En Ecuador, los hombres representan la mayoría de las muertes por suicidio. Especialistas y organismos de salud recomiendan romper el silencio, reconocer señales de alerta y facilitar el acceso oportuno a ayuda profesional.
El suicidio es un problema de salud pública que afecta de manera desproporcionada a los hombres. En Ecuador, los datos muestran una brecha importante entre hombres y mujeres: en Quito, por ejemplo, el 74,3 % de las personas que murieron por suicidio en 2024 fueron hombres.
La situación adquiere especial relevancia este 10 de septiembre, Día Mundial para la Prevención del Suicidio, una fecha que este año mantiene como eje la necesidad de cambiar la manera en que se habla sobre el tema y promover conversaciones abiertas que permitan detectar situaciones de riesgo. La Organización Mundial de la Salud estima que más de 720.000 personas mueren por suicidio cada año en el mundo.
El silencio también puede ser una señal de alerta
Uno de los desafíos para prevenir el suicidio entre los hombres es la dificultad que pueden tener para expresar emociones, pedir ayuda o reconocer que atraviesan una crisis. Las expectativas sociales relacionadas con la masculinidad pueden llevar a algunas personas a interpretar la vulnerabilidad como una debilidad y optar por guardar silencio.
La OPS señala que las tasas de mortalidad por suicidio son considerablemente más altas entre los hombres. En las Américas, aproximadamente 3,7 hombres mueren por suicidio por cada mujer. Entre los factores asociados se encuentran los problemas de salud mental, el consumo de sustancias, el aislamiento social, la violencia, las dificultades económicas y el acceso limitado a servicios de atención.
Por eso, prestar atención a cambios importantes en el comportamiento puede ser fundamental. El aislamiento, la pérdida de interés por actividades habituales, sentimientos persistentes de desesperanza, cambios bruscos de ánimo o expresiones relacionadas con la muerte requieren ser tomadas en serio y no minimizadas.
¿Cómo ayudar a un hombre que atraviesa una crisis?
La prevención comienza muchas veces con una conversación. Preguntar directamente cómo se siente una persona, escuchar sin juzgar y permanecer cerca puede facilitar que acepte ayuda.
La OMS señala que el suicidio sí puede prevenirse y recomienda intervenciones como la detección temprana, el tratamiento y seguimiento de personas en riesgo, el fortalecimiento de habilidades socioemocionales y la restricción del acceso a medios utilizados para hacerse daño.
También es importante evitar frases que minimicen el sufrimiento, como “sé fuerte”, “eso se te va a pasar” o “tienes que poner de tu parte”. En su lugar, se puede decir: “Estoy aquí para escucharte”, “lo que sientes importa” o “busquemos ayuda juntos”.
Si existe un riesgo inmediato, la persona no debe quedarse sola y es necesario buscar atención de emergencia. En Ecuador, el ECU 911 coordina la respuesta ante situaciones que ponen en peligro la vida. Entre enero y el 8 de septiembre de 2026, la institución atendió 831 emergencias relacionadas con intentos autolíticos, 14,62 % más que en el mismo período de 2025.
Ecuador refuerza la respuesta
El país también ha adoptado nuevas herramientas para mejorar la atención. En julio de 2026 entró en vigencia un Manual para la primera intervención en intentos de suicidio, elaborado por varias instituciones públicas, que establece lineamientos para los equipos de primera respuesta y contempla primeros auxilios psicológicos, comunicación y derivación hacia servicios especializados.
En Quito, además, el Municipio presentó la iniciativa “Entre nos, Quito te escucha”, con espacios gratuitos y confidenciales de escucha activa y orientación psicológica para personas mayores de 16 años. La estrategia busca intervenir antes de que una situación emocional se convierta en una emergencia.
Hablar sobre suicidio no aumenta el riesgo; por el contrario, abrir espacios seguros para hablar, escuchar sin juzgar y conectar a las personas con ayuda profesional puede salvar vidas. La prevención no depende únicamente de psicólogos o médicos: también involucra a familias, amigos, compañeros de trabajo, instituciones educativas y comunidades.


