Herramientas como Viggle permiten combinar una imagen con un video de referencia para crear animaciones. La tecnología amplía las posibilidades creativas y también plantea preguntas sobre el uso de la imagen de otras personas.
Un personaje dibujado que baila como una persona real o una fotografía que parece cobrar vida: detrás de estos videos que circulan en redes sociales está la transferencia de movimiento mediante inteligencia artificial, también conocida como motion transfer. Teleamazonas abordó esta tendencia en una publicación del 18 de octubre.
La idea consiste en utilizar una actuación como referencia para animar otro personaje. Por ejemplo, la función Mix de Viggle combina una fotografía con un video o una plantilla de movimiento para generar un nuevo clip.
Una imagen y un movimiento de referencia
En este tipo de herramientas, el usuario aporta dos elementos: la apariencia del personaje y la acción que desea reproducir. El sistema genera una animación que relaciona ambos.
Viggle describe entre sus funciones la combinación de personajes con actuaciones de referencia y la sustitución del protagonista de un video. También ofrece herramientas para trabajar con personajes y movimiento en entornos tridimensionales.
El resultado es contenido generado: no constituye una grabación de la persona o del personaje realizando realmente esa acción.
También se pueden trasladar gestos y expresiones
Las aplicaciones van más allá del baile. Runway ofrece Act-Two, una herramienta de captura de actuaciones que recibe un video de referencia y una imagen o un video del personaje. Su interfaz permite trabajar con voz, gestos y expresiones faciales en actuaciones de hasta 30 segundos.
Estas posibilidades abren espacio para experimentar con personajes, piezas de entretenimiento y propuestas audiovisuales.
El límite entre la creatividad y la confusión
La misma capacidad de modificar una actuación puede utilizarse para atribuir a alguien acciones que nunca realizó. El reporte de Teleamazonas señala entre los riesgos la creación de contenido manipulado y la suplantación de identidad sin consentimiento.
Para los creadores, identificar las animaciones como contenido generado y contar con autorización para utilizar imágenes ajenas ayuda a ofrecer contexto al público. Para quienes las reciben, una apariencia convincente merece verificación antes de compartir el video como si fuera un hecho real.


