Comentarios sobre Sinfonía Romántica.

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Fernando Larenas retrata el legado musical y humano del maestro Álvaro Manzano.

Episodios de la vida de Manzano y Bruckner

Libro de Fernando Larenas.

Como dice el subtítulo del libro de Fernando Larenas, su trabajo se trata del desarrollo y creación de episodios, pero, no solo de la vida de Manzano y Bruckner, sino, de muchos personajes de la música europea del clasicismo y romanticismo en particular, junto a otros no menos glamurosos de la tierra, que cuentan relatos reales y poéticos alrededor de la figura de nuestro gran director de orquesta ecuatoriano Álvaro Manzano (1955-2022).

La enorme investigación periodística, histórica y de aproximaciones estéticas de Larenas, deja claro su íntima relación con la música de esos períodos, así como su vehemencia por conocer repertorios, compositores, orquestas, intérpretes y directores desde su posición de melómano, como él mismo se autocalifica.

Tres ámbitos de acercamientos a su libro me han provocado su lectura, el primero destaca, justamente el homenaje al Maestro Manzano, como músico irrepetible y de grandes aportes al desarrollo musical del Ecuador. En el segundo me he permitido incorporarme como testigo y partícipe de algunas experiencias musicales relacionadas al director protagonista. Y el tercero comenta la forma en que el escritor declara sus certeras vivencias y conceptos sobre lo que considera música clásica o erudita.

Una comparación sui generis en las páginas iniciales, vincula a Mahler y a Manzano en sus lechos de muerte para destacar la pasión de ambos por la dirección orquestal, al percibir sus familiares (respectivamente) la sensación de que ellos estarían realizando gestos y movimientos semiinconscientes con sus manos, equiparables a los que hace un director. Inclusive, en el caso de Manzano, y con una gran dosis lírica, cuenta que señalaban algunos músicos de la Sinfónica Nacional que habían visto al Maestro, o a su espectro, presente en la interpretación orquestal, en la sala de conciertos en momentos de su agonía. Estos datos y otros de gran detalle, llegó a averiguar Larenas para dar a su escrito un toque literario y de investigador perspicaz.

A través de cada tema planteado para reconocer a Manzano como el músico pivote del crecimiento artístico sonoro en el país, logra ponerlo en valor desde sus inicios como infante que soñaba tener y tocar un acordeón de vitrina hasta cuando se graduó del Tchaikovsky de Moscú con los más altos honores, pasando por buena parte de sus interpretaciones como el gran director de orquestas de varios países y de la Orquesta Sinfónica Nacional, gracias a su enorme trabajo poco imaginable en otros tiempos, pues en nuestro Ecuador no hay una larga tradición de directores de severa formación.

En varias entrevistas que nos trae el escritor, Manzano señala que un músico debe tener una educación exigente, rigurosa y multidisciplinaria en relación con las artes, es decir ser solvente; admite que en la década de los ochenta en nuestro medio los profesionales tenían carencias técnicas y musicológicas, que se van superando con los años, pues, la idea era que sus conocimientos les permita “hacer música de verdad” (en palabras de Álvaro). Consecuente con sus ideales, crea en 1987 el Festival Anual de Música Contemporánea y concursos de solistas, proponiéndose activar conciertos semanales como ocurría en otros sitios en los que se había institucionalizado la difusión de música formal. Revisa Larenas varias facetas del músico, siempre mencionando paralelamente obras, directores, escenarios de la música clásica, además de citas, entredichos y pareceres de célebres músicos como Baremboim, que alude a los catalogados como “genios de la música”, colocando a Wagner como parte esencial de la historia de la Música, en fin… se hace eco de juicios estéticos y eurocentristas sin dejar de mencionar a Mendelssohn, Berlioz, Richard Strauss y muchos más.

Vuelve al tema de Manzano y sus andanzas mediante declaraciones de sus entrevistados que lo encuentran como un ser extremadamente sensible y tímido pero de grandes convicciones relacionadas a mejorar el nivel musical del Ecuador. Gracias a su labor se estrenaron obras, desde las de básicas estructuras a las de gran formato como sinfonías y óperas. A él se le debe el estreno de la novena Sinfonía de Beethoven, al igual que Carmina Burana de Carl Orff, la ópera Traviata de Verdi, los famosos ballet nacionalistas rusos  de  Satravinsky, como Petrushka y La Consagración de la  Primavera, así también algunas sinfonías de Mahler y Shostakóvich, y más obras consagradas en el popular repertorio mundial, sin dejar de lado los nacionalismos latinoamericanos de Chávez o  Revueltas, con la particularidad de estrenar obras de Luis Humberto Salgado, lumbrera imprescindible de la sinfonía en el Ecuador y de nuevos ordenamientos melódicos mediante la dodecafonía.

Hay que destacar, que como se constata en el libro, Manzano dirigió música compleja contemporánea ecuatoriana. Obras de Arturo Rodas, Milton Estévez y otros, se conocieron bajo su batuta. Maiguashca, en la década de los ochenta, era el actor principal de la música de vanguardia instrumental y electroacústica y su influencia creativa nos tocó a todas y a todos las interesados en la composición.

No se puede dejar de nombrar a Eugenio, que aparece como el compañero de vida de Álvaro, quien, con sinceras, bucólicas y simples narraciones crea un entorno de novela fantástica llena de dificultades y coyunturas que construyeron su camino singular, más allá de las críticas y prejuicios sociales. 

Es complicado mencionar y comentar en pocas líneas, todos los episodios que saca a la luz Fernando por su desbordante cantidad de datos y no menos cantidad de audiciones a las que se ha acogido voluntariamente para presentarnos este libro, por eso es mejor leerlo.

Respecto al segundo ámbito, no he podido dejar de testificar algunas escenas personales con relación a la actividad de Álvaro Manzano desde mis actividades como pianista, compositora y musicóloga, para de esta manera seguir abonando su labor que ya lo hace de forma muy generosa y extraordinaria el escritor Larenas. Brevemente recuerdo que hace algunas décadas, yo estaba estudiando para tocar el Andante Spianto y Gran Polonesa Brillante  Op. 22 para piano y orquesta de Chopin; y Manzano, justamente, estaba repasando conmigo la obra para el concierto, sin que se logre poner en escena porque el día de la presentación hubo paro nacional. Por otro lado, en varios Festivales de Música Contemporánea fui invitada a participar con mis composiciones. Como no evocar el período de escenificaciones de ópera que incluía Cuenca; Manzano dirigiendo y Beatriz Parra como solista, ambos profesionales producto de la formación académica en la Unión Soviética. En varias ocasiones me cupo el gusto de acompañar al piano en conciertos a Beatriz, la magnífica soprano ecuatoriana. A propósito de Rusia, centro de gran calidad musical, contaré que mi ópera Ipiak y Súa se está estudiando en un programa doctoral en Moscú. Lo que me llena de emoción como mujer compositora ecuatoriana integrada al panorama mundial sonoro.

En el tercer ámbito, quiero destacar la amistad de Fernando con Álvaro, las recomendaciones que le hacía el director para acercarse a las sinfonías de Mahler, de Bruckner y otras obras. La insistencia de Manzano de entender los textos para completar su apreciación musical sin mayores patrones y detalles estructurales de las formas musicales grandes le sirvió a Fernando para seguir con vehemencia cada obra como la Sinfonía 3 de Mahler o Las canciones a los niños muertos del mismo autor. Asimismo se acerca a las sinfonía de Bruckner, a la Sinfonía 4, justamente conocida como Romántica, que da el nombre a su libro, pues, a más de ser una obra de una duración larga, una hora más o menos, como es característico en Bruckner, Larenas encuentra en ella la cumbre del romanticismo. Ciertamente, más allá en el tiempo, se presentan otros estilos que desmontan los elementos de la música conservadora, creándose en el mundo otras sonoridades más audaces, inclusivas y complejas. Admira al director Herber Blomsted en la interpretación de esta sinfonía. Larenas desde su subjetividad y sus audiciones arma su propia semiótica, encuentra momentos pastoriles en la cuarta sinfonía de Bruckner que, analizando técnicamente desde texturas y armonías, no se distancian mucho de la sinfonía 6 de Beethoven, denominada, precisamente, pastoral, por sus sonoridades afiliadas al imaginario de campestre. Propone también algunos círculos del romanticismo desde Beethoven, Bruckner, Wagner y Mahler; es innegable la correspondencia tonal entre ellos, aunque cada uno expone su propio carácter y texturas, las relaciones rítmicas, melódicas y armónicas son consecuentes con la impositiva dinámica tonal que, parafraseando a Schenker y su análisis, exigen pilares acordales jerárquicos con variaciones y desarrollos entre ellos, entonces sus obras se vuelven totalmente entendibles y descifrables.

Termina recomendando, a modo de gran coda, audiciones para aproximarse a la música clásica con total convencimiento que es la erudita. Ofrece códigos QR de obras citadas para una mayor comprensión de su propósito de que hay que oír dichas obras para ser culto musicalmente. Quedan pendientes los siguientes períodos y la inclusión de otros protagonistas, hombres y mujeres del mundo sonoro formal actual, para así desmitificar la genialidad.

Sobre la autora

Janneth Alvarado Delgado, nacida en Cuenca, es pianista, compositora y doctora en Musicología. Realizó sus estudios en el Conservatorio José María Rodríguez, en la Universidad de Cuenca y en la Universidad de Santiago de Compostela, España; obtuvo su doctorado en la Pontificia Universidad Católica Argentina.

Es profesora de la Universidad de Cuenca y miembro de la Red de Compositores Académicos Ecuatorianos. Ha sido reconocida por la Asamblea Nacional del Ecuador con la presea Dra. Matilde Hidalgo de Procel (2017).

Es autora de importantes estudios musicológicos y etnomusicológicos, y creadora de numerosas obras contemporáneas, entre ellas óperas, composiciones sinfónicas y ciclos vocales, destacándose la ópera El Jurupi Encantado y diversos proyectos de investigación sobre identidad musical en Cuenca.

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