Ricardo Buitrón/ Para Notimercio
Para resolver la contaminación del río Machángara, el Municipio debe tomar decisiones fundamentales: cambiar su estructura orgánica funcional y escuchar a quienes propone soluciones técnicas ya aplicadas en otros ámbitos de la ciudad.
El problema central de la gestión municipal de Quito (DMQ) es que no son obras integrales. Las administraciones zonales construyen infraestructura pública mediante presupuestos participativos y son obras puntuales, pero se olvidan de incorporar la normativa urbana, los planes manejo, las consultorías, etcétera.
La pregunta es: ¿no tienen el conocimiento o los recursos necesarios o les hace falta la voluntad política para hacerlo? Algunas de las normas existentes, olvidadas por la administración, tienen relación con la descontaminación y restauración de ríos: son las ordenanzas de plásticos de un solo uso, de arbolado urbano, de Infraestructura Verde – Azul.
Como ciudadanos, representantes en la silla vacía, elaboramos gran parte de estas ordenanzas, como la ordenanza de Infraestructura Verde-Azul, que fue el resultado de la sentencia del río Monjas, la cual estableció, entre otras medidas importantes para el manejo de las quebradas y ríos en el DMQ, la conformación de la entidad ejecutora distrital de ríos y quebradas. Esto se lo ha hecho, pero a medias.
Y las cosas no hay que hacerlas así. La Secretaria de Ambiente del Municipio montó la Unidad de Microcuencas, pero sin el presupuesto ni el personal necesario. Para colmo, tampoco es una unidad ejecutora ni cumple el rol de coordinación de las obras que se requiere para la gestión de los sistemas hídrico e hidrológico.
El presupuesto ambiental en el Distrito lo demuestra. Continúa siendo marginal y, para colmo, se lo acaba de reducir, a contracorriente de lo que se hace en las ciudades alrededor del mundo, en donde se le da la importancia que tiene el cuidado de los sistemas hídricos, de las áreas de protección ecológica, de los corredores verde urbanos, del manejo de la escorrentía y de las soluciones basadas en la naturaleza para enfrentar el cambio climático y mejorar la calidad de vida de la gente.
La ciudadanía lleva la delantera en propuestas probadas, no solo por la preocupación sobre la contaminación y la afectación como víctimas del mal manejo de los sistemas hídrico e hidrológico. Han sido clave las demandas ciudadanas que hemos interpuesto para que la institucionalidad municipal asuma su responsabilidad, sobre todo por las iniciativas que implementamos como limpieza de ríos, corredores verde urbanos, asilvestramiento de espacios públicos, jardines de lluvia, tratamiento de aguas residuales con humedales y vermifiltros, clasificación y recuperación de residuos orgánicos y reciclables, recuperación de envases de un solo uso por vajilla reusable en patios de comida, compostaje, reciclaje por los miles de recicladoras urbanas.
Son iniciativas que tienen un apoyo marginal de la política municipal y hay que valorarlas como modelos exitosos a implementar. Aquí radica el inicio de la recuperación y descontaminación en serio del río Machángara.





