Ecuador registra una reducción acumulada de muertes violentas en 2026, pero junio y julio muestran un preocupante cambio de tendencia. Mientras algunas de las principales ciudades reducen sus cifras, otras zonas del país enfrentan un fuerte incremento de asesinatos.
La violencia criminal en Ecuador atraviesa una nueva etapa. Aunque entre enero y julio de 2026 se contabilizaron 4.882 homicidios intencionales, una cifra inferior a los 5.295 registrados en el mismo periodo de 2025, los últimos meses muestran señales de alerta. En junio se reportaron 693 muertes violentas y en julio 704, superando en ambos casos los registros de esos mismos meses de 2025.
El comportamiento de las cifras revela que la reducción nacional no significa necesariamente que la inseguridad haya disminuido de manera uniforme. Por el contrario, el mapa de la violencia evidencia un desplazamiento hacia nuevos territorios, con provincias y cantones que ahora concentran mayores niveles de criminalidad.
El Oro, uno de los principales focos de preocupación
Entre las provincias que presentan un incremento de homicidios destaca El Oro, donde los casos pasaron de 358 entre enero y julio de 2025 a 634 en el mismo periodo de 2026.
También se registraron aumentos en Cañar, Sucumbíos, Santa Elena, Azuay, Napo, Pastaza, Carchi y Morona Santiago. Esto demuestra que el fenómeno de la violencia no mantiene un comportamiento homogéneo y que las estrategias de seguridad deben considerar las particularidades de cada territorio.
La situación también se refleja a escala cantonal. 79 cantones registraron más homicidios durante los primeros siete meses de 2026 que en el mismo periodo del año anterior.
Machala concentra uno de los incrementos más importantes: pasó de 159 homicidios en 2025 a 280 en 2026. Pasaje, Lago Agrio, Montecristi y Santa Rosa también registraron aumentos significativos.
Guayaquil y Durán muestran otra realidad
El comportamiento de los grandes centros urbanos es diferente. Guayaquil registró una reducción de homicidios, pasando de 1.617 casos entre enero y julio de 2025 a 1.274 en 2026.
Durán también presentó una disminución considerable. Además, 27 cantones no registraron muertes violentas durante el periodo analizado y otros 50 mantuvieron cero homicidios tanto en 2025 como en 2026.
Estos contrastes muestran que hablar de una sola tendencia nacional puede ocultar realidades locales muy distintas. Mientras determinados territorios experimentan una reducción, otros enfrentan un crecimiento acelerado de la violencia.
Una tendencia que vuelve a encender las alertas
El repunte registrado en junio y julio adquiere especial relevancia porque 2025 cerró como el año más violento de la historia reciente del país. Aunque las cifras acumuladas de 2026 todavía están por debajo de las del año anterior, el comportamiento de los últimos meses plantea interrogantes sobre la capacidad de las medidas implementadas para contener a las organizaciones criminales.
La información oficial también evidencia la presión que enfrenta el Estado. Un decreto ejecutivo emitido en julio señala que las medidas ordinarias resultaban insuficientes frente a los ataques y enfrentamientos entre grupos delictivos, además de eventos violentos contra ciudadanos e infraestructura estatal.
El desafío, por tanto, no parece limitarse a reducir el número total de homicidios. El nuevo escenario exige identificar cómo se desplazan las estructuras criminales, qué territorios están ganando relevancia y por qué algunas ciudades logran reducir la violencia mientras otras registran incrementos importantes.
Los datos de 2026 dejan una señal clara: Ecuador puede presentar una reducción global y, al mismo tiempo, experimentar un deterioro significativo de la seguridad en determinadas zonas. La evolución de los próximos meses será clave para determinar si el repunte de junio y julio fue temporal o el inicio de una nueva fase de violencia criminal.


