Reportaje y cobertura en territorio: Ana Minga.
Fotos: CB1 Orlando Barbero.
Actualmente las fuerzas del orden en nuestro país se enfrentan al crimen organizado tansnacional, pero en otro frente, hay oficiales que se entrenan para la paz. Son los llamados cascos azules o peacekeepers quienes tras capacitarse en Ecuador viajaran a otras zonas del mundo donde el conflicto armado pone en riesgo la vida de miles de seres humanos.
Cuando se habla de un soldado de paz, quizás algunas personas imaginan a un oficial que cumple tareas menores en las zonas de conflicto, existe el imaginario que, en esos lugares, los “verdaderos soldados” son quienes combaten. Pero esa idea está lejos de la realidad. Los peacekeepers son los soldados mejor preparados, conocen la crueldad de las guerras y las consecuencias de la violencia. Están preparados para disparar, pero antes, hacen algo más difícil: salvan la vida de quien más lo necesita.
“En África Central para muchos niños la infancia nunca llegó, parece que nacen soldados, su vida es corta, son reclutados por grupos armados, sufren constantes agresiones sexuales, viven en casas pequeñas. Incluso los padres violan a sus hijos. Pelean por comida”, narró la capitana Judith Carrión, mientras se desarrollaba el curso de observadores militares realizado en la Unidad Escuela de Misiones de Paz Ecuador, UEMPE, en el Valle de los Chillos, en Quito y en el Ala de Combate N.° 23, en Manta.
Según el Capitán de Corbeta Édgar Zambrano, quien fue otro de los instructores en la formación de peacekeepers en Manta, una de las situaciones más difíciles que enfrentan los habitantes en las zonas de conflicto es la falta de alimentos y agua. Sus provisiones muchas veces son insuficientes para atender a toda la población. “Si ayudas a uno, inmediatamente aparecen más personas pidiendo alimento, y los recursos no alcanzan para todos”, explicó.
Zambrano también relató que los peacekeepers deben enfrentar situaciones emocionalmente muy duras, como ver morir a amigos de las comunidades de esas zonas durante las misiones, Por eso, considera fundamental que los oficiales de una misión deben estar preparados psicológicamente para afrontar estas experiencias. Y precisamente por esta razón, uno de los requisitos para convertirse en peacekeepers es aprobar las pruebas psicológicas.
Por su parte, el teniente coronel Juan Carlos Zapata, quien fue director de la UEMPE, narró su experiencia cuando estuvo en una misión en Liberia, en el 2014, en plena epidemia de ébola. Recordó haber presenciado escenas estremecedoras: personas que sangraban por la nariz y otras con los ojos rojos y ensangrentados. En medio de aquella realidad, la resiliencia fue determinante. Mientras algunos soldados de otros países no lograban sobreponerse a lo que veían, para Zapata la disciplina y la capacidad de adaptación marcaron la diferencia de los soldados ecuatorianos. Allí, aseguró, que el deber y la voluntad de ayudar estuvieron por encima del miedo.
Quienes ya han participado en estas operaciones de paz aseguran que abandonarlas nunca es una opción: para ellos, sería una traición al compromiso asumido con la Patria. Tampoco hay espacio para los apegos. Aunque durante su permanencia pueden crear vínculos con las habitantes que los rodean, saben que su misión tiene un principio y un final. Aunque suene difícil, el ayudar también significa aprender a despedirse.
Los Cascos Azules son militares y policías que integran el Sistema de Misiones de Paz de Naciones Unidas. En Ecuador su preparación comienza en la UEMPE, donde periódicamente reciben entrenamiento especializado. Las misiones de paz son autorizadas por Naciones Unidas, institución que selecciona a los mejores oficiales para viajar al sitio del conflicto. Los soldados que van a las operaciones internacionales necesitan disciplina, estabilidad emocional y psicológica para sobrevivir a las peores zonas de conflicto del planeta. Así también, su preparación es física, pues deben enfrentar entornos climáticos extremos que ponen a prueba su resistencia.
El entrenamiento detrás de los Cascos Azules
Este año se desarrollaron dos cursos para los Cascos Azules: curso de observadores militares, UNMOC, desde el 1 de junio hasta 26 de junio del 2026 y el curso táctico, UNTAC, del 4 de mayo al 26 de junio del 2026. En el primero, los oficiales se prepararon para convertirse en mediadores en zonas de conflicto, capaces de tender puentes y alcanzar acuerdos que protejan a las poblaciones más vulnerables. En el Curso Táctico, en cambio, recibieron entrenamiento para proteger a los observadores y a la población civil expuesta al peligro.
Los oficiales estudiaron alrededor de 20 materias, entre las que constan, inglés, navegación terrestre, introducción en la medicina táctica, despeje de habitaciones, protección VIP, combate cercano, simbología de la ONU, técnicas de patrullaje y movimiento, comunicaciones, entre otras. Las prácticas se realizaron en Manta por sus condiciones climáticas y geográficas, que permitieron recrear con mayor realismo los escenarios que los peacekeepers enfrentarán en África, desde el calor del desierto hasta terrenos extremos.
Los capacitadores prepararon espacios donde los oficiales enfrentaron situaciones de alta tensión, como el secuestro de civiles. Quienes se forman como observadores deben intervenir aplicando técnicas de negociación para dialogar con el líder del grupo que mantiene a las víctimas retenidas y buscar una salida sin poner en riesgo sus vidas.
Uno de los oficiales que realizó el Curso Táctico, quien prefirió mantener su identidad en reserva por pertenecer al área de inteligencia militar, dijo sentir un profundo orgullo por haber sido seleccionado para una eventual misión de paz. Para él, esta preparación representa una oportunidad de poner sus conocimientos al servicio de comunidades que viven en peligro y necesitan ser protegidas. El oficial también expresó su preocupación por el rumbo del Ecuador: mientras los Cascos Azules se preparan para acudir en ayuda de poblaciones vulnerables, cada vez más jóvenes parecen sentirse atraídos por las organizaciones delictivas, en lugar de buscar caminos para proteger y servir a los demás.
Militares de Perú, Bolivia, Bahamas, Rusia, República Dominicana, Paraguay, Costa Rica y Guatemala estuvieron este año en estas capacitaciones. El escenario en Manta estuvo marcado por el clima, las exigencias de los ejercicios y otros obstáculos propuestos como parte de la capacitación. Entre las pruebas estuvo una caminata de 15 kilómetros durante la madrugada, pues en una zona de conflicto real, las emergencias no tienen horario; por eso, un soldado de paz debe estar preparado para responder a cualquier hora y bajo cualquier circunstancia.
Un oficial alumno, un capitán ruso, contó que viajó durante 20 horas para participar en el Curso de Observadores. Destacó la recreación de escenarios de conflicto parecidos a los de África. Los participantes debían mantenerse alerta ante cualquier situación, tal como ocurre en el día a día de un militar desplegado en una zona violenta. Comentó que su aspiración es formar parte de una misión de Naciones Unidas en Chipre.
Los oficiales ecuatorianos, entre ellos Ricardo Chávez, un oficial de Aviación, quien se preparó en el Curso Táctico, expresó sentirse fuerte, preparado y comprometido con la misión de ayudar a quienes más lo necesitan en escenarios internacionales.
Los instructores que ya estuvieron en misiones de paz, relataron que ni siquiera las crisis sociales más graves del Ecuador pueden compararse con la dimensión de algunas crisis humanitarias que se viven en escenarios externos.
El Capitán Zambrano, recordó su paso por Khartoum, capital de Sudán, en el noreste de África, en medio de un régimen autoritario y un complejo escenario de guerra. Comentó que la situación en ese lugar llegó a tal extremo que algunos oficiales, cuyo período de misión había terminado, no podían regresar a sus países porque las salidas estaban restringidas y no había personal de relevo.
Mientras tanto, veían cómo personas conocidas en la zona desaparecían en medio de la represión. Ellos estaban allí para ayudar, pero también debían enfrentar los límites de su misión: no podían prometer aquello que no estaba en sus manos cumplir. Antes de abandonar la misión, permanecieron durante dos meses en la base con poca agua, sin electricidad, ni internet y sin poder comunicarse con sus familias en Ecuador.
La capitana Carrión, mencionó que el inicio de una misión puede estar marcado por un fuerte choque cultural. Cuando ella llegó al desierto del Sahara, encontró resistencia de los oficiales hacia las mujeres. Era líder de patrulla y su llegada coincidió con el Ramadán, un período en el que nadie se acercaba a ella por el hecho de ser mujer.
A lo largo de la carrera, un oficial puede ir a dos misiones de paz. Carrión cumplió ambas. En su segunda experiencia, en África Central, se enfrentó a escenarios de profundo sufrimiento: comunidades sin alimentos bajo la violencia de 38 grupos armados, niños convertidos en soldados y constantes agresiones sexuales contra mujeres.
A la violencia y la pobreza se sumaban las enfermedades propias de la zona. Carrión contrajo malaria durante la misión. Recuerda que incluso tuvo temor de tomar el medicamento debido a sus posibles efectos secundarios, entre ellos alucinaciones y ansiedad.
Las misiones internacionales también exigen temple y respeto absoluto por las costumbres y normas de cada territorio. El Capitán Zambrano lo aprendió de una manera inesperada. Tenía prohibido tomar fotografías en el aeropuerto antes de abandonar el país, pero desobedeció la orden y terminó detenido. Por fortuna, los amigos que había hecho durante la misión lograron conseguir su libertad. Luego contó esta anécdota a su familia en Ecuador, ya que para ellos todo estaba bien, nunca imaginaron lo que había pasado.
Ecuador: siete décadas de compromiso con las misiones de paz.
La UEMPE ofrece distintos cursos especializados para estas operaciones, cada uno con su propio proceso de selección y convocatoria. Entre ellos están los de Observadores Militares de Naciones Unidas (UNMOC), Oficiales Tácticos (UNTAC), Policía de Naciones Unidas (UNPOL) y Coordinación Civil-Militar (UNCIMIC). También se imparten cursos para prevenir el reclutamiento de niños, niñas y adolescentes en zonas de conflicto. La capacitación no está dirigida únicamente a militares: la UEMPE también recibe a funcionarios del Estado, gobiernos autónomos descentralizados y estudiantes vinculados con la gestión de riesgos y la asistencia humanitaria.
Antes de llegar a una misión, el camino es largo: convocatoria, selección, formación, certificación, postulación y selección por parte de Naciones Unidas y, finalmente, el despliegue al territorio de conflicto. Los pasajes y viáticos durante la misión son cubiertos por Naciones Unidas.
La participación de Ecuador en operaciones de paz tiene una historia de más de siete décadas. En 1952, oficiales de las Fuerzas Armadas fueron desplegados en la Misión de Observadores Militares de Naciones Unidas para India y Pakistán. Desde entonces, personal ecuatoriano ha participado en misiones en países como Líbano, Congo, Centroamérica, Costa de Marfil, Sudán del Sur, República Centroafricana y Chipre, entre otros.
La UEMPE fue creada en 2003 como el principal centro nacional de formación y entrenamiento para operaciones de paz, asistencia humanitaria y gestión de crisis.
Pero la preparación adquirida en la UEMPE también se puso al servicio de los ecuatorianos. Durante el terremoto ocurrido el 16 de abril de 2016, personal formado para operaciones de paz participó en la gestión de albergues, asistencia humanitaria y coordinación entre las instituciones que atendieron la emergencia, ayudando a que las personas afectadas contaran con alojamiento y atención adecuada.
Ahora, la UEMPE inicia una nueva etapa. Tras cumplir su período al frente de la Escuela, el Teniente Coronel Zapata entregó la dirección al Teniente Coronel Freddy Eras, quien asumió el desafío de liderar una institución donde cada año se forman hombres y mujeres para enfrentar difíciles escenarios. Porque en territorios marcados por la guerra, proteger una vida no es una tarea menor: es, muchas veces, la primera batalla por la paz.


