Un especialista de la Espol proyecta un evento fuerte a muy fuerte y pide priorizar la prevención. El calentamiento global introduce diferencias al comparar las temperaturas actuales con episodios históricos.
El fenómeno de El Niño 2026–2027 avanzaría hacia su fase de madurez entre noviembre y diciembre, con efectos que podrían prolongarse durante el primer trimestre del próximo año.
Así lo explicó a PRIMICIAS Jonathan Cedeño, coordinador de la carrera de Oceanografía de la Espol, quien proyecta una intensidad de fuerte a muy fuerte.
Temperaturas elevadas, con diferencias en la medición
Según el especialista, los indicadores tradicionales muestran registros extraordinarios en el Pacífico central. Sin embargo, el Índice Relativo Oceánico de El Niño —RONI— considera el calentamiento general de los océanos tropicales para distinguir mejor la señal del fenómeno.
Con esa medición, el episodio actual se situaría ligeramente por debajo del máximo de 1997–1998.
El impacto depende también de la atmósfera
Un océano cálido no produce automáticamente lluvias extremas: también importa la respuesta atmosférica. Por ello, comparar temperaturas no permite anticipar daños idénticos a los de otros años.
Cedeño plantea concentrar los esfuerzos en prevención y respuesta ante emergencias, mientras continúa el seguimiento del fenómeno y de sus posibles efectos sobre el litoral ecuatoriano.


