Liliana Chiquinquirá Medina / Para Notimercio
Desde su primer concierto en Quito en 1996 con Pies Descalzos, Shakira ha mantenido un vínculo con sus seguidores en Ecuador. De modestos escenarios y entradas económicas a boletos agotados en minutos.
A mediados de los noventa, una presentación se convirtió en un hito. Shakira, con su álbum Pies Descalzos, ofreció su primer concierto en Ecuador.
Las localidades, con un valor aproximado a los 15 dólares o su equivalente en sucres, se adquirían con billetes que hoy buscan los coleccionistas.
La colombiana visitó en ocasiones previas a Ecuador y a otros países latinoamericanos. Acudía a algunas emisoras de radio para presentar sus demos en cassettes, solicitando con gentileza que difundieran su discografía.
No había protocolos de celebridad; era la conexión genuina con quienes podían brindarle un micrófono. Esa estrategia abrió las puertas a la consolidación de su carrera.
Unas 12 personas formaban su comitiva. Hoy, un ejército de profesionales sostiene la logística de una producción mediática. De la simplicidad del escenario a las pantallas gigantes y los efectos pirotécnicos, la esencia de la conexión con el público permanece intacta.
El Coliseo Rumiñahui, con un aforo aproximado de 12.000 personas, tuvo una considerable asistencia para aquel concierto en Quito el 12 de julio de 1996. Esa noche se iluminó con pancartas y pequeños objetos que los fans le llevaron para sentir cercanía con la artista, un gesto que demostró cómo desde entonces la relación con su público se forjó con la empatía de sus fans.
Shakira interpretó Pies Descalzos, Estoy Aquí, entre otros hits. Su atuendo proyectaba una presencia magnética sin artificios: pantalón negro, camisas básicas, cabello largo y oscuro.
Ahora, en los escenarios resalta su silueta y cabello rubio, reflejo de la evolución de su carrera y de la producción de sus conciertos actuales. La expectativa por escuchar un tema de Pies Descalzos mantiene viva la nostalgia noventera, conectando a los fans con su cantante.
No fue solo una función; fue la materialización de un sueño colectivo, la coronación de un esfuerzo que empezó con ahorros en sucres y culminó con los acordes de temas que facturan millones de dólares.
Shakira regresó a Ecuador en varias ocasiones, siendo una de sus últimas visitas en 2018. La expectativa de sus seguidores por verla nuevamente refleja la dedicación que profesan para acompañarla en sus conciertos, un empeño que contribuyó a que todas las entradas se agotaran rápidamente.
En 2025, los boletos alcanzan hasta los 375 dólares y se agotan en minutos. Jocelyn Mejías, abogada y admiradora, recordó la dificultad de conseguir una ubicación pagando 350 dólares en una transacción digital frenética. Quienes optaron por entradas generales también tuvieron complicaciones.
Los ecuatorianos siguen fieles. Décadas o un cambio de moneda no debilitaron su lealtad.
Hoy, como ayer, ahorran, hacen filas, virtuales y físicas, y compran sus boletos con el mismo compromiso para asistir a la gira Las mujeres ya no lloran. Todos comparten la misma pasión transversal. Este vínculo no depende de la moneda ni de la época; es el hilo invisible que une generaciones.
Sea en sucres o dólares, en 1996 o en 2025, los seguidores de Shakira en Ecuador siempre harán lo posible por verla. La fidelidad se sostiene por la música que marcó vidas y por el deseo de estar cerca de quien construyó un puente musical entre generaciones.





