Gabriela Astudillo / Para Notimercio
La artista más influyente del pop latino vuelve a Quito el 8, 9 y 11 de noviembre con su gira mundial Las Mujeres Ya No Lloran. Una celebración de fuerza, ritmo y conexión con su gente latina.
Hay artistas que marcan una época, y luego está Shakira, que marcó todas. La colombiana regresa a Ecuador después de siete años para ofrecer tres conciertos inolvidables en el Estadio Olímpico Atahualpa el 8, 9 y 11 de noviembre como parte de su Las Mujeres Ya No Lloran World Tour, una de las giras más exitosas del planeta con más de dos millones de asistentes y todas las fechas completamente agotadas.
Billboard la nombró recientemente la mejor artista femenina de pop latino de todos los tiempos, y no es para menos: Shakira ha sabido reinventarse sin perder su esencia. Cada etapa de su carrera cuenta una historia diferente, y cada historia nos pertenece un poco.
Yo la recuerdo cuando en mis tardes universitarias hacía tareas al ritmo de ¿Dónde están los ladrones?, Ciega, sordomuda, Tú, Inevitable o Ojos así. Con su cabello negro largo, su guitarra y esa voz inconfundible que mezclaba dulzura y fuerza, Shakira ya anunciaba que venía a quedarse. Su energía fue cambiando al ritmo de sus caderas, abriendo camino a las mujeres latinas en la industria musical.
Luego vino el icónico MTV Unplugged, un momento que la catapultó internacionalmente, mostrando que una artista latina podía conquistar el mundo sin perder su autenticidad. Más tarde, sus canciones en inglés Whenever, Wherever, Underneath Your Clothes, Hips Don’t Lie la llevaron a los Grammy, Billboard y al corazón de millones.
Pero más allá de los premios, Shakira representa evolución. Transformó sus vivencias personales en arte, convirtiendo el dolor en un himno de empoderamiento: “Las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan”. Desde entonces, su música es un espejo donde muchas se ven reflejadas: resilientes, valientes y fuertes.
Imagina: una mujer latina cantando el himno oficial del Mundial de Fútbol, protagonizando el Halftime Show del Super Bowl, y al mismo tiempo criando a sus hijos con amor y presencia. Shakira no solo es una artista, es una madre que equilibra la fama con la ternura. Su vida es una lección de que el éxito también se puede vivir con propósito.
En esta nueva gira, promete una producción impresionante: 93 toneladas de equipos, pantallas de casi 50 metros de ancho, 14 vestuarios por show y más de 150 personas de distintas nacionalidades viajando con ella. Todo para dar una experiencia inolvidable que mezcla música, arte y energía femenina en estado puro.
Los fans ecuatorianos ya cuentan los días. Muchos la veremos por primera vez, otros repetiremos la emoción de sus conciertos pasados, pero todos coincidimos en algo: su regreso es un reencuentro con una parte de nosotros.
Shakira no solo nos enseñó que las caderas no mienten, sino que los sueños tampoco. Y este noviembre, Quito bailará con ella… y con todas las mujeres que ya no lloran, porque aprendieron gracias a ella a facturar, a cantar y a brillar.





