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Henri Kagan y Kenso Soai ganan el Nobel de Química 2026 por resolver el misterio de las moléculas “espejo”

Diana Penafiel
4 Min Read
Henri Kagan y Kenso Soai fueron reconocidos con el Premio Nobel de Química 2026 por sus aportes a la síntesis orgánica asimétrica.

La Real Academia Sueca de Ciencias reconoció a los dos investigadores por sus descubrimientos sobre los efectos no lineales y la autocatálisis en la síntesis orgánica asimétrica, avances decisivos para producir moléculas con una orientación específica.

Hay moléculas que se parecen entre sí tanto como una mano derecha y una izquierda: tienen la misma composición, pero no son exactamente iguales. Esa diferencia puede parecer mínima, aunque en química puede cambiar por completo la manera en que una sustancia actúa.

Ese fue el problema que Henri B. Kagan y Kenso Soai ayudaron a resolver y que este miércoles les valió el Premio Nobel de Química 2026.

La Real Academia Sueca de Ciencias reconoció al investigador francés y al científico japonés “por el descubrimiento de efectos no lineales y autocatálisis en la síntesis orgánica asimétrica”. Detrás de esa descripción técnica hay una idea sencilla: encontraron maneras de hacer que una reacción química favorezca una de las dos versiones posibles de una molécula.

¿Por qué importa que una molécula sea “derecha” o “izquierda”?

Muchas moléculas existen en dos formas que son imágenes especulares entre sí. En química se las conoce como moléculas quirales.

El problema es que, aunque parezcan prácticamente iguales, pueden comportarse de manera distinta cuando interactúan con organismos vivos. Una versión puede tener el efecto deseado y la otra producir un resultado diferente o incluso indeseable.

Por eso, lograr que una reacción produzca principalmente una de esas dos versiones es especialmente importante en la fabricación de medicamentos, pero también en productos como aromas, fragancias, químicos agrícolas y nuevos materiales.

Dos descubrimientos que cambiaron la química

Kagan dio uno de los pasos decisivos en la década de 1980 al demostrar que una pequeña diferencia entre dos formas moleculares podía amplificarse durante una reacción química. Sus llamados efectos no lineales se convirtieron en una herramienta para comprender y controlar mejor estos procesos.

Soai llevó esa idea más lejos. En la década de 1990 desarrolló una reacción de autocatálisis en la que el producto de la propia reacción ayuda a producir más moléculas de su misma orientación.

Con el tiempo logró algo que hasta entonces parecía extraordinario fuera de los sistemas biológicos: una reacción capaz de terminar produciendo prácticamente una sola de las dos imágenes especulares posibles.

Una pista sobre la química de la vida

El trabajo de ambos científicos no solo tuvo aplicaciones industriales. También ayudó a comprender uno de los grandes interrogantes de la química: por qué la vida utiliza casi siempre una sola orientación molecular.

Los aminoácidos que forman las proteínas y los azúcares presentes en el ADN siguen esa preferencia. A este fenómeno se lo conoce como homoquiralidad.

Los descubrimientos de Kagan y Soai demostraron que pequeñas diferencias iniciales pueden amplificarse hasta favorecer casi por completo una sola orientación molecular, ofreciendo una posible explicación de cómo pudo surgir esa característica fundamental de la vida.

Un Nobel compartido

Henri B. Kagan nació en Francia en 1930 y es profesor emérito de la antigua Université Paris-Sud. Kenso Soai nació en Hiroshima, Japón, en 1950 y es profesor emérito de la Tokyo University of Science.

Ambos compartirán el premio de 12 millones de coronas suecas y recibirán la distinción durante la ceremonia prevista para el 10 de diciembre en Estocolmo.

Más allá del reconocimiento, su trabajo dejó una herramienta que hoy permite a los químicos controlar con mucha mayor precisión qué versión de una molécula quieren producir. Una diferencia microscópica que puede cambiar por completo el resultado.

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