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DE LA VOZ AL PAPEL MIS LEYENDAS EN NOTIMERCIO

July Ruiz
4 Min Read
De la voz al papel: una reflexión sobre los mitos del amor romántico y la posibilidad de construir vínculos desde la libertad, la igualdad y la elección consciente.

Crecí creyendo en el amor romántico, pero al deconstruirlo descubrí los mitos y desigualdades que lo sostienen. Hoy entiendo que el amor real no es destino ni cuento, sino una elección consciente entre dos personas completas.

Por Dorys Rueda / Para Notimercio

Hace tres años, Notimercio asumió una tarea que exige constancia y mucho esfuerzo: publicar un periódico impreso en Quito. La experiencia de Rubén Darío Buitrón en el periodismo nacional ha sido clave para sostener el proyecto. A su lado trabaja un equipo de colaboradores que prepara cada edición, desde la elección de los temas hasta su impresión. Luego, quienes venden el diario lo ponen en manos de los lectores. Y el trabajo vuelve a empezar.

Hoy, Notimercio es el único periódico impreso de Quito. Su presencia mantiene viva una costumbre que distintas generaciones hemos conocido: comprar el diario y abrirlo en casa. Cada lector se detiene en algo distinto. Alguien reconoce un rostro en una fotografía; otra persona encuentra una noticia que quiere comentar o guarda una página para leerla después. El ejemplar pasa de mano en mano. A veces sigue abierto sobre la mesa cuando ya ha terminado el día. Se puede volver a una página sin buscarla de nuevo: basta recordar dónde la dejamos.

Mantener ese recorrido durante tres años ha requerido asumir costos, resolver contratiempos y preparar una nueva edición cuando la anterior apenas ha llegado a la calle. Detrás de ese esfuerzo hay también una confianza: que alguien se detendrá, tomará un ejemplar y encontrará en él algo que quiera leer.

A veces ese encuentro ocurre a través de una historia. Notimercio da espacio a recuerdos de nuestros barrios y pueblos, a experiencias que alguien vivió y a relatos que han pasado de una generación a otra. Entre ellos están las leyendas que escribo para el periódico. Antes de llegar a sus páginas, muchas llegaron a mí durante una conversación; algunas, en apenas unas frases que despertaron mi curiosidad.

Entonces comienzo a preguntar. Quiero saber dónde ocurrió lo que me cuentan, quién conocía la historia y qué detalles conserva cada persona. A veces vuelvo a hablar con quien me la contó para comprobar un nombre o escuchar de nuevo una parte que no anoté bien: cómo era un personaje o a qué hora sucedió algo. Trato de dar forma a la leyenda sin borrar esa voz. Cuando aparece en Notimercio, pienso en la persona que me la confió. Me gustaría que reconociera en la página algo de su manera de contarla.

También pienso en el lugar donde se cuenta cada leyenda. Algunas me llegan desde Quito; otras, desde Loja, Cuenca, Otavalo o Guayaquil. Al publicarlas, Notimercio las acerca a personas que viven en otras partes del Ecuador. Entre esos lectores puede haber alguien que conozca el mismo relato, pero recuerde otro nombre para un personaje, un detalle que yo no escuché o un final diferente. Quizá se lo contaron en su casa cuando era niño y, al leerlo en el periódico, vuelva a escuchar aquella voz. Comparto la versión que pude recoger, sabiendo que no es la única y que cada persona puede conservar una parte distinta de la historia.

Cuando veo la leyenda impresa, recuerdo el momento en que alguien se sentó a contármela. Entre aquella voz y esta página hubo preguntas, apuntes y horas de escritura. Me alegra que Notimercio le haya dado un lugar a ese trabajo y, sobre todo, a la persona de quien nació el relato.

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