A veces, un auditorio lleno dice más que cualquier discurso. Este 20 de enero, la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias de la Educación de la Universidad Central del Ecuador (UCE) no solo abrió sus puertas, sino también sus brazos a cientos de estudiantes que colmaron el recinto. La razón: la charla “Cuidar para Educar”, un encuentro que demostró que el bienestar emocional ya no es un tema secundario, sino una necesidad urgente en la formación profesional.
El “ser” antes que el “hacer”
El evento nació de una premisa profundamente humana: para poder sostener a otros en el futuro, los maestros necesitan ser sostenidos hoy. La jornada fue mucho más que una capacitación técnica; fue un espacio seguro inaugurado por la Decana Ana Lucía Arias, quien recordó a los jóvenes que, antes de ser educadores, son seres humanos que sienten.
“La excelencia académica es vital, pero no suficiente. Hoy estamos aquí para decirles que su equilibrio emocional, su empatía y su tranquilidad son la base real para construir una educación de calidad. No están solos en este proceso”, destacó Arias.
Herramientas para la vida, no solo para el aula
Entendiendo que la carrera docente conlleva altos niveles de estrés y responsabilidad, la universidad invitó a Alexander Pozo y Jonathan Ortega, de la organización Universidad de la Familia. Su intervención no fue una cátedra magistral, sino una conversación cercana sobre cómo construir resiliencia y relaciones sanas.
Los expertos compartieron herramientas de “primeros auxilios emocionales”, vitales para que los estudiantes de la carrera de Multilingüe —quienes se preparan para conectar mundos a través del inglés y el francés— puedan gestionar la ansiedad propia de los entornos multiculturales y de alta exigencia comunicativa.
Compromiso con el bienestar integral
La masiva asistencia de los estudiantes fue el testimonio más claro de que la UCE está leyendo correctamente los tiempos actuales. Los jóvenes reclaman una formación que no olvide su salud mental.
Con iniciativas como esta, la UCE reafirma su compromiso de acompañar a su comunidad estudiantil, asegurándose de que los futuros maestros del Ecuador salgan a las aulas no solo con conocimientos en la cabeza, sino con el corazón sano y las herramientas emocionales necesarias para transformar vidas.





