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Jóvenes cambian el alcohol por medicamentos para enfrentar la ansiedad social

July Ruiz
9 Min Read
Algunos jóvenes recurren a medicamentos sin supervisión para reducir la ansiedad al socializar.

El fenómeno de la llamada “generación sobria” está dando paso a nuevas formas de consumo. Algunos jóvenes recurren a medicamentos recetados sin supervisión médica para sentirse más cómodos al socializar.

Para algunos jóvenes, salir de fiesta ya no significa necesariamente beber alcohol. Una nueva tendencia está llevando a parte de la llamada Generación Z a buscar alternativas en medicamentos y otras sustancias que prometen reducir la ansiedad social y facilitar la interacción con otras personas.

El fenómeno ha sido denominado como parte de una “generación sobria”, debido al creciente número de adultos jóvenes que deciden reducir o abandonar el consumo de alcohol. Sin embargo, especialistas advierten que reemplazar una sustancia por medicamentos utilizados sin control médico no necesariamente representa una opción más segura.

El objetivo es sentirse cómodo al socializar

El caso de Matt, un joven británico de 22 años entrevistado bajo un nombre ficticio, refleja cómo puede comenzar esta práctica.

Según su testimonio, antes recurría al alcohol para sentirse más desinhibido durante las reuniones sociales. Hace dos años comenzó a utilizar medicamentos que encontró a través de redes sociales y que compra ilegalmente por internet.

Entre ellos están la pregabalina y el propranolol. El primero se utiliza para tratar, entre otras condiciones, la epilepsia y el dolor neuropático; el segundo puede ayudar a reducir algunos síntomas físicos asociados con la ansiedad.

Matt asegura que las sustancias le generan una sensación de relajación y euforia que le permite conversar con otras personas con mayor facilidad. Lo que inicialmente estaba limitado a las salidas nocturnas, sin embargo, terminó extendiéndose a citas y reuniones familiares.

La ansiedad social golpea con fuerza a los jóvenes

El aumento de estas prácticas coincide con una mayor preocupación por la salud mental entre los adultos jóvenes.

Un estudio citado por la BBC, realizado por el University College London, encontró que el 28% de las personas de veintitantos años en Inglaterra reportan niveles elevados de ansiedad. La investigación también señala que las enfermedades mentales graves son más frecuentes entre integrantes de la Generación Z que entre los millennials cuando tenían la misma edad.

La psicóloga Emily Jones, del King’s College de Londres, considera que la pandemia de covid-19 pudo haber influido en este fenómeno. El período de confinamiento redujo durante meses las oportunidades de interacción presencial y, según la especialista, pudo contribuir al aumento del temor ante determinadas situaciones sociales.

El auge de la “generación sobria”

El alejamiento del alcohol entre los jóvenes adultos es un fenómeno que ya cuenta con cifras concretas.

Una encuesta de Drinkaware encontró que 26% de los británicos de entre 18 y 24 años no consumían alcohol en 2025, frente al 7% registrado en 2012.

Pero este cambio de hábitos también ha creado un nuevo mercado para sustancias que en redes sociales son promocionadas como alternativas capaces de producir relajación sin los efectos del alcohol al día siguiente.

El investigador de adicciones Liam Knowles advierte que la percepción de que un medicamento es automáticamente más seguro por tener un uso médico puede llevar a subestimar sus riesgos.

Las redes sociales facilitan el acceso

TikTok y otras plataformas se han convertido en espacios donde circula información sobre estas sustancias.

Los contenidos incluyen publicaciones que promueven combinaciones de diferentes medicamentos, una práctica conocida en internet como “stacking”. Algunos influencers incluso han hablado públicamente sobre el consumo de estas sustancias para disminuir la ansiedad social.

La investigación también encontró casos en los que medicamentos son comercializados desde sitios vinculados a perfiles de redes sociales.

Esta facilidad de acceso preocupa a los especialistas porque algunos de los productos son obtenidos sin receta y fuera de los controles habituales de la cadena farmacéutica.

La pregabalina concentra parte de las preocupaciones

Uno de los medicamentos que más atención ha recibido es la pregabalina.

Un estudio publicado en Nature Communications estimó que su consumo mundial aumentó más de cuatro veces entre 2008 y 2018. Al mismo tiempo, también crecieron las muertes relacionadas con su uso.

En Inglaterra y Gales, la pregabalina apareció en 2.360 certificados de defunción relacionados con intoxicaciones por drogas entre 2020 y 2024, frente a 768 durante el período 2015-2019.

En Reino Unido, el medicamento fue clasificado como sustancia controlada de clase C en 2019. Aunque continúa utilizándose bajo prescripción para determinadas enfermedades, las autoridades han iniciado revisiones sobre su uso indebido.

El riesgo no desaparece por sustituir el alcohol

Algunos especialistas reconocen que el alcohol también representa riesgos importantes para la salud. Sin embargo, advierten que esa comparación no debe utilizarse para presentar medicamentos utilizados de manera recreativa como una alternativa segura.

El neuropsicofarmacólogo David Nutt considera que determinados medicamentos pueden resultar menos perjudiciales que un consumo excesivo de alcohol cuando son utilizados correctamente, pero recalca que no son completamente seguros, especialmente cuando se emplean en grandes cantidades con el objetivo de producir intoxicación.

El propranolol, por ejemplo, puede provocar mareos, desmayos y una disminución peligrosa de la frecuencia cardíaca cuando se utiliza incorrectamente o en dosis elevadas. Además, comprar medicamentos en fuentes no reguladas aumenta el riesgo de recibir productos que no cumplen estándares médicos.

Cuando la pastilla se vuelve necesaria para salir de casa

Para los especialistas, uno de los principales problemas no está únicamente en los efectos físicos de las sustancias, sino en la relación psicológica que puede desarrollarse con ellas.

La psicóloga Emily Jones advierte que utilizar medicamentos cada vez que aparece ansiedad puede reforzar la idea de que las situaciones sociales son peligrosas y que una persona no tiene capacidad para enfrentarlas por sí misma.

El testimonio de Mei, una estudiante china de 20 años, muestra cómo ese proceso puede avanzar. Lo que comenzó como una sustancia utilizada antes de las fiestas terminó extendiéndose a exámenes, discursos y debates. Posteriormente, afirmó que llegó a sentir que no podía salir de casa sin consumirla.

Otra joven entrevistada, Sofía, relató que empezó utilizándola antes de fiestas y terminó recurriendo al medicamento durante su jornada laboral. Cuando pasó dos semanas sin poder acceder a él, experimentó síntomas depresivos y pensamientos suicidas.

Una tendencia que plantea nuevas preguntas

El fenómeno de la “generación sobria” revela una paradoja: mientras una parte de los jóvenes busca alejarse de los efectos negativos del alcohol, algunos están recurriendo a medicamentos y sustancias no reguladas para conseguir sensaciones similares de relajación y desinhibición.

El desafío para especialistas y autoridades consiste ahora en comprender por qué algunos jóvenes sienten que necesitan una sustancia para desenvolverse socialmente y cómo las redes sociales están contribuyendo a normalizar estas prácticas.

La evidencia recopilada muestra que cambiar el alcohol por medicamentos no elimina necesariamente los riesgos. Cuando estas sustancias se consumen sin supervisión médica, en dosis elevadas o adquiridas mediante canales ilegales, pueden generar dependencia y consecuencias graves para la salud.

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