De su hijo Willie Tamayo/ Para su madre.
El hijo de Paulina Tamayo, Willie Tamayo, recuerda a su madre con palabras llenas de amor y gratitud. Para él, cantar Amor, Dolor junto a “la Grande del Ecuador” fue un privilegio irrepetible y un lazo que hoy sigue vivo pese a su partida.
«Cantar Amor Dolor junto a mi mamita – hoy abrazada al cielo – fue uno de los privilegios más grandes de mí vida. Este pasillo no es solo una canción: para mí es un himno al amor entre madre e hijo. No solo por lo que dice su letra, sino por todo lo que se encendía en el escenario cuando nuestras voces se encontraban.
Unir dos generaciones, dos timbres, dos almas… era un sueño hecho realidad. A través de cada nota podía honrar mi amor por la música ecuatoriana, pero también expresar la admiración inmensa que siento por mi mamá: por la artista extraordinaria que fue y por el ser humano luminoso que siempre será para mí.
Dios me regaló la mejor madre que un hijo puede tener, y cada vez que suena Amor Dolor siento que seguimos cantando juntos, que su voz me acompaña y que nuestro lazo permanece vivo, eterno y lleno de amor”. “El amor de mi vida, mi ejemplo, mi inspiración y mi mayor orgullo. Tu voz, tu arte y tu luz quedarán para siempre en la historia del Ecuador, pero sobre todo, en el corazón de quienes tuvimos el privilegio de amarte. Gracias por tanto, por tu entrega infinita, por tu fuerza y por enseñarme que la vida se canta con el alma. Tu presencia será eterna, mamita.
Al final, tras su partida, el hijo de Paulina Tamayo expresó públicamente el amor que sigue guiando su vida. Reconoció que, aunque la ausencia física de su madre ha sido un golpe devastador, su vínculo permanece intacto y luminoso. Cada canción que compartieron, especialmente Amor Dolor, se ha convertido en un puente que lo mantiene unido a ella y en una manera de sentir que aún siguen cantando juntos. Para él, Paulina no solo dejó un legado artístico incomparable, sino también una huella espiritual que continúa sosteniéndolo.
Su luz, su ejemplo y su fuerza siguen siendo eternas y, con ese amor que crece incluso en medio del dolor, prometió honrar su memoria cumpliendo sus últimas voluntades y manteniendo viva la voz de la Grande del Ecuador, hoy convertida en la Grande del Cielo. No sé cómo podré seguir adelante sin tu presencia física pero me reconforta que vives desde siempre en mi corazón. Tu legado vivirá por siempre. Te amo mi Grande del Ecuador, ahora eres LA GRANDE DEL CIELO”.





