La biodiversidad y calidad del agua del río

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Foto: Estuardo Vera. La pérdida de la biodiversidad del río y de la mala calidad del agua hace imposible que los habitantes puedan utilizar el agua.

Blanca Ríos / Para Notimercio

La primera vez que hice una visita técnica al Machángara fue una experiencia que no voy a olvidar en mi vida. Había estado estudiando varios años ríos en la cordillera oriental y en el valle interandino.

Me había enamorado de los habitantes minúsculos que habitan en las aguas cristalinas de los Andes. Después de haber aprendido y visto en profundidad lo que son y significan los ríos andinos, sentí una angustia y una tristeza tremendas al ver lo que le hemos hecho los quiteños al río Machángara: ahora es solo una alcantarilla de una ciudad enorme, a 2800 metros sobre el nivel del mar.

A diferencia de los ríos que he estado acostumbrada a estudiar, al río Machángara de Quito tuve que ir con equipo de protección, mascarilla, guantes, botas y un traje impermeable. ¿Cómo era posible esto? El fuerte y desagradable olor que emanaba de las aguas putrefactas atravesaba la protección que lo llevaba. Me conmoví inmensamente: la espuma y la turbidez del agua no dejan ver el fondo pedregoso del río, lo cual es absurdo: hasta los ríos más pequeños permiten que se pueda divisar esa transparencia.

La ribera tiene el largo y agobiante rastro de la basura que va arrastrando el río cuando crece. El maravilloso cauce que alguna vez fue inspiración de grandes poetas quiteños, el hogar de patos torrenteros, de las preñadillas, de los mamíferos acuáticos y de las plantas endémicas hoy es una cloaca a cielo abierto. Toda la contaminación orgánica e inorgánica que ahora tiene el río provoca procesos de descomposición masivos, reduce sensiblemente los niveles de oxígeno disponible y hace que las condiciones de vida sean inhabitables para los organismos acuáticos que alguna vez habitaron el río.

Los insectos acuáticos, mi grupo predilecto, pierden el 90 % de sus familias al salir del corazón de la ciudad, en el puente de Guápulo. Los coliformes fecales superan toda normativa vigente y se comparan solo con aquellos de la alcantarilla de París, un área metropolitana con cuatro veces más habitantes que la nuestra, justo antes de entrar a la planta de tratamiento de aguas residuales de dicha ciudad.

De hecho, en las aguas del Machángara hemos encontrado al menos 26 especies virales que afectan a los humanos, además de los contaminantes biológicos, como bacterias y virus, grasas y aceites, tensoactivos, metales pesados, fármacos… Son solo algunos de los contaminantes que corren por el río, superan toda normativa y van directo al resto de la cuenca del río Esmeraldas.

La ciudad de Quito, autoridades y ciudadanos, somos responsables de la pérdida de la biodiversidad del río y de la mala calidad de su agua, lo que hace imposible para los habitantes de abajo de la cuenca utilizarla para riego, recreación o cualquier otro uso y aniquilan la biodiversidad única que habita y depende de los ríos.

El agua del Machángara es el reflejo del territorio y el trato que le damos los quiteños a nuestra columna vertebral. Sueño con el día en que vuelva la maravillosa biodiversidad que alguna vez habitó el río en el que los vecinos de la ciudad nos podamos bañar en sus aguas cristalinas y que sea un ejemplo de cómo se puede cambiar la historia.

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