Marieta Campaña Villacís/Para Notimercio
Ante la crisis de inseguridad en Ecuador, la protección ciudadana se ha desplazado del Estado hacia la prevención personal, familiar y comunitaria. Discreción, comunicación y organización vecinal se consolidan como las principales estrategias frente a la violencia y la incertidumbre.
La seguridad pública en Ecuador atraviesa un momento de profunda contradicción. Por un lado, las cifras oficiales del gobierno nacional, representadas, por ejemplo, en la gestión del gobernador de Los Ríos, Galo Lara, sugieren una recuperación del control estatal: una reducción del 70% en delincuencia general y una caída del 57% en secuestros a partir de noviembre de 2025.
Sin embargo, las estadísticas chocan frontalmente con la memoria reciente de una provincia que alcanzó alrededor de 61 muertes violentas por cada 100,000 habitantes, consolidándose como la más peligrosa del país, según los reportes de medios locales. En este escenario, la seguridad ha dejado de ser una garantía exclusiva del Estado para convertirse en una responsabilidad de autogestión individual, familiar y colectiva.
Para ciudadanos como Flor (nombre protegido), una maestra jubilada quien desde hace cerca de una década habita en una zona agrícola entre la zona de Valencia en Los Ríos y La Maná en Cotopaxi, o María Antonieta quien habita hace 34 años en la capital ecuatoriana, las promesas de reducción del crimen son abstractas. Para ellas, la verdadera seguridad reside en el perfil bajo y la modificación de hábitos. Si Los Ríos se ha visto afectada por una ola de inseguridad que ha alarmado a los ciudadanos en Quito, la capital, según el último reporte de la Secretaría de Seguridad del Municipio, el año pasado se registraron 266 homicidios, 43.965 robos, 60.985 escándalos y 42.472 libadores. La respuesta municipal para bajar los índices de inseguridad ha sido organizar al menos 10 caminatas por la seguridad, 60 capacitaciones, 30 ferias de seguridad, 24 marchas exploratorias, 56 mingas de pintura y limpieza, entre otras actividades.
Del lado ciudadano, la prevención individual se fundamenta hoy en la eliminación de la ostentación: el abandono de joyas, vehículos lujosos y la exposición de bienes. Los expertos en temas de seguridad y autoprotección coinciden en que la «conciencia de 360 grados» —una vigilancia constante del entorno al entrar o salir de domicilios o bancos— y la ruptura de rutinas son las únicas barreras efectivas contra una delincuencia organizada que se alimenta de la predictibilidad de sus víctimas.
En el núcleo familiar, la estrategia ha evolucionado hacia la creación de protocolos de «inteligencia doméstica». Ya no basta con cerrar las puertas; es imperativo establecer redes de comunicación interna por medio de chats familiares. El uso de palabras clave para alertar sobre situaciones de peligro sin levantar sospechas, el manejo discreto de la información en redes sociales para evitar la extorsión y el reporte inmediato al ECU-911 ante la pérdida de contacto por más de dos horas, configuran un nuevo código de convivencia donde la información es el activo más valioso a proteger.
Finalmente, el eje comunitario aparece como el último bastión de defensa. La inseguridad en zonas rurales y barrios urbanos ha forzado un retorno a la solidaridad vecinal. En ambos espacios se implementan medidas similares, pero según la realidad. Así, ambos coinciden en la instalación de cámaras y alarmas monitoreadas colectivamente con inversiones que van desde los 400 dólares hasta 1.500 dólares para autoprotección.
En las zonas urbanas, el control estricto de nuevos inquilinos y la gestión de la infraestructura—como la iluminación y el aseo— no son solo mejoras estéticas, sino herramientas de disuasión. Un barrio organizado, que prioriza el cuidado de niños y ancianos y mantiene asambleas periódicas, reduce drásticamente las oportunidades para el expendio de drogas y el robo a mano armada.
En tanto que en las zonas rurales la tónica son las sirenas y alarmas comunitarias que ensordecen el ambiente ante la presencia de vehículos o personas sospechosas. En el sector rural la preocupación va por el robo de ganado aprovechando la oportunidad y las sombras de la noche o de enseres domésticos, valiosos para sus propietarios.
En conclusión, aunque las operaciones del Ejército y la Policía Nacional desplazadas en zonas conflictivas como en Los Ríos, Esmeraldas, Manabí, Sucumbíos o El Oro logren debilitar a los grupos de delincuencia organizada dedicados al sicariato, extorsiones o minería ilegal, la paz ciudadana en 2026 depende de una estructura de prevención de tres niveles. La seguridad es hoy un ejercicio de resistencia cotidiana donde la discreción personal, la comunicación familiar y la vigilancia comunitaria forman el único escudo real frente a la incertidumbre.
Estrategias de autoprotección
1. El plano personal: La discreción como escudo
La prevención individual se basa en romper la rutina y eliminar el factor sorpresa.
- Perfil Bajo: Al igual que Flor, evite el uso de joyas, vehículos lujosos o la ostentación de bienes. La «invisibilidad» financiera es una protección.
- Ruptura de Rutinas: María Antonieta aplica una regla de oro: cambiar rutas y horarios de desplazamiento constantemente. No sea predecible.
- Conciencia de 360 Grados: Al entrar o salir de cualquier lugar (casa, bancos, restaurantes), realice una revisión visual completa de su entorno para detectar sospechosos.
- Desconexión Tecnológica: El uso del celular en la vía pública no solo lo expone al robo del equipo, sino que lo distrae de posibles amenazas.
- Seguridad al Volante: Mantenga vidrios arriba y puertas aseguradas, especialmente en semáforos o zonas de congestión.
- Cero Confianza: No acepte obsequios, alimentos o papeles de desconocidos; estos suelen ser vehículos para sustancias que anulan la voluntad (escopolamina).
2. El plano familiar: Comunicación y alertas tempranas
El hogar debe funcionar como una unidad de inteligencia compartida.
- Chat de Seguridad Familiar: Mantenga un grupo donde cada integrante informe su agenda y eventos inusuales.
- Palabras Clave: Establezcan un código o «palabra de emergencia». Si un familiar llama y la menciona, significa que está bajo amenaza o privado de su libertad.
- Filtro de Información: Instruya a todos en casa para no dar datos financieros o laborales por teléfono a supuestos encuestadores o extraños.
- Cuidado con Redes Sociales: Evite publicar fotos de colegios, lugares de trabajo o vacaciones en tiempo real. Esta es información gratuita para extorsionadores.
- Protocolo de Desaparición: Si no hay comunicación por más de dos horas respecto a la hora prevista de llegada, denuncie de inmediato al ECU-911.
3. El Plano Comunitario: «Todos cuidan a todos»
La seguridad vecinal es el disuasivo más fuerte contra los grupos de delincuencia organizada.
- Vigilancia Solidaria: Organice asambleas periódicas para conocer a sus vecinos. La premisa es clara: proteger prioritariamente a niños, mujeres y ancianos.
- Tecnología Compartida: Instalar alarmas comunitarias y circuitos cerrados de televisión (CCTV) monitoreados por los mismos vecinos.
- Control de Inquilinos: Antes de arrendar, establezca protocolos de revisión de antecedentes y documentación.
- Mejora del Entorno: Un barrio iluminado y limpio es menos propenso al crimen. Realice mingas para gestionar luminarias y accesibilidad ante el municipio.
- Transacciones Seguras: Evite el manejo de efectivo. Utilice transferencias bancarias; los costos son mínimos comparados con el riesgo de un asalto a mano armada.
El dato: En zonas rurales y barrios urbanos, los chats comunitarios han demostrado ser la herramienta más ágil para alertar sobre la presencia de vehículos o personas sospechosas antes de que se cometa un delito.





