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Los mayores de 60 años superarán a los menores de 15 al 2030, en la región

July Ruiz
7 Min Read
El enfoque “inmunofitness” promueve hábitos de vida para mejorar la respuesta inmune del organismo y retrasar su deterioro conforme envejecemos.

Ecuador atraviesa una transformación demográfica significativa. Según las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), la población del país llegará a 21,1 millones de habitantes en 2050, mientras que la población de adultos mayores se triplicará. Para entonces, habrá 125 personas mayores de 60 años por cada 100 menores de 15 años, un cambio en la estructura demográfica que plantea importantes desafíos y oportunidades para el desarrollo del país.

Este fenómeno plantea desafíos para la salud. Uno de ellos es la inmunosenescencia, proceso mediante el cual el sistema inmunitario experimenta cambios a raíz del paso de los años, afectando la inmunidad innata; es decir, las defensas con las que nace una persona, y la adaptativa o adquirida, que son las defensas desarrolladas por el cuerpo a lo largo de la vida mediante la exposición a distintos microorganismos y también por la vacunación.

Estos cambios pueden generar una disminución de la resistencia de los adultos mayores a infecciones, una menor inmunidad a las vacunas, más presencia de inflamación leve en el organismo, así como una mayor incidencia de cáncer y de enfermedades autoinmunes.

Si bien la inmunosenescencia forma parte del proceso natural de envejecimiento, existen estrategias que pueden ayudar a mitigar sus efectos. Entre las estrategias recomendadas para hacerle frente destacan la adopción de hábitos saludablesy la vacunación; esta última necesaria en todas las etapas de la vida, incluso en la adultez y en edades avanzadas cuando los cambios asociados al envejecimiento pueden afectar progresivamente el funcionamiento del sistema inmunitario.

Específicamente, la protección de algunas vacunas puede disminuir con el transcurso del tiempo y es por eso que, en ocasiones, se recomienda la aplicación de dosis adicionales o de refuerzo en los adultos, con el fin de reducir el riesgo de enfermedad y mantener la resiliencia inmunológica.

“La vacunación es una de las estrategias más exitosas en salud pública no solo para prevenir enfermedades graves, sino también para reducir el riesgo de complicaciones en los adultos mayores, como el deterioro funcional, la hospitalización y la descompensación de enfermedades crónicas” , comenta el Dr. Sebastian Ospina, gerente médico de Vacunas para el Clúster Norte de Latinoamérica en Pfizer. “Más allá de su impacto en la salud individual, la vacunación contribuye a disminuir la carga de las enfermedades infecciosas sobre los sistemas sanitarios, permite destinar recursos a la atención de otras necesidades y favorece tanto el crecimiento económico como el desarrollo de una sociedad más saludable y resiliente”.

Cabe destacar que las vacunas no revierten el envejecimiento biológico del sistema inmunitario, pero sí pueden mitigar sus consecuencias funcionales. Actúan reforzando la memoria inmunológica adaptativa y optimizando la activación de la inmunidad innata.

La inmunosenescencia y las infecciones respiratorias

La inmunosenescencia desempeña un rol importante en el desarrollo de ciertas enfermedades respiratorias durante la vejez, como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), el asma y las infecciones respiratorias en general.

Para el doctor Enrique Terán, docente e investigador en farmacología de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ), “A medida que envejecemos, el sistema inmunológico pasa por cambios estructurales y funcionales, un proceso conocido como inmunosenescencia. Esto hace que los adultos mayores sean especialmente vulnerables a las infecciones respiratorias y refuerza la importancia de la vacunación como medida de prevención

El virus de la influenza, el SARS-CoV-2 (causante del COVID-19) y el virus respiratorio sincitial son causas de morbilidad y potencial mortalidad entre los adultos mayores. Su impacto puede variar desde una enfermedad leve o una infección asintomática hasta un cuadro grave, que implique dificultad respiratoria e inclusive, la muerte. También, pueden conllevar a complicaciones pulmonares o cardiovasculares, un agravamiento de enfermedades crónicas existentes, una reducción de la esperanza de vida y una carga financiera importante, tanto para el sistema de salud como la sociedad.

La neumonía es otra de las consecuencias que puede surgir por el contagio con estos microorganismos, así como por la bacteria del neumococo (enfermedad neumocócica). Se estima que, a nivel mundial, esta infección respiratoria cobra la vida de una persona de 70 años o más cada 29 segundos, principalmente en entornos de bajos recursos económicos con atención médica limitada. Además, la incidencia de neumonías bacterianas en personas mayores de 65 años triplica la de la población joven.

Inmunofitness para un envejecimiento saludable

El reto es vivir la mayor cantidad de años posible de una manera saludable.2 Para ello es necesario aplicar una serie de acciones a lo largo de toda la vida, que contribuyan a mejorar la respuesta inmunitaria8 y ralenticen su deterioro asociado con el envejecimiento.

A ese enfoque se le conoce como “inmunofitness» y contempla la adopción de los siguientes hábitos, además de mantener el esquema de vacunación al día según recomendación médica:

  • Practicar ejercicio: ya que ayuda areforzar el sistema inmunológico.
  • Ingerir alimentos saludables: una buena nutrición mantiene el sistema inmune fuerte.
  • Evitar el consumo de productos de tabaco.
  • Eliminar el consumo de alcohol.
  • Controlar los niveles de estrés, mejorando la salud mental.
  • Considerar medidas de seguridad para evitar caídas y lesiones: un sistema inmune débil puede demorar la recuperación.

Adicionalmente, se recomienda fomentar entornos favorables para los adultos mayores, así como servicios de salud integrados y centrados en la persona, principalmente mediante la atención primaria.

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