Un especial de la revista Science reúne investigaciones sobre dolor crónico, menopausia y biología femenina. La publicación evidencia cuánto falta por comprender después de décadas de estudios centrados principalmente en los hombres.
July Ruiz / Notimercio
Dolor que interrumpe el trabajo, cambios que alteran el descanso o síntomas que terminan atribuidos simplemente a “las hormonas”. Comprender qué ocurre en el cuerpo de las mujeres sigue planteando preguntas que la investigación médica no ha respondido suficientemente.
El 1 de octubre de 2026, la revista Science publicó un especial sobre salud de las mujeres a lo largo de la vida, acompañado de la introducción A Lifelong Focus on Women’s Health. Su planteamiento reconoce una deuda: históricamente, numerosos estudios se realizaron con participantes masculinos y sus resultados se asumieron como aplicables a las mujeres.
La publicación da visibilidad a un campo con una larga trayectoria de investigación. Sin embargo, las fuentes consultadas no permiten confirmar que sea el primer número de toda la historia de Science dedicado a este tema ni que todo su contenido sea exclusivamente sobre salud femenina. Lo comprobado es la existencia del especial, que aborda preguntas sobre distintas etapas de la vida.
Una deuda que empezó a corregirse hace décadas
La incorporación de las mujeres a la investigación tiene antecedentes importantes. En Estados Unidos, los Institutos Nacionales de Salud (NIH) establecieron una política de inclusión en 1986. En 1993, una ley reforzó la participación de mujeres y minorías en la investigación clínica financiada por esa institución.
Según la Oficina de Investigación sobre la Salud de la Mujer de los NIH, actualmente las mujeres representan aproximadamente la mitad de sus participantes en investigación clínica. Aun así, muchos estudios preclínicos continúan utilizando principalmente animales machos o no informan el sexo de los animales estudiados. Esa cifra corresponde a investigaciones apoyadas por los NIH y no representa a todos los ensayos del mundo.
El desafío también está en el diseño: incluir mujeres permite avanzar, pero es necesario analizar cómo influyen las diferencias biológicas en los resultados y en las respuestas a las intervenciones.
El dolor femenino necesita más respuestas

Una de las revisiones de Science señala que los trastornos de dolor funcional —en los que el dolor no se explica suficientemente por una lesión o enfermedad identificable— afectan a las mujeres en una proporción aproximada de dos por cada hombre.
El trabajo examina mecanismos relacionados con las fluctuaciones de las hormonas ováricas y reconoce que todavía existen lagunas importantes para comprender estas diferencias. Se trata de investigar qué produce el dolor y cómo abordarlo, evitando reducirlo a una supuesta sensibilidad excesiva.
La endometriosis muestra las consecuencias de esas dificultades. Según la Organización Mundial de la Salud, afecta aproximadamente al 10% de las mujeres en edad reproductiva, unos 190 millones en el mundo. El tiempo hasta el diagnóstico puede situarse, en promedio, entre cuatro y doce años.
La OMS advierte que normalizar o minimizar el dolor menstrual agrava el impacto de la enfermedad, que puede afectar el trabajo, los estudios, las relaciones sexuales y el bienestar emocional.
La menopausia también merece investigación

Otro artículo del especial propone estudiar la menopausia como una etapa relevante para el envejecimiento saludable y el seguimiento de la salud física y mental.
La revisión recoge un dato sobre la inversión: los análisis citados estiman que apenas el 0,2% de la inversión federal en investigación sanitaria estudiada durante 15 años en Norteamérica se destinó a preguntas relacionadas con la menopausia. El porcentaje corresponde a ese ámbito y período; no debe interpretarse como una cifra mundial.
Una perspectiva adicional explora el papel de los ovarios después de la menopausia. Estos mantienen actividad hormonal, y los investigadores examinan cómo podrían seguir influyendo en la inflamación y el envejecimiento tras terminar su función reproductiva.
El especial vuelve visible una necesidad concreta: producir evidencia que permita comprender mejor los síntomas, las enfermedades y los cambios que atraviesan las mujeres durante toda su vida. Para las pacientes, ese avance importa cuando se traduce en consultas que escuchan, diagnósticos oportunos y decisiones de atención mejor fundamentadas.


