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Ecuador se acerca al estiaje con nuevos desafíos para garantizar el suministro eléctrico

July Ruiz
5 Min Read
Ecuador se prepara para el próximo período de estiaje con el desafío de incorporar generación adicional y mantener suficiente reserva eléctrica para evitar nuevos cortes de energía.

La temporada seca prevista para los próximos meses vuelve a poner a prueba al sistema eléctrico ecuatoriano. La menor generación hidroeléctrica, procesos de contratación que no han logrado concretarse y la salida de generación térmica mantienen abierta la preocupación sobre el abastecimiento.

Ecuador se prepara para enfrentar un nuevo período de estiaje, una etapa en la que la disminución de las lluvias reduce el caudal de los ríos y, con ello, la capacidad de generación de las principales centrales hidroeléctricas. El escenario previsto para 2026 vuelve a generar preocupación debido a que varias de las alternativas planteadas para aumentar la oferta eléctrica todavía presentan retrasos o no han logrado concretarse.

Durante los primeros meses de 2026, la generación hidroeléctrica cubrió una parte importante de la demanda nacional. Sin embargo, esta participación disminuye durante la época seca, obligando al país a recurrir en mayor medida a centrales termoeléctricas y, eventualmente, a la importación de electricidad. En junio, por ejemplo, las hidroeléctricas llegaron a aportar alrededor del 87% de la demanda, mientras que durante el estiaje su participación puede reducirse considerablemente.

El déficit podría alcanzar 450 MW en noviembre

El Operador Nacional de Electricidad, Cenace, proyecta que noviembre podría convertirse en uno de los meses más complejos del próximo estiaje. Sus estimaciones contemplan un déficit de hasta 330,65 GWh, equivalente a aproximadamente 450 MW de potencia faltante bajo determinadas condiciones.

El riesgo aumenta si las nuevas contrataciones de generación previstas no llegan a tiempo. El sistema necesita incorporar capacidad adicional para mantener una reserva suficiente y responder a eventuales reducciones de la generación hidroeléctrica.

En escenarios de sequía prolongada, las autoridades han mencionado una brecha que podría alcanzar hasta 1.300 MW, lo que evidencia la magnitud del desafío que enfrenta el sistema eléctrico para los meses de menor disponibilidad hídrica.

Contrataciones que avanzan con dificultades

Uno de los principales obstáculos está relacionado con los procesos para incorporar generación térmica. De los 500 MW que el Gobierno había planteado sumar para enfrentar el estiaje 2026-2027, hasta junio solamente se habían adjudicado 55 MW: 45 MW para la central Santa Elena y 10 MW para Guangopolo.

Además, varios procesos de contratación han sido declarados desiertos. Esto ha obligado a las empresas públicas del sector eléctrico a relanzar concursos y buscar alternativas para incorporar generación en un período relativamente corto.

La situación resulta especialmente relevante porque instalar nueva generación permanente requiere varios años. Por esa razón, el Gobierno ha optado principalmente por alquileres de generación termoeléctrica como mecanismo de respuesta inmediata ante el período seco.

La salida de una barcaza reduce el margen de maniobra

A este escenario se suma la salida de la barcaza Emre Bey, que dejó de suministrar 100 MW al sistema eléctrico ecuatoriano en junio de 2026 luego de que fracasara el proceso para extender su contrato. La embarcación había sido incorporada durante la crisis energética de 2024.

Mientras tanto, Elecaustro abrió un nuevo proceso para contratar una barcaza de entre 90 y 110 MW, con el objetivo de reforzar el suministro durante el próximo período seco. Esta contratación busca compensar parte de la capacidad que el sistema ha perdido y mantener una reserva operativa frente a escenarios de mayor demanda.

¿Habrá cortes de luz?

El Gobierno sostiene que las condiciones actuales del sistema son diferentes a las de 2024 y que se han realizado mantenimientos y acciones para mejorar la disponibilidad de las centrales. El Ministerio de Energía también ha señalado que las evaluaciones actuales no identifican un riesgo inmediato para el abastecimiento.

Sin embargo, las advertencias de Cenace muestran que el escenario dependerá de varios factores: la intensidad de la sequía, el comportamiento de los caudales, el crecimiento de la demanda, la disponibilidad de las centrales térmicas y, especialmente, la velocidad con la que se concreten las nuevas contrataciones.

Ecuador llega así al próximo estiaje con una lección todavía reciente: contar con capacidad instalada no necesariamente significa disponer de toda esa generación cuando se necesita. La verdadera prueba estará en que las soluciones anunciadas estén operativas antes de que la generación hidroeléctrica empiece a disminuir.

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