Libros, noticias, fotografías y música están en el centro de la discusión. Estados Unidos defiende su uso para entrenar IA, mientras autores y medios reclaman protección.
¿Puede una inteligencia artificial aprender de un libro, una canción o una fotografía sin pedir permiso a quien los creó? Estados Unidos cree que debería ser posible bajo ciertas condiciones y llevó la discusión hasta el G20.
Durante una reunión de ministros de Innovación celebrada este miércoles 2 de septiembre, el Gobierno estadounidense propuso que los países permitan utilizar obras protegidas por derechos de autor para entrenar modelos de inteligencia artificial bajo principios similares al denominado “uso justo”.
¿Por qué la IA necesita esas obras?
Para aprender a escribir, generar imágenes o responder preguntas, los modelos de inteligencia artificial procesan enormes cantidades de información. Dentro de esos datos pueden encontrarse libros, artículos periodísticos, fotografías, ilustraciones, música y otros contenidos creados por personas.
Y ahí comienza el problema: ¿deberían las empresas pedir autorización o pagar por utilizar esas obras?
Autores, medios y editoriales sostienen que su trabajo ha sido utilizado sin permiso ni compensación. Varias de las principales empresas de inteligencia artificial enfrentan demandas precisamente por esta discusión.
Las compañías tecnológicas defienden otra postura. Argumentan que la IA no simplemente copia esas obras, sino que las utiliza para aprender patrones y producir nuevos resultados, por lo que determinados usos podrían estar amparados por las reglas de “uso justo”.
El G20 todavía no ha dado luz verde
Hay una diferencia importante: el G20 no decidió permitir el uso libre de obras protegidas para entrenar inteligencia artificial.
Lo que existe es una propuesta de Estados Unidos. Los países sí acordaron continuar trabajando sobre inteligencia artificial y propiedad intelectual, pero todavía queda por resolver hasta dónde podrán llegar las empresas y qué protección tendrán los creadores.
La discusión también llegó este miércoles a los tribunales estadounidenses. El Gobierno de ese país respaldó la postura de OpenAI dentro de su disputa legal con The New York Times y otros medios, al considerar que el entrenamiento de modelos puede, en determinadas circunstancias, estar protegido por el “uso justo”. Será la justicia la que tenga la última palabra en ese caso.
Entre gobiernos, empresas y creadores queda entonces una discusión que probablemente acompañará el crecimiento de la IA durante los próximos años: quién decide cómo puede utilizarse una obra y qué recibe su autor cuando una máquina aprende de ella.


