Ad image

Trampa mortal en una cita digital 

July Ruiz
4 Min Read
Una supuesta reunión romántica en el norte de Quito derivó en un secuestro exprés, robo masivo y un intento de asesinato mediante sustancias químicas.

Abigaíl Cadena / Notimercio

Una supuesta reunión romántica en el norte de Quito derivó en un secuestro exprés, robo masivo y un intento de asesinato mediante sustancias químicas. 

David F. conoció a una mujer por medio de una plataforma digital. Ambos hablaron durante una semana. Ella insistió mucho en concretar un encuentro inmediato bajo la excusa de un viaje próximo. El joven aceptó la propuesta. El lugar elegido fue un concurrido establecimiento ubicado en la avenida De los Shyris. David llegó puntual a las ocho de la noche al sitio acordado. La primera alerta surgió al instante: la mujer acudió acompañada por dos amigas. La cita dejó de ser exclusiva.

El grupo pidió alimentos y una tabla de tragos cortos. David se ausentó un momento rumbo al baño. Al regresar, la ronda de bebidas ya estaba lista en la mesa. Todos consumieron el contenido.

Minutos después, la mente del joven se apagó por completo.

La escopolamina ingresó a su organismo y anuló su voluntad. El grupo abandonó el local entre las diez y las once de la noche. Las mujeres lo subieron a un vehículo en compañía de sujetos extraños. En el interior del automotor comenzaron las agresiones físicas y el robo sistemático. Las delincuentes exigieron las claves bancarias de manera insistente. El afectado obedeció cada mandato debido al efecto químico. Las cuentas personales y los fondos familiares del negocio sufrieron transferencias inmediatas por un monto superior a cinco mil dólares. Los delincuentes intentaron comprar computadoras portátiles de alta gama mediante tarjetas vinculadas, pero un aviso oportuno al teléfono del hermano frenó esa transacción. El teléfono celular y el reloj inteligente desaparecieron junto con el dinero.

La pesadilla continuó durante horas en las calles oscuras del sur de Quito. David apareció abandonado cerca del sector de La Gatazo. El joven deambuló y gateó por todo el sector durante la madrugada intentando buscar ayuda. Nadie prestó auxilio. Los transeúntes confundieron su evidente debilidad y aspecto descuidado con una borrachera común. A las tres y media de la mañana, el afectado logró abordar un taxi gracias a un último destello de lucidez y llegó a su domicilio con la ayuda del conductor.

El amanecer quebró la frágil resistencia del cuerpo. David vomitaba sin descanso y la fuerza abandonó sus extremidades. Las palabras sobre el horror vivido quedaron atrapadas en una garganta seca, mientras su boca trataba de decir que le robaron. El diagnóstico confirmó una intoxicación severa por escopolamina con una dosis letal potencial que pudo causar convulsiones o la muerte.

La denuncia legal posterior no arrojó resultados positivos porque el perfil de la aplicación desapareció sin dejar rastro.

Las cifras materiales se reconstruyen con el tiempo, pero la cicatriz invisible permanece intacta y la advertencia queda abierta para toda la ciudadanía: las prisas excesivas y la presión por concretar encuentros rápidos esconden riesgos letales. La confianza ciega en entornos digitales expone la vida propia ante bandas delictivas organizadas.

Share This Article
No hay comentarios