Therians: la manada que aún no he visto

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Liliana Chiquinquirå Medina/ Para notimercio

Una convocatoria en España sobre therians se suspendió por rumores de violencia, dejando solo el eco mediático. Entre identidad, miedo y rechazo, jóvenes como Fin buscan ser aceptados sin renunciar a lo humano.

La convocatoria en una plaza de  España se suspendió por temor a disturbios. Detrás del rumor de perros de ataque y adolescentes con máscaras, hay una identidad que  de cierto modo busca reivindicar su vínculo con lo animal sin renunciar a la conciencia humana, aunque algunos no se salen del papel. Desde un chico de Barcelona que se fabrica orejas de lobo hasta los rituales documentados por Frank Hamel en 1916, los therians actualizan un antiguo anhelo: ser aceptados sin necesidad de transformarse ni renunciar a su identidad humana.Aún no los he visto.

Camino plazas, bordeo la ciudad. O quizá no hay forma de reconocerlos.

Existen en vídeos, en mensajes que prometen encuentro y otros que prometen daño. 

En Lugo, habría una reunión el 21 de febrero en la Plaza Viana do Castelo.

Hubo advertencias de que se llevarían perros de ataque.

Se suspendió. 

Quedó el rumor mediático.

EFE registró con un seudónimo a Fin, quien vive en Barcelona, tiene 17 años y desde niño se identifica con un lobo gris albino. 

Se fabrica orejas y cola de retazos. Se cuida de no caer en trampas de las RRSS.

En 2024 asistió a su única reunión therians en Asturias.

En su habitación practica quadrobics, desplazamientos a cuatro apoyos para ganar agilidad, equilibrio y masa muscular.

Algunas veces sale con máscara. 

Dice que sabe que es humano. Pero hay días, confiesa, en que sigue aprendiendo a vivir con la vergüenza y el rechazo hacia sí mismo. 

Therian suena a villano de cómics, pero el término proviene del griego y los biólogos lo usan desde 1960 para clasificar marsupiales. 

En los 90 emergió en foros de internet, donde quienes se sentían conectados con un animal buscaban un nombre.

En el siglo XIX hubo casos de personas convencidas de transmutar en bestias. 

En Human Animals, de Frank Hamel, publicado en 1916, se documentaron hombres que decían vivir como leones, mujeres asociadas a hienas en Abisinia,Africa, figuras humanas vinculadas al zorro en Japón y de licantropía. 

Se registraron personas que creían transformarse físicamente en otras especies mediante pieles frotadas con ungüentos. 

La creencia sobre la metamorfosis era literal, sin importar si se atribuía a hechicería o locura. 

Se castigaba con la muerte a quienes fueran sorprendidos en esa transición. Para romper el encantamiento se requería un ritual con una bala de plata bendecida.

En Tokio, un hombre pagó 12.000 euros por un traje de perro. Sale a caminar como tal y sus vídeos se viralizan.

En Cali, un vendedor llevó caretas a un encuentro y las ofreció por unos pesos. Algunos compraron. Otros las fabricaron.

Los therians hablan de identidad con plena consciencia del límite biológico. Conexión no de transformación, pero contrasta con los casos documentados de permanencia de casi 24 horas al día en esa autorrepresentación.

En el Medioevo, durante las cosechas, la gente se cubría con máscaras de fieras.

Ronald Hutton documenta esas noches de hogueras: el disfraz era para confundir a los entes que acechaban los campos. 

En los inicios de lo que luego sería Halloween estuvo ese gesto: ocultar el rostro para sobrevivir, usando el escudo del anonimato.

Pero, los therians.

¿De qué intentan protegerse?

¿Del pariente que insulta y rechaza? 

¿De encontrarse a sí mismos? 

Su proceder parte del deseo de ser aceptados, aunque se vistan de gato o de víbora. 

Visualizo a Fin, como cuadrúpedo.

Leo esa leyenda acerca de que se podía romper el hechizo y devolver la forma humana a quien había transgredido a la naturaleza misma.

Quizás aguardan que alguien los comprenda y ya no necesiten ser distintos y finalmente puedan validar su identidad.

Aún no los he visto.

Pero tal vez tras sus disfraces, esperan esa bala de plata de la que hablaba Hamel y que la sociedad les permita su redención.

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