La cultura de la humillación se volvió un entretenimiento digital

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El bullying no desapareció con la tecnología, simplemente la tecnología lo amplificó.

Las redes sociales amplificaron algo que siempre existió: la burla pública. Pero en el mundo digital la humillación se volvió espectáculo, viralidad y entretenimiento.

Hubo un tiempo en que las burlas se quedaban en el patio del colegio; eran crueles, sí; y en algunos casos tenían límites. Terminaban cuando sonaba el timbre o cuando cada estudiante regresaba a su casa. Hoy esos límites prácticamente desaparecieron.

Internet convirtió la humillación en un fenómeno público, permanente y muchas veces viral, lo que antes era un comentario cruel entre varios compañeros ahora puede convertirse en un video compartido cientos de veces, en un meme que circula por grupos de WhatsApp o en un comentario ofensivo que queda visible durante años.

El bullying no desapareció con la tecnología, simplemente la tecnología lo amplificó.

Cuando humillar se volvió entretenimiento

Las redes sociales funcionan con una lógica simple: visibilidad; los contenidos que provocan emociones fuertes —risa, indignación, sorpresa— tienen más probabilidades de viralizarse. En ese ecosistema, la burla muchas veces encuentra terreno fértil.

Videos de caídas, errores, peleas o situaciones embarazosas circulan diariamente en internet y en muchos casos, la persona que aparece en esas imágenes no eligió convertirse en protagonista. Y con ello, la humillación se transforma así en contenido.

Según investigaciones sobre comportamiento digital, el 66% de los usuarios de internet ha presenciado algún tipo de acoso en línea y más del 40% afirma haberlo experimentado personalmente. Esto muestra que la agresión digital ya no es un fenómeno aislado, es parte del paisaje cotidiano de internet.

El ciberacoso se define como el uso de tecnologías digitales para intimidar, atacar o humillar a otra persona. Puede manifestarse en mensajes ofensivos, difusión de rumores, publicación de imágenes vergonzosas o suplantación de identidad; la diferencia con el bullying tradicional es que el daño se multiplica. Estudios internacionales indican que más de un tercio de los jóvenes ha sido víctima de ciberacoso, y uno de cada cinco incluso ha dejado de asistir a clases por esta razón.

Cuando la humillación se vuelve parte de la cultura digital

En las redes sociales, la línea entre entretenimiento y agresión muchas veces se vuelve difusa, videos de errores, caídas o situaciones incómodas circulan constantemente y reciben miles de comentarios, reacciones y compartidos. En muchos casos, quien aparece en esas imágenes no eligió convertirse en protagonista de un momento que puede perseguirlo durante años.

La psicóloga Paula Tamayo advierte que esta dinámica ha ido construyendo una cultura digital donde la humillación se normaliza.

Las redes sociales funcionan bajo una lógica de exposición constante. Muchas veces la burla se vuelve contenido y eso hace que la humillación parezca algo cotidiano, algo que genera interacción y visibilidad. El problema es que detrás de ese contenido hay una persona real que puede estar experimentando vergüenza, miedo o un profundo sentimiento de aislamiento”.

Paula Tamayo.

Según Tamayo, el impacto psicológico de esta exposición puede ser especialmente fuerte en adolescentes, que atraviesan una etapa de construcción de identidad y autoestima.

“Cuando la humillación ocurre en internet, el adolescente siente que su reputación queda expuesta frente a muchas personas al mismo tiempo. Esa sensación de ser observado y juzgado puede generar ansiedad, tristeza y una percepción de pérdida de control sobre su propia imagen”.

Paula Tamayo.

La especialista añade que el mayor riesgo del bullying digital es su permanencia. A diferencia de un comentario que se dice y se olvida, el contenido en internet puede permanecer durante años y reaparecer en cualquier momento.

Sería fácil culpar únicamente a la tecnología, pero la realidad es más compleja. Internet no creó la crueldad humana, lo que hizo fue darle nuevas herramientas y nuevos escenarios. 

El desafío de nuestro tiempo no es solo tecnológico, es cultural; las redes sociales seguirán existiendo y la comunicación digital seguirá creciendo. La pregunta es qué tipo de cultura queremos construir dentro de esos espacios.

Una cultura donde la humillación se convierte en entretenimient o una donde la empatía tenga más valor que la viralidad. Porque detrás de cada perfil hay una persona y detrás de cada burla viral hay alguien que puede estar sufriendo en silencio.

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