La encuesta presentada en 2022 situó al teléfono como el soporte más utilizado y registró un promedio de un libro completo al año. La medición del INEC de 2012 tuvo una cobertura distinta y no permite una comparación directa.
En Ecuador, leer no ocurre únicamente frente a un libro. La Encuesta de Hábitos Lectores, Prácticas y Consumos Culturales, presentada en junio de 2022, identificó al celular como el soporte más utilizado, con el 56,7%, seguido del material impreso, con el 33,9%. Estos porcentajes describen el medio de lectura, no el lugar físico donde se realiza.
El estudio reportó un promedio de un libro completo y dos incompletos al año. También señaló que el 57,5% leía libros y el 76,7% lo hacía diariamente en distintos formatos. Por tanto, la frecuencia de lectura y la cantidad de libros terminados son indicadores diferentes: leer a diario no significa necesariamente completar una obra.
La investigación comenzó en septiembre de 2021 y abarcó 15.492 viviendas de 23 provincias, excepto Galápagos. Fue desarrollada por el entonces Ministerio de Cultura y Patrimonio, en coordinación con el INEC, la Organización de Estados Iberoamericanos y Flacso.
Catorce años antes, la medición del INEC de octubre de 2012 encontró que el 73,5% de las personas estudiadas tenía el hábito de leer. Hay una precisión importante: ese porcentaje no corresponde a quienes dedicaban entre una y dos horas semanales. Este último grupo representaba el 50,3%.
Aquella encuesta investigó a personas de 16 años o más en 3.960 viviendas de Quito, Guayaquil, Cuenca, Machala y Ambato, dentro del ámbito urbano. Sobre los lugares de lectura, registró que el 54% leía en casa, mientras apenas el 0,3% lo hacía en una biblioteca. Son datos históricos y no deben presentarse como preferencias actuales.
Las diferencias de cobertura, edades y preguntas impiden utilizar ambos estudios como una serie equivalente para afirmar cuánto aumentó o disminuyó la lectura. Tampoco permiten establecer, por sí solos, cuánto creció el uso del celular.
¿Qué sabemos en 2026? En la revisión realizada no se identificó una nueva encuesta nacional comparable que sustituya estos resultados, existe una falta de estadísticas nacionales actualizadas sobre hábitos lectores.
La información disponible muestra la importancia que ya tenían las pantallas en 2022, pero deja preguntas pendientes: cuánto tiempo se dedica hoy a leer, qué contenidos se eligen, dónde se accede a ellos y qué barreras encuentran los lectores. Actualizar estas mediciones ayudaría a orientar bibliotecas, escuelas y programas de fomento de la lectura con una imagen más cercana al Ecuador actual.


