Paola Burbano, Líder barrial/Para Notimercio
El detonante es la inseguridad que representan establecimientos como bares y discotecas ubicados en la proximidad a los sectores residenciales como los del entorno del parque La Carolina, La seguridad requiere acción estatal integral, coordinación interinstitucional y compromiso ciudadano.
El cambio en el uso del suelo representa uno de los desafíos más críticos en la planificación urbana contemporánea, especialmente en ciudades como Quito, donde el crecimiento demográfico y económico ha generado transformaciones rápidas y, en muchos casos, descontroladas. Este tema no puede tomarse a la ligera, ya que sus implicaciones directas afectan la convivencia pacífica y la seguridad de los habitantes. En un contexto donde la urbanización acelerada ha llevado a la mezcla inadecuada de usos residenciales, comerciales y recreativos, es imperativo abordar este asunto con seriedad y rigor técnico. El detonante de inseguridad que representan establecimientos como bares y discotecas, ubicados en proximidad a sectores residenciales, ilustra perfectamente cómo una mala gestión del suelo puede erosionar el tejido social y generar un éxodo de familias en busca de entornos más tranquilos.
En Quito, capital de Ecuador, hemos presenciado cómo el ruido, el desorden y la delincuencia han impulsado a muchas familias a abandonar la ciudad, huyendo hacia suburbios o incluso otras provincias. Sin embargo, el año 2026 representa una oportunidad única para revertir esta tendencia. Con un enfoque en la aplicación estricta de ordenanzas municipales y una visión integral de la ciudad, podemos transformar Quito en un atractivo destino de retorno para aquellas familias que partieron. Particularmente, el hipercentro, con sus ventajas en términos de movilidad y accesibilidad, podría convertirse en un polo de atracción para adultos mayores, siempre y cuando completemos la ciudad en su totalidad.Una ciudad completa no es un lujo opcional, sino una necesidad fundamental para garantizar equidad, sostenibilidad y seguridad. En este ensayo, exploraremos estos aspectos en profundidad, analizando los detonantes de inseguridad, la necesidad de colaboración interinstitucional y la importancia de políticas duraderas, con el objetivo de rescatar el tejido social y construir una seguridad colectiva
La participación activa del Estado es fundamental para complementar la seguridad ciudadana en Quito, más allá de la represión policial. Programas fuertes del MIES (Ministerio de Inclusión Económica y Social), Ministerio de Salud Pública, dependencias municipales (como el Patronato San José) y organismos de ayuda social son esenciales para abordar las raíces de la inseguridad.
En nuestro barrio hemos solicitado al ministro del Interior, John Reimberg, la instalación de una mesa técnica interinstitucional urgente. Esta debe incluir al MIES, Salud, Municipio, Policía y sociedad civil para diagnosticar la realidad, diseñar intervenciones coordinadas y priorizar a este grupo vulnerable. No se trata solo de control, sino de humanizar la respuesta: erradicar la mendicidad forzada, ofrecer salidas dignas y reducir así un componente clave de la inseguridad.
Sin políticas sociales robustas y articuladas, la seguridad seguirá siendo incompleta. Es hora de que el Estado asuma su rol preventivo y rehabilitador. Todos ganamos con una ciudad más inclusiva y segura.
Es hora de comprometernos: seamos parte del cambio y no del problema. Informémonos, participemos en comités barriales, reportemos irregularidades y construyamos juntos una Quito más segura y ordenada.





