Ricardo Buitrón/ Para Notimercio
El río Machángara fue crucial para los primeros pobladores de Quito, quienes se establecieron en su valle fértil, utilizándolo tanto para el cultivo como para el abastecimiento de agua.
A lo largo de la historia, el río fue un lugar sagrado para los pueblos indígenas y los Incas. Tras la conquista, los indígenas cristianizados se asentaron en sus márgenes configurando los centros poblados que conformarían la ciudad preinca, inca, colonial y republicana en lo que es hoy el Distrito Metropolitano de Quito.
A lo largo de sus 22 km abarca la zona interandina, las cordilleras oriental y occidental, los nudos de Tiopullo al sur y Mojanda-Cajas al norte. Desde su nacimiento, una serie de elevaciones, el cerro Atacazo entre ellas, con sus vertientes de agua, cascadas y lagunas, configuran el paisaje por el que atraviesa el río Machángara. Recibe los aportes de las quebradas Machángara, Ortega, Shanshayacu y Río Grande hasta juntarse con las aguas del río San Pedro para formar el Guayllabamba y luego el Esmeraldas y llegar al Océano Pacífico.
El río Machángara regó el valle que era utilizado para cultivos y abastecimiento de agua en el siglo XIX. Aún se usaba para lavar ropa, bañarse y recrearse y era descrito como un vergel. Las orillas del Machángara albergaron molinos con ruedas de piedra en el siglo XVI que dieron lugar al sitio llamado Molino El Censo, la primera fábrica harinera de Quito (1906-1997), la fábrica de cartón (1947), fábrica La Victoria, hornos de fundición de hierro, la primera planta eléctrica de Quito (1897), entre otras, lo que demuestra su importante e histórico rol para la producción y desarrollo de Quito.
A lo largo del tiempo, la relación con el río cambió. Pasó de ser un recurso vital para la producción a un vertedero de desechos. La contaminación aumentó y se comenzaron a construir canales y a embalsar el río con la urbanización y deforestación de sus alrededores. En el siglo XX, el río fue utilizado como una cloaca para los desechos de la ciudad. El 80% de los vertidos en el río corresponden a aguas residuales, el resto proviene de otras fuentes contaminantes, industriales, lubricadoras y lavadoras.
A pesar de algunos esfuerzos por restaurarlo, como la creación de parques lineales y la remoción de basura, el río sigue siendo gravemente contaminado. Hoy, el Machángara recibe aguas residuales de alcantarillados y colectores importantes, de la ciudad y es una fuente de enfermedades.
La contaminación ha afectado severamente la biodiversidad del río, con la pérdida casi total de especies acuáticas y una carga hídrica excesiva que causa erosión en sus taludes. La situación sigue siendo crítica, a pesar de que las quebradas de Quito fueron declaradas patrimonio natural y se han hecho algunos esfuerzos de restauración.
Sin embargo, la desconexión de la población con el río y la falta de control municipal han prevalecido, haciendo del Machángara una de las principales fuentes de contaminación de la ciudad, de la microcuenca, subcuenca y cuenca hidrográficas. Se esperaría que la sentencia de los tribunales sirva para la recuperación integral del río Machángara y para el bien de la ciudad.





