España abre las puertas a la esperanza de más de medio millón de inmigrantes con la regularización 

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Una embarcación con migrantes es asistida por un equipo de rescate en aguas españolas, en un contexto marcado por el anuncio de la regularización.

Magaly Villacrés/Desde España para Notimercio

Las expresiones del presidente de Gobierno asumen un modelo de política migratoria basado en derechos humanos y compatible con el crecimiento económico que ha impulsado a España, gracias a la migración.

El presidente de Gobierno español, Pedro Sánchez, ha revolucionado los límites del debate migratorio a nivel internacional, con el anuncio de la regularización de más de medio millón de inmigrantes. Esta decisión resulta aún más impactante, cuando refuerza la decisión a través de una publicación en The New York Times, bajo el titular “Soy el presidente de Gobierno de España. Aquí les explico por qué Occidente necesita inmigrantes”. 

En el texto afirma que “como naciones occidentales debemos elegir entre convertirnos en sociedades cerradas y empobrecidas, o en sociedades abiertas y prósperas (…). Añade, “algunos líderes han elegido deportarlos con operaciones ilegales y crueles. Mi Gobierno ha elegido regularizarlos”. La declaración apunta con el dedo a Donald Trump y a los demás gobiernos que han hecho del miedo (u odio) al extranjero su programa electoral. 

En anteriores intervenciones en el Parlamento Español, defendía con contundencia a los inmigrantes como una pieza clave para el crecimiento económico en sectores como la construcción, agricultura, hostelería, donde representan entre el 25% y 50% de la misma (…). Aportan al estado de bienestar mucho más de lo que demandan. Los migrantes ni alimentan la delincuencia, ni les quitan el trabajo a los españoles, defendía el mandatario. 

Estas expresiones del presidente de Gobierno asumen un modelo de política migratoria basado en derechos humanos, integración y convivencia, compatible con el crecimiento económico y la cohesión social; sin embargo, la realidad que rodea a hombres y mujeres que han cruzado los límites de la península ibérica es áspera, insípida y hostil.

El anuncio, por su parte, ha levantado una polvareda de críticas, bulos, discursos xenófobos y especulaciones en torno al alcance de la regularización, los efectos y el impacto a nivel económico y social. Argumentos que fácilmente son desmontados al momento de comparar cifras y datos. 

La población migrante se ha convertido en el motor clave de desarrollo económico para España. Según el Banco Central Europeo, cerca del 80% del crecimiento económico registrado en España entre 2019 y 2025 se debe a la población extranjera. Los mismos estudios reflejan que España creció de 2022 a 2024, a una tasa media anual del 2,9%. De este crecimiento, se estima que la población extranjera realizó una contribución directa de entre 0,4 y 0,7 puntos porcentuales, una tendencia que continuó en 2025. 

FUENTE: elordenmundial.com / INE (2022) / Autor: Álvaro Merino

Varios sectores de actividad dependen ya completamente o en gran medida del empleo inmigrante. Por ejemplo, el 72% del empleo en el servicio doméstico y el 45% en la hostelería es de origen extranjero.

Pero debajo de las estadísticas que respaldan el aporte productivo de la mano de obra migrante se encuentran las historias de quienes pertenecen a esa economía sumergida, donde se trabaja para sobrevivir y sostener a sus familias; en muchas ocasiones, en medio de condiciones injustas, sin contrato ni prestaciones sociales. 

Adriana Escobar y su hijo, son parte del panorama que encierra el desarraigo y la irregularidad. Hace 23 meses migraron desde Manizales, Colombia, y arribaron a Murcia como solicitantes de asilo. Anteriormente, ella trabajaba en una empresa que brindaba servicios a la alcaldía municipal, pero debido a la inseguridad local que ponía en riesgo sus vidas decidieron marcharse.

Ahora realiza las actividades que casi todas las mujeres que vienen de fuera se ven precisadas a hacer: Es trabajadora doméstica interna en un domicilio y aunque reconoce que no le pagan lo estipulado por Ley, ni le otorgan las dos horas de descanso diario, se ha adaptado a la familia porque la tratan bien. Razones suficientes, por ahora, para permanecer en este sitio. 

“Con la regularización podremos trabajar legalmente y salir del círculo de la explotación laboral, en el que muchos estamos”, dice Adriana. Además, sostiene que quienes critican a los inmigrantes son los mismos que buscan a latinoamericanas para cuidar a niños y adultos mayores. Con orgullo destaca nunca haber recibido pagos del Estado por su condición migratoria, “gracias a Dios no las he necesitado porque sé trabajar”, afirma. 

Pero ser migrante no es solo sentirse extranjero, sino también, ajeno y distinto. Son realidades atravesadas por la necesidad, pero, sobre todo, por el miedo, la violencia, la discriminación, la represalia y la persecución debido a su origen. 

John Acebedo, es un bogotano que reside en España desde hace nueve años. Sus razones para la migración fueron la búsqueda de una mejor calidad de vida y educación para sus hijos. Paralelamente, administra a través de un chat un grupo conformado por más de mil doscientos inmigrantes denominado “Juntos somos más fuertes”, en su mayoría colombianos, pero también se encuentran venezolanos, nicaragüenses y ecuatorianos. 

A través de este espacio comparten anuncios de empleo, pero también se brinda acompañamiento en temas vinculantes a su situación. La regularización es un tema que ha causado esperanza, así como inquietud. De este grupo podría beneficiarse más de un 60% con la decisión del Gobierno. “La regularización es una gran oportunidad que nos permitirá salir de la clandestinidad, exigir derechos, caminar con libertad y no ser invisibles a la sociedad”, asegura John.  

MENAS, la etiqueta de la discriminación

En España se ha popularizado el término MENAS, acrónico con el que se define al Menor Extranjero No Acompañado, que comprende a niños, niñas y adolescentes menores de 18 años, que han llegado al país sin ayuda ni cuidado de un adulto.

Aunque el término y origen es de orden administrativo y legal, la expresión MENAS se utiliza en el discurso público y mediático, convirtiéndose a veces en un término estigmatizante que deshumaniza y etiqueta negativamente a los menores, asociándolo a menudo con inseguridad y delincuencia.  

La mayoría provienen del norte de África, principalmente de Marruecos, con un 68%, seguida de Guinea Conakry (8,4%), Argelia (5,2%), Malí (4,5%) y Costa de Marfil (3,5%). Más del 92% en su mayoría son varones y han accedido a España por vía marítima.

Una de las razones para el éxodo es la violencia, no solo en el marco de conflictos como ocurre en algunos países de África subsahariana, sino también la violencia intrafamiliar, la pobreza extrema, el abandono institucional y la falta de oportunidades educativas y laborales.

Migrar para sobrevivir

Solamente quien se marcha entiende sobre incertidumbre, angustia e inseguridad, todas aquellas sensaciones que se convierten en equipaje común de los desterrados. 

La regularización no defiende únicamente lo migratorio, lo redefine como una estrategia de supervivencia. Por lo cual, otorgar documentación y permisos de trabajo no es caridad. No es buenismo. Dar un paso hacia adelante en favor de la dignidad de las personas es una acción humanitaria, arriesgada y poderosa. Es todo a la vez. 

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