¿No tan buenos anfitriones? Las sombras que acompañan al Mundial 2026

Doménica Granja
16 Min Read

El otro lado de la fiesta mundialista

El Mundial 2026 todavía se juega, pero fuera de la cancha ya acumula varios episodios incómodos. Mientras la FIFA promociona la Copa como una fiesta global del fútbol, selecciones, árbitros, periodistas e hinchas enfrentan restricciones migratorias, controles cuestionados, retrasos de visado, traslados complejos, acceso limitado a entradas, hostigamientos y agresiones alrededor de algunos partidos.

La Copa que se disputa en Estados Unidos, México y Canadá se presenta como la más grande de la historia, con 48 selecciones y tres países anfitriones. Sin embargo, el desarrollo del torneo también abre una pregunta incómoda: ¿qué tan hospitalario puede ser un Mundial cuando algunos protagonistas tienen dificultades para entrar, moverse, descansar, cubrir un partido o acompañar a su selección?

No se trata de una sola denuncia ni de responsabilizar por igual a todos los países anfitriones. Los casos tienen causas distintas: políticas migratorias de Estados Unidos, protocolos de seguridad, decisiones de FIFA, logística de sedes, distribución de entradas, comportamiento de hinchadas y gestión de multitudes. Pero juntos empiezan a dibujar una misma idea: la anfitrionía del Mundial 2026 también tiene sombras.

Irán y un Mundial entre fronteras

Uno de los casos más visibles es el de Irán. Su capitán, Mehdi Taremi, criticó públicamente las condiciones logísticas que enfrenta su selección durante el torneo y sugirió que el equipo no se siente bienvenido en Estados Unidos. El delantero habló de traslados complejos desde la base iraní en Tijuana, México, y calificó la organización como un “desastre” logístico.

La situación de Irán se explica por las tensiones políticas y las restricciones de ingreso a territorio estadounidense. Reuters reportó que el equipo tuvo que instalarse en México y entrar a Estados Unidos poco antes de sus partidos. Incluso cuando se flexibilizaron parcialmente algunas condiciones, el equipo siguió enfrentando obstáculos logísticos que pusieron sobre la mesa una pregunta deportiva: si todas las selecciones compiten realmente bajo condiciones similares.

El caso iraní muestra cómo la política internacional también se mete en el calendario, los viajes y la preparación de una selección. En un Mundial que busca vender una imagen global e inclusiva, las fronteras también se convierten en parte del partido.

Irak: interrogatorios y un fotógrafo que no pudo entrar

Irak también aparece entre las selecciones afectadas por controles migratorios. Reuters reportó que el delantero Aymen Hussein fue retenido e interrogado durante casi siete horas en el aeropuerto O’Hare de Chicago, antes de que finalmente se le permitiera ingresar a Estados Unidos.

El caso no terminó ahí. Según el mismo reporte, el fotógrafo de la delegación iraquí, Talal Salah, fue interrogado durante más de diez horas y no pudo entrar al país. El episodio generó inquietud porque no se trataba de un turista común, sino de personal vinculado a una delegación mundialista.

En un torneo de esta escala, cada hora cuenta. Los controles migratorios forman parte de la seguridad de cualquier país anfitrión, pero cuando impactan en jugadores, cuerpos técnicos o equipos acreditados, el debate deja de ser únicamente administrativo y toca la equidad del evento.

El árbitro que fue designado, pero no pudo participar

El caso de Omar Abdulkadir Artan expone otra cara del problema. El árbitro somalí fue seleccionado para participar en el Mundial 2026, pero quedó fuera del torneo luego de que Estados Unidos le negara el ingreso. Reuters reportó que la decisión se tomó por razones de seguridad señaladas por autoridades estadounidenses, mientras FIFA decidió pagarle la tarifa completa pese a que no pudiera dirigir.

El hecho no cambia lo central: un árbitro designado para un Mundial no pudo ejercer por una decisión migratoria del país anfitrión. FIFA puede separar su responsabilidad de las decisiones estatales, pero para la imagen del torneo el impacto es evidente: si un protagonista autorizado por la organización no logra ingresar al país donde se juega la Copa, la promesa de un Mundial abierto al mundo queda bajo presión.

Hinchas que tampoco logran llegar

El problema no afecta únicamente a selecciones o árbitros. También alcanza a los hinchas. Factchequeado explicó que las políticas migratorias de Estados Unidos han provocado visas negadas, revocadas o controles adicionales para personas vinculadas al Mundial, entre ellas jugadores, árbitros e hinchas. El mismo análisis menciona casos relacionados con selecciones como Haití, Irán, Costa de Marfil y Senegal.

Reuters también reportó el caso de hinchas senegaleses que no pudieron viajar a Estados Unidos por problemas de visado. Ante esa ausencia, migrantes y seguidores internacionales terminaron ocupando parte del espacio simbólico de apoyo a Senegal en las gradas.

La Copa se vende como una fiesta de selecciones, culturas y aficiones, pero estos casos muestran que no todos los hinchas tienen las mismas posibilidades de estar presentes. Para algunos, el Mundial no se decide en una boletería ni en un estadio, sino en una entrevista consular, un aeropuerto o una restricción de entrada.

Sudáfrica y una salida marcada por visados pendientes

Sudáfrica también enfrenta problemas en su ruta mundialista. La salida de Bafana Bafana se retrasó porque parte de la delegación no había recibido sus visas a tiempo. La Asociación Sudafricana de Fútbol reconoció desafíos relacionados con los permisos, mientras el ministro de Deportes, Gayton McKenzie, calificó la situación como un “debacle” vergonzoso e injusto para futbolistas y cuerpo técnico.

El caso sudafricano refleja otro punto sensible: una selección puede preparar durante años su regreso al Mundial, pero su planificación puede alterarse por trámites que, en teoría, deberían estar resueltos antes del viaje. En un torneo donde la recuperación, el entrenamiento y la aclimatación pesan, los retrasos también tienen impacto competitivo.

Senegal: el video que abrió un debate

Senegal también quedó envuelto en una polémica antes del Mundial. Videos difundidos en redes sociales mostraron a jugadores siendo revisados por personal de seguridad en una pista de aeropuerto, lo que provocó acusaciones de trato discriminatorio.

La Federación Senegalesa explicó después que el control no ocurrió a la llegada del equipo, sino durante el embarque en Raleigh, Carolina del Norte, como parte de una logística especial para abordar un vuelo privado directamente desde la pista. Según la federación, el procedimiento cumplió con normas de seguridad y buscaba agilizar el traslado de la delegación.

Aun con esa aclaración, el episodio deja una señal importante: en un Mundial atravesado por restricciones migratorias, controles reforzados y tensiones políticas, cualquier imagen de trato diferenciado puede convertirse rápidamente en símbolo de discriminación o desigualdad.

Ecuador: entradas limitadas, minoría en el Azteca y reclamos antes del partido

El caso Ecuador-México concentra varias de las tensiones que acompañan al Mundial 2026 fuera de la cancha. Antes del partido de dieciseisavos de final, la presencia de hinchas ecuatorianos en el Estadio Azteca ya era tema de polémica por la limitada disponibilidad de entradas. Ecuavisa reportó que, a poco más de 48 horas del encuentro, la Federación Ecuatoriana de Fútbol no podía acceder a los boletos que debían ser liberados para sus aficionados y realizó gestiones ante la Federación Mexicana de Fútbol. Según ese reporte, Ecuador contaría con alrededor de 500 entradas, mientras la prensa mexicana señalaba que el escenario tendría cerca de 98% de afición local.

La polémica también fue abordada por el presidente de la FEF, Francisco Egas. MedioTiempo recogió que el dirigente descartó responsabilidad directa de la Federación Mexicana y apuntó a la distribución de FIFA. Según esa versión, cada federación recibe entre el 6% y el 8% del aforo, aunque ese porcentaje no queda bajo control absoluto de las asociaciones nacionales. Egas explicó además que en enero se entregaron códigos a hinchas ecuatorianos para comprar boletos de fase de grupos y posibles rondas eliminatorias, pero quienes esperaron a que Ecuador clasificara a dieciseisavos terminaron con menos opciones de compra.

Es decir, no se puede afirmar simplemente que a los ecuatorianos “no les vendieron entradas” como una decisión aislada de México. Lo sustentado es que hubo una disponibilidad reducida, una distribución cuestionada, gestiones de última hora y una presencia ecuatoriana muy pequeña frente a una mayoría local abrumadora.

Hostigamiento a la Tri y trato a la afición ecuatoriana

La tensión siguió en la previa. La FEF denunció “acciones antideportivas” después de que hinchas mexicanos se concentraran en los exteriores del hotel de concentración de Ecuador. La Federación presentó un reclamo ante la organización del torneo por hechos que consideró contrarios al juego limpio y a la equidad competitiva.

El reclamo no cambia lo ocurrido en la cancha, donde México venció 2-0 y eliminó a Ecuador. Pero sí suma una pregunta sobre las garantías de descanso y seguridad para una selección visitante en territorio de uno de los países anfitriones.

Dentro y fuera del estadio, los incidentes continuaron. La Hora reportó agresiones a hinchas ecuatorianos y peleas entre aficionados durante los festejos posteriores al México vs. Ecuador. Según ese medio, algunos hinchas tricolores denunciaron maltrato, lanzamiento de objetos y situaciones de tensión en un entorno ampliamente dominado por la afición local.

El episodio muestra que la anfitrionía no se mide únicamente por estadios llenos o por la pasión de una hinchada. También se mide por la forma en que se protege a las selecciones visitantes y a sus aficionados, sobre todo cuando llegan en clara minoría a un escenario dominado casi por completo por la hinchada local.

Periodistas ecuatorianos también fueron agredidos

La prensa ecuatoriana también fue afectada tras el México vs. Ecuador. El Universo reportó que un equipo periodístico de Teleamazonas fue agredido por hinchas mexicanos mientras realizaba una transmisión en vivo en el pospartido, en las inmediaciones del Estadio Azteca.

Vistazo detalló que el periodista José Carlos Crespo recibió el impacto de un vaso de plástico y que los comunicadores denunciaron falta de intervención de la seguridad del estadio. El ataque ocurrió mientras el equipo cubría la eliminación de Ecuador y las reacciones posteriores al encuentro.

En un Mundial, el trabajo periodístico también forma parte del evento. Si cubrir un partido implica exponerse a agresiones en vivo, la pregunta sobre seguridad no se limita a jugadores e hinchas: también alcanza a quienes informan desde el lugar de los hechos.

México celebra, pero también enfrenta señales de desborde

México vive uno de los momentos más importantes de su historia reciente en los Mundiales. La selección mexicana venció 2-0 a Ecuador y consiguió su primera victoria en una fase eliminatoria mundialista desde 1986. Reuters reportó que los goles de Julián Quiñones y Raúl Jiménez llevaron al equipo local a octavos de final, en una noche de enorme carga simbólica para el fútbol mexicano.

Pero la celebración también deja señales de alerta. Reuters reportó que cuatro personas murieron durante los festejos en Ciudad de México tras la victoria mexicana: tres por asfixia en medio de aglomeraciones y una cuarta por paro cardiorrespiratorio luego de una emergencia médica.

La tragedia no borra la alegría deportiva de México, pero sí muestra los riesgos de un torneo que mueve multitudes gigantescas. La organización de un Mundial no termina cuando el árbitro pita el final; también se juega en la gestión de fan zones, celebraciones, seguridad, movilidad y control de aglomeraciones.

Una anfitrionía bajo examen

El Mundial 2026 sigue en marcha y todavía puede entregar grandes partidos, historias memorables y momentos de unión. Sin embargo, mientras la pelota rueda, también se acumulan episodios que obligan a mirar más allá del marcador.

Irán denuncia problemas logísticos y restricciones; Irak enfrenta interrogatorios y personal que no logra entrar; un árbitro somalí designado por FIFA queda fuera por una decisión migratoria; hinchas de varios países chocan con barreras de visado; Sudáfrica sufre retrasos antes de viajar; Senegal vive una polémica por controles de seguridad; y Ecuador suma otro frente: entradas limitadas para su afición, hostigamiento en la previa, hinchas maltratados y periodistas agredidos tras el partido ante México.

No todos los casos tienen la misma causa ni la misma gravedad. Tampoco se puede atribuir todo a un solo país o a una sola autoridad. Pero juntos muestran que la Copa más grande de la historia también viene acompañada de preguntas profundas sobre hospitalidad, seguridad, igualdad de condiciones y trato a quienes llegan desde distintas partes del mundo.

El fútbol se juega en la cancha, pero un Mundial también se mide por la forma en que recibe, protege y acompaña a selecciones, árbitros, periodistas e hinchas. Y en ese terreno, la anfitrionía del 2026 todavía tiene mucho que demostrar.

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