problemas reales. Quien quiere entender va más allá de la teoría y entra en la aplicabilidad.

Considera que el rechazo nace más de cómo se enseñan las matemáticas que de su dificultad.

Escucharlo me recuerda mi paso por la primaria. 

Debía escalar un muro de ladrillos, que irrumpía desde el temible cuaderno de aritmética. 

La hija mayor de mamá asumió la tutela de mis infortunios.

Un trozo irregular de madera deslucida colgaba en una mata de mango a modo de pizarra. Tiza blanca volatilizaba por doquier. Yo, de unos nueve años, descalza sobre la tierra, con una sensación térmica de 40 °C. No debía contar con los dedos y tampoco ir al baño hasta resolverlo todo.

Su mirada era un látigo. Mis manos sudaban, y tenía palpitaciones en el pecho.

Aparecía mamá: ¿cómo van?

—¡Es floja y bruta! 

Tenía una rama seca que sacudía en el aire, como arma medieval. 

—¿Ah sí? Que se olvide de las comiquitas. Deja que llegue Agustín. 

Era una derrota llegar a las 6 p.m. sin ver a Mazinger Z combatiendo a las bestias mecánicas del Dr. Hell.

Pero incluso en el final de cada capítulo, aparecían planos del robot. Diagramas de corte. Engranajes. Circuitos. Música. Eso me bastaba.

Go Nagai quería mostrar que Mazinger Z era una máquina con lógica y estructura, eso trajo una influencia de ese animé, en el imaginario tecnológico y cultural. Cuando el Pílder baja y se acopla, el sonido está sincronizado. Es una forma de cálculo donde ritmo e imagen avanzan a la par.

En esas fechas, se estrenó una película basada en hechos reales llamada Con ganas de triunfar  (Stand and Deliver, 1988). Mostraba al profesor Jaime Escalante. dando clases de matemáticas en una preparatoria del este de Los Ángeles. Sus estudiantes eran latinos, con problemas sociales, considerados causas perdidas. Les enseñó cálculo avanzado. Ellos aprobaron exámenes nacionales y sentaron un precedente de superación.

 Descubrí que la misma geometría que habitaba en una arepa era la misma que el profesor Escalante enseñaba.

Asimismo, escuché a Gualberto Ibarreto cantar: «Mi abuela nunca aprendió lo que es la geometría, pero una arepa en sus manos redondita le salía.» Esto me hizo repensar que, en lo simple, cohabitan los misterios de los números y las formas. 

Es una lección de geometría que se moldea con las manos. En su interior se respira una versión doméstica e insospechada del teorema de Pitágoras.

Luego apareció ante mí, El hombre que calculaba, de Malba Tahan. 

En su capítulo XI se plantea que las matemáticas nacen de la noción de número, presente incluso en la idea de unidad que simboliza lo absoluto, y se expresan como formas de comprender el mundo. 

Aritmética, álgebra y geometría actúan como un solo lenguaje que permite representar lo desconocido mediante relaciones. Lejos de ser abstractas, están inmersas en nuestro entorno y resultan esenciales para el desarrollo de las ciencias, las artes y la vida cotidiana.

En Ecuador, como en otros países de la región, los estudiantes no siempre alcanzan el nivel requerido de razonamiento numérico; aun así, hay niños campeones de cálculo mental y jóvenes con medallas internacionales. 

El desafío es buscar vías para fortalecer estas capacidades, con enfoques pedagógicos y espacios accesibles para que cada joven descubra si tiene talentos no explorados.

Las estadísticas muestran una brecha. Los resultados  nacionales e internacionales en competencias y olimpiadas, muestran otra lectura.

De regreso a mi cotidianidad, observo que el portón eléctrico se descompone y de nuevo descuadra las finanzas del condominio.

Le pasé fotos y videos a Paúl. Hizo un dibujo técnico y explicó:

«En este caso no es solo un problema geométrico, sino también de estática. Aplicaría triángulos para que el rectángulo no se deforme por el peso de la gravedad. Dividiría las luces en dos para que el brazo de palanca sea menor y genere menos esfuerzos en los brazos mecánicos. 

La directiva agradece su recomendación.

En México, también el profesor Gilbrán Guerrero tiene en TikTok su cuenta:@gilbrangro.  De Cabello oscuro, porte moderno. Mirada serena y voz fresca. Usa lentes. Ingeniero en Administración y Sistemas por la Universidad Autónoma de Nuevo León.

Empezó dando asesorías a tres alumnos que le pidieron ayuda con cálculo diferencial. Luego llegaron 20. Luego 50, sin cupo, alumnos parados en los pasillos. 

Ahí entendió su vocación.

Sube videos de cálculo diferencial e integral, ecuaciones diferenciales.

Gilbrán explica que, de crearse un videojuego, por ejemplo de Harry Potter, el ángulo del brazo al lanzar un hechizo se modela con senos y cosenos. En un hospital, las señales del corazón se analizan con series de Fourier. En la arquitectura, se calculan espacios y pesos.

Decidir si correr bajo la lluvia o no, es física aplicada. La programación se sostiene de algoritmos.

El problema, dice, es que enseñan con fórmulas sueltas, sin contexto. El alumno ve 50 fórmulas en una hoja y se estresa. No le explican que las letras siempre estuvieron ahí: cuatro manzanas en lenguaje algebraico, es 4X. 

Para él, las matemáticas no son para genios. Son para gente insistente.

Y entonces recuerdo la c intrusa: «¿y eso para que cirve?»

Hace 40 años me prohibían tomar agua si usaba mis manos como ábacos. En  2026, niños asiáticos usan sus dedos como calculadoras.

Paúl y Gilbrán son las versiones contemporáneas del profesor Escalante. No compiten con el face dance. Su vocación les hace esperar que alguien se detenga del scroll  y revele su esplendor, como lo hizo alguna vez, el hombre que calculaba.

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