El cantadito, los diminutivos y un vocabulario lleno de humor hacen reconocible el habla cuencana. Algunas expresiones son emblemas locales; otras se comparten con la Sierra y el resto de Ecuador.
July Ruiz / Notimercio
En Cuenca, una conversación puede comenzar con un “¿cómo te baila?”, detenerse con un “aguanta un cinco” y terminar entre risas cuando alguien aclara que todo era “chendo”. Las palabras acompañan la vida cotidiana, pero también permiten reconocer una procedencia, recordar a la familia y expresar pertenencia.
La identidad lingüística cuencana reúne vocabulario, entonación y maneras particulares de formular una petición o una broma. No todas sus expresiones son exclusivas de la ciudad: lo distintivo está también en cómo se combinan y en la cadencia con la que se pronuncian. Los estudios y recopilaciones locales describen el encuentro entre el español y voces indígenas, especialmente del kichwa.
“Gara”: una pequeña palabra para expresar entusiasmo
“Gara” sirve para calificar algo bonito, bueno o divertido. Puede describir una prenda, una fiesta, un paisaje o una experiencia: “¡Qué gara estuvo el paseo!”. Su intensidad aumenta con formas como “garísima”.
Su asociación con Cuenca es tan fuerte que el portal oficial Ecuador Travel la utiliza para promocionar la ciudad como un destino “gara”. La palabra funciona así como una expresión cotidiana y como una señal de identidad reconocible fuera del Austro.
“Chendo”: el giro que convierte una afirmación en broma
Decir “chendo” permite aclarar que algo no era verdad o que se dijo jugando. Por ejemplo: “Ya me voy a vivir a otro país… ¡chendo!”.
La expresión aparece en La lengua morlaca, del investigador Oswaldo Encalada Vásquez. La obra también recoge “camote”, relacionado con un enamoramiento intenso, y otras fórmulas de la conversación local. Para documentarlas, el autor recurrió tanto a escuchar a la gente como a revisar textos de escritores e investigadores cuencanos.
Un diccionario para entrar en la conversación
Estos significados ayudan a comprender expresiones presentes en el habla cuencana. Los ejemplos son ilustrativos y su uso puede variar entre familias y generaciones.
| Palabra o expresión | Significado habitual | Ejemplo |
|---|---|---|
| Gara / garísima | Bonito, bueno, muy agradable. | “La presentación estuvo garísima”. |
| Chendo | Mentira; aclaración de que se está bromeando. | “Me gané la lotería… chendo”. |
| Caldoso | Chiste o comentario sin gracia. | “Ese chiste estuvo caldoso”. |
| Muco | Egoísta o poco dispuesto a compartir. | “No seas muco, comparte”. |
| ¡Qué pacheco! | Expresión de frío. | “¡Qué pacheco hace esta noche!”. |
| Hacer vaca | Reunir dinero entre varias personas. | “Hagamos vaca para comprar la comida”. |
| La bola | Mucho o bastante. | “Había la bola de gente”. |
| Alaja | Bonito o simpático. | “Qué alaja ese detalle”. |
| Mucha | Beso. | “Te mando una mucha”. |
| Guashpete | Trago o bebida alcohólica. | “Conversaron con un guashpete”. |
Los términos figuran en recopilaciones turísticas y periodísticas sobre el vocabulario local. Expresiones como “hacer vaca” o “la bola” también se escuchan fuera de Cuenca y no deben presentarse como invenciones exclusivamente cuencanas.
El diccionario municipal Cuencanízate incorpora otras fórmulas expresivas: “aguantar un cinco”, para pedir que alguien espere un momento; “¿cómo te baila?”, como saludo equivalente a “¿cómo te va?”; y “comerse cemento”, para expresar mucha rabia.
El cantadito también comunica
El sello cuencano no depende únicamente de conocer esas palabras. La entonación, popularmente llamada cantadito morlaco, hace reconocible una frase incluso cuando no contiene ningún localismo.
Investigaciones conservadas por la Universidad de Cuenca describen esa cadencia y particularidades en la pronunciación de la “r”. La vinculación histórica del cantado con la herencia cañari aparece en explicaciones culturales sobre el habla azuaya; conviene entenderla como una interpretación de su formación y no como una etimología demostrada para cada expresión.
También destacan los diminutivos: “un ratito”, “un permisito”, “no sea malito”. En estas construcciones, la terminación no siempre indica tamaño. Puede suavizar una solicitud y aportar cercanía: pedir “un permisito” equivale a solicitar paso con una fórmula de cortesía. Son recursos documentados en el habla cuencana que también forman parte de otras variedades del español andino.
Una memoria que sigue cambiando
El interés por conservar este vocabulario tiene una trayectoria documental. La Red de Bibliotecas Municipales registra Modismos cuencanos, de Oswaldo Encalada, publicado en 1990, con 615 páginas. Décadas después, proyectos de la Universidad de Cuenca han buscado acercar las expresiones tradicionales a nuevas generaciones mediante campañas digitales.
Esa continuidad permite mirar el habla cuencana como una tradición viva. En un “gara” cabe el entusiasmo; en un “chendo”, la complicidad de una broma; y en un “espéreme un ratito”, una manera cotidiana de relacionarse. La ciudad también se reconoce escuchándola.


