La contaminación ambiental se ha consolidado como el mayor riesgo ambiental para la salud a nivel global, con impactos significativos en la calidad de vida. El informe State of Global Air 2025 señala que la contaminación del aire contribuye a aproximadamente 7,9 millones de muertes, principalmente por enfermedades no transmisibles como afecciones respiratorias, cardiovasculares y cáncer.
Además, cerca del 36 % de la población mundial respira niveles de partículas finas (contaminantes microscópicos del aire que penetran en los pulmones), superiores a los recomendados por la Organización Mundial de la Salud, lo que incrementa la susceptibilidad a enfermedades respiratorias agudas y crónicas. De hecho, el organismo advierte que más del 99 % de la población mundial está expuesta a aire que no cumple con sus estándares de calidad, debido principalmente a las emisiones del transporte, la actividad industrial y la quema de combustibles.
En Ecuador, esta problemática se refleja en la carga de enfermedades respiratorias. Según el Ministerio de Salud Pública, durante la temporada 2024–2025 se registraron 1 797 casos de infecciones respiratorias agudas graves (IRAG) en 19 hospitales centinela, con predominio de virus como el virus sincitial respiratorio, influenza y otros agentes que circulan simultáneamente, evidenciando una presión constante sobre la salud respiratoria de la población.
Según estudios de la OMS, la exposición prolongada a contaminantes como material particulado, gases tóxicos y humo daña las defensas del sistema respiratorio. Las vías respiratorias se inflaman y pierden protección, facilitando la entrada de patógenos, mientras que la respuesta inmunológica se vuelve menos eficiente. Esto aumenta la frecuencia y gravedad de infecciones respiratorias recurrentes, especialmente en niños menores de cinco años, afectando su desarrollo a largo plazo.
El impacto no es menor: las infecciones respiratorias recurrentes reducen la calidad de vida, aumentan el ausentismo escolar y laboral, y generan una carga importante para los sistemas de salud. En este contexto, comprender la relación entre contaminación y salud respiratoria se vuelve clave para impulsar acciones preventivas efectivas.
“El daño no siempre es inmediato, pero la exposición continua a contaminantes debilita las defensas del sistema respiratorio, haciéndolo más vulnerable a infecciones repetitivas, por eso, la prevención no solo depende del tratamiento, sino de reducir los factores de riesgo y fortalecer el organismo”.
Dr. Gregory Celis, médico asesor de Laboratorios Bagó. Ante este panorama, es fundamental adoptar medidas preventivas que contribuyan a proteger la salud respiratoria:
- Reducir la exposición a contaminantes: evitar permanecer en zonas con alta congestión vehicular o contaminación visible, especialmente en horas pico.
- Ventilar adecuadamente los espacios cerrados: permitir la circulación de aire fresco en hogares y lugares de trabajo.
- Mantener al día el esquema de vacunación: especialmente contra influenza y neumococo, para prevenir complicaciones respiratorias.
- Fortalecer el sistema inmunológico: a través de una alimentación balanceada, rica en vitaminas y antioxidantes, así como una adecuada hidratación.
- Evitar el consumo de tabaco y la exposición al humo: factores que agravan el daño en las vías respiratorias.
- Atender oportunamente los síntomas respiratorios: acudir a un profesional de la salud ante signos persistentes o recurrentes.
Desde el compromiso con la salud integral, Laboratorios Bagó del Ecuador impulsa la generación de información basada en evidencia científica que permita a la población tomar decisiones informadas. Promover entornos más saludables y fortalecer la prevención son pasos esenciales para reducir el impacto de la contaminación ambiental en la salud respiratoria y mejorar la calidad de vida de las personas.





