Calabazas, chocolate y recetas que se disfrazan de monstruos convierten la cocina en parte de la celebración. En Ecuador, los ingredientes locales también pueden sumarse a esta fiesta de imaginación y sabor.
July Ruiz / Notimercio
Hay noches en las que una galleta deja de ser una galleta: le aparecen ojos de chocolate, una sonrisa torcida y hasta nombre propio. Halloween, que se celebra cada 31 de octubre, invita a jugar con la comida y transformar preparaciones conocidas en pequeños personajes. No hace falta una mesa de película: unas mandarinas convertidas en calabazas o una pizza con fantasmas de queso pueden ser suficientes para despertar la curiosidad y reunir a la familia alrededor de la cocina.
La relación entre estas celebraciones y los alimentos tiene una historia larga. English Heritage documenta la costumbre de entregar soul cakes, pequeños productos horneados vinculados a las conmemoraciones de los difuntos en Inglaterra. Estas prácticas forman parte de los antecedentes de las visitas de casa en casa que, con el tiempo, dieron paso a otras formas de celebrar Halloween.
La calabaza también se come
Además de decorar la entrada de una casa, la calabaza puede protagonizar el menú. Su pulpa permite preparar cremas, panes, bizcochos y rellenos dulces. Para una mesa con sabor ecuatoriano, una opción es utilizar zapallo en un pastel casero con canela o servir una crema en pequeños cuencos, decorada con una espiral de yogur natural que recuerde una telaraña.
La clave está en cuidar el sabor tanto como la apariencia. Un postre no necesita quedar cubierto de azúcar para resultar divertido: el contraste entre una masa suave, una cobertura de chocolate y una fruta ligeramente ácida puede hacerlo más interesante.
Chocolate, frutas y un poco de imaginación
Para quienes prefieren recetas sencillas, unas fresas bañadas en chocolate blanco pueden transformarse en fantasmas con dos puntos de chocolate oscuro. Las galletas redondas admiten telarañas dibujadas con glaseado; los brownies, cortados en rectángulos, pueden convertirse en pequeñas tumbas con una galleta como lápida.
También hay espacio para propuestas saladas. Una aceituna negra partida permite formar una araña sobre un huevo relleno, mientras que tiras de masa alrededor de un relleno bien cocido crean pequeñas “momias”. Son ideas para preparar en casa, adaptando ingredientes y cantidades al gusto de los invitados.
Un toque local, con identidad propia
En Ecuador, esta fecha coincide con los días de preparación de la colada morada y las guaguas de pan, vinculadas al Día de los Difuntos. Su significado pertenece a una tradición propia de memoria y encuentro familiar. El Ministerio de Turismo destaca esa combinación de costumbres, sabores e historias en una bebida elaborada con frutas, especias y harina de maíz.
Para un menú de Halloween, la mora, el mortiño o el chocolate pueden inspirar creaciones diferentes: una salsa de frutos sobre un cheesecake, un mousse en vasos pequeños o unas galletas de cacao decoradas. La propuesta es explorar sus colores y sabores sin perder de vista el origen de las preparaciones tradicionales.
Entre cucharas manchadas de chocolate y figuras que no siempre salen perfectas, cocinar también puede ser el mejor momento de la fiesta. Porque una mesa de Halloween se disfruta primero con los ojos, pero se recuerda por el sabor y por quienes se sentaron a compartirla.


