Desde Stanley Matthews hasta Messi y Cristiano Ronaldo, el premio ha reconocido maneras muy diferentes de jugar al fútbol. En su edición de 2026, Harry Kane y Alexia Putellas se sumaron a una historia en la que el talento, las actuaciones decisivas y los títulos pesan tanto como la capacidad de sobresalir entre los mejores.
Diana Peñafiel / Notimercio
Hay algo en el fútbol que resulta difícil de explicar únicamente con números. Un pase que encuentra un espacio donde nadie más lo había visto, un delantero que parece saber dónde caerá la pelota antes de que llegue o un jugador capaz de cambiar el ánimo de todo un estadio con una sola acción. Son momentos que ayudan a comprender por qué algunos futbolistas terminan convirtiéndose en referentes de su generación y por qué, desde hace setenta años, el Balón de Oro intenta distinguir al más sobresaliente de todos ellos.
La búsqueda nunca ha sido sencilla. El fútbol reúne talentos de naturaleza muy diferente y comparar a un goleador con un mediocampista creativo, o a un jugador que domina las estadísticas con otro que transforma el funcionamiento de su equipo, obliga a mirar mucho más allá del marcador. Precisamente por eso, el Balón de Oro ha sido durante décadas una celebración de la excelencia y, al mismo tiempo, uno de los reconocimientos que más discusiones provoca entre aficionados, periodistas y protagonistas del deporte.
El lunes 26 de octubre de 2026, la ceremonia celebrada en Londres incorporó dos nuevos capítulos a esa historia. Harry Kane recibió por primera vez el Balón de Oro masculino, mientras Alexia Putellas conquistó el tercero de su carrera. El delantero inglés y la centrocampista española llegaron al reconocimiento mediante trayectorias y características distintas, pero con un elemento común: ambos consiguieron que su talento individual tuviera una influencia decisiva en el rendimiento de sus equipos.
Un premio que nació para reconocer lo extraordinario
Cuando la revista francesa France Football creó el Balón de Oro en 1956, el fútbol europeo vivía una época muy distinta. Las transmisiones internacionales tenían un alcance limitado, los grandes torneos continentales comenzaban a consolidarse y el reconocimiento de los jugadores dependía en buena medida de lo que podían observar los periodistas especializados.

El primer ganador fue Stanley Matthews, un extremo inglés del Blackpool que había construido su reputación gracias a su extraordinaria capacidad para el regate y a una longevidad deportiva poco habitual. Matthews tenía 41 años cuando recibió el premio y todavía conservaba esa habilidad para desbordar defensores que lo había convertido en uno de los futbolistas más admirados de su tiempo. Su elección reflejaba una idea que acompañaría al galardón durante las décadas siguientes: las cualidades individuales podían distinguir a un jugador incluso en un deporte profundamente colectivo.
En sus primeros años, el reconocimiento estaba reservado a futbolistas europeos. Aquella limitación comenzó a modificarse en 1995, cuando se permitió participar a jugadores de otras nacionalidades que actuaban en clubes europeos. George Weah, nacido en Liberia, fue el primer beneficiario de esta apertura y también el primer africano en conquistar el premio. En 2007, la elegibilidad se extendió a futbolistas de cualquier nacionalidad y liga del mundo, mientras que en 2018 nació el Balón de Oro femenino, con la noruega Ada Hegerberg como primera ganadora.
La evolución del galardón acompañó los cambios de un fútbol cada vez más internacional, aunque también dejó en evidencia las exclusiones que habían condicionado su historia. Durante décadas, figuras extraordinarias como Pelé y Diego Maradona no pudieron competir por el premio en las condiciones actuales debido a las restricciones de elegibilidad. Sus carreras recuerdan que el palmarés del Balón de Oro representa una parte importante de la historia futbolística, pero no constituye por sí solo un inventario definitivo de los mejores jugadores que han existido.
Las distintas formas de entender la grandeza
A lo largo de sus setenta años, el Balón de Oro ha reconocido futbolistas cuyas principales virtudes eran tan diferentes que resulta difícil establecer una comparación directa entre ellos.
Johan Cruyff, ganador en 1971, 1973 y 1974, transformó la manera de interpretar el movimiento dentro del campo. Su inteligencia para identificar espacios, intercambiar posiciones y comprender el funcionamiento colectivo lo convirtió en una figura fundamental del fútbol total. Michel Platini, que obtuvo tres premios consecutivos entre 1983 y 1985, combinó la visión de un organizador con una capacidad goleadora excepcional para un mediocampista. Marco van Basten, reconocido en tres ocasiones, aportó otra expresión de talento mediante una técnica refinada y una extraordinaria variedad de recursos para definir frente al arco.

La llegada de Lionel Messi y Cristiano Ronaldo convirtió esa diversidad de estilos en una de las rivalidades deportivas más recordadas del siglo XXI. Durante años, ambos compartieron el protagonismo de las grandes competiciones y elevaron las expectativas sobre lo que podía producir individualmente un futbolista.
Messi construyó buena parte de su juego alrededor del control del balón, la creatividad y una capacidad poco común para encontrar soluciones en espacios reducidos. Sus regates, pases y goles formaron parte de una misma manera de interpretar el ataque, en la que crear una oportunidad podía resultar tan importante como convertirla. Esa combinación lo llevó a conquistar ocho Balones de Oro, el mayor registro en la historia del premio masculino.
Cristiano Ronaldo desarrolló una trayectoria marcada por la potencia, la velocidad, la capacidad de definición y una constante adaptación de su juego. Con el paso de los años pasó de ser un extremo desequilibrante a convertirse en un delantero de extraordinaria eficacia dentro del área. Sus cinco Balones de Oro reflejan una etapa prolongada de rendimiento sobresaliente y una rivalidad que contribuyó a ampliar el interés mundial por el galardón.
Las trayectorias de estos futbolistas muestran hasta qué punto el premio ha reconocido virtudes diferentes. Cruyff destacaba por su comprensión del juego colectivo; Platini podía dirigir el ataque y resolverlo; Van Basten encontraba soluciones técnicas de enorme dificultad; Messi combinó creación y definición, mientras Ronaldo convirtió la regularidad goleadora en una de las características centrales de su carrera. Todos alcanzaron el mismo reconocimiento sin responder a un modelo único de futbolista.
En el fútbol femenino comienza a consolidarse una historia igualmente significativa. Aitana Bonmatí ganó tres Balones de Oro consecutivos entre 2023 y 2025, y Alexia Putellas, con su victoria de 2026, igualó esa cifra después de haber conquistado los premios de 2021 y 2022. Ambas han desarrollado buena parte de sus carreras en el mediocampo, una posición desde la que su influencia se expresa tanto en las acciones decisivas como en la organización y el ritmo de los partidos.
¿Qué hace falta para ganar un Balón de Oro?
El prestigio del reconocimiento suele alimentar la idea de que existe una fórmula para conquistarlo. Sin embargo, el reglamento no establece una cantidad mínima de goles, asistencias o títulos que garantice la victoria. Tampoco exige ganar una competición determinada, aunque el rendimiento en los torneos más importantes puede fortalecer considerablemente una candidatura.
Para la edición de 2026, France Football estableció tres criterios ordenados por importancia. El primero corresponde al rendimiento individual y al carácter decisivo y sobresaliente de las actuaciones. El segundo considera los resultados colectivos y los títulos obtenidos, mientras que el tercero valora la clase y el juego limpio.
La elección corresponde a periodistas especializados de distintos países, que deben valorar a los candidatos tomando como referencia esos criterios. En la edición de 2026 participaron cien votantes en la categoría masculina y cincuenta en la femenina. Cada uno seleccionó diez futbolistas de una lista de treinta nominados y les asignó posiciones que se transformaron en puntos.
El sistema busca establecer una evaluación ordenada, aunque las diferencias entre posiciones, estilos y competiciones hacen inevitable cierto grado de interpretación. Un delantero puede destacar por su producción goleadora, mientras un centrocampista puede ser decisivo mediante la creación de oportunidades, la recuperación del balón o la conducción del juego. La importancia de sus actuaciones también depende de los rivales, del contexto competitivo y de la manera en que contribuyeron a los resultados de sus equipos.
Por eso, las estadísticas permiten describir una temporada, pero no necesariamente explican toda la influencia de un jugador. Los números resultan indispensables para comparar rendimientos, aunque necesitan acompañarse de una observación de lo que realmente ocurrió sobre el campo.
Harry Kane y el arte de encontrar el gol

La temporada 2025-2026 ofreció a Harry Kane una oportunidad extraordinaria para demostrar por qué ha sido considerado durante años uno de los delanteros más completos de su generación. El inglés, que había construido gran parte de su reputación en el Tottenham antes de trasladarse al Bayern Múnich, encontró en el club alemán un escenario donde combinar su capacidad goleadora con la posibilidad de competir regularmente por grandes títulos.
Sus 73 goles entre el Bayern y la selección inglesa representan una cifra excepcional, incluso para un delantero acostumbrado a marcar con frecuencia. Kane terminó como máximo goleador de la Bundesliga por tercera temporada consecutiva y convirtió 14 tantos en la Champions League, competición en la que su equipo alcanzó las semifinales. A esa producción individual se sumaron tres títulos nacionales con el Bayern.
El inglés, sin embargo, posee características que van más allá de su eficacia frente al arco. A diferencia de los delanteros que concentran sus intervenciones en el área, Kane participa habitualmente en la elaboración de las jugadas. Puede retroceder para recibir, atraer a los defensores, encontrar a un compañero que llega desde una posición más adelantada y volver a incorporarse al ataque para definir.
Esa lectura del juego ayuda a explicar por qué su presencia puede modificar el funcionamiento ofensivo de un equipo incluso cuando no participa directamente en el gol. Su capacidad para asociarse, interpretar los movimientos de sus compañeros y resolver con diferentes recursos le permitió convertirse en una referencia del ataque del Bayern.
La conquista del Balón de Oro también tuvo un significado particular para el fútbol inglés. Desde Michael Owen, premiado en 2001, ningún jugador de esa nacionalidad había recibido el reconocimiento masculino. La ceremonia de Londres reunió así dos momentos separados por setenta años: el primero, protagonizado por Stanley Matthews en 1956, y el más reciente, con Harry Kane convertido en el nuevo ganador inglés.
Alexia Putellas, la inteligencia de hacer jugar

En la categoría femenina, Alexia Putellas volvió a ocupar el primer lugar de la votación después de tres ediciones consecutivas dominadas por Aitana Bonmatí. Su tercer Balón de Oro confirmó el reconocimiento internacional a una futbolista cuya principal virtud ha sido combinar la creación de juego con una capacidad creciente para intervenir directamente en las acciones de gol.
Durante la Champions League femenina 2025-2026, Putellas registró siete goles y siete asistencias, una producción que refleja su participación en diferentes momentos del ataque. UEFA la distinguió como la mejor jugadora de la competición, mientras su temporada con el Barcelona estuvo acompañada de nuevos éxitos colectivos. También tuvo actuaciones relevantes con España, que conquistó la Liga de Naciones femenina de 2025.
El juego de Putellas se desarrolla en una zona del campo donde muchas de las decisiones más importantes ocurren antes de que aparezca una oportunidad de gol. Su capacidad para recibir entre líneas, orientar el balón y reconocer los movimientos de sus compañeras le permite intervenir en la construcción de las jugadas. Puede acelerar una acción mediante un pase vertical, conservar la posesión cuando el equipo necesita reorganizarse o incorporarse al área para aprovechar un espacio.
Estas características explican por qué su influencia no se limita a los goles o las asistencias. Una parte importante de su trabajo consiste en facilitar que el equipo encuentre mejores condiciones para atacar, una tarea que requiere precisión técnica, lectura táctica y una comprensión del juego colectivo.
Su trayectoria también permite observar cómo ha evolucionado el reconocimiento del fútbol femenino. Cuando Ada Hegerberg recibió el primer Balón de Oro femenino en 2018, el premio apenas comenzaba a construir su propio palmarés. Ocho años después, Putellas y Bonmatí comparten el registro de tres galardones y representan una generación de futbolistas que ha contribuido a ampliar la atención internacional sobre sus competiciones.
Aunque el premio femenino tiene una historia mucho más corta que el masculino, sus ganadoras ya han comenzado a establecer referencias propias sobre la excelencia deportiva.
Setenta años de una pregunta sin respuesta definitiva
La ceremonia de 2026 permitió reconocer dos temporadas extraordinarias, pero también ofreció una oportunidad para mirar hacia el recorrido completo del Balón de Oro. Desde aquel primer reconocimiento a Stanley Matthews, el fútbol ha cambiado de manera profunda: las competiciones se han internacionalizado, los métodos de entrenamiento son cada vez más especializados y las estadísticas permiten observar aspectos del rendimiento que antes dependían casi exclusivamente de la apreciación de entrenadores y periodistas.
Pese a esos avances, comparar a los grandes futbolistas continúa siendo una tarea compleja. Las características de Messi no son las mismas que hicieron sobresalir a Cristiano Ronaldo; el fútbol de Cruyff respondía a necesidades tácticas distintas de las que enfrenta un delantero como Kane, y la influencia de Putellas sobre la organización del juego no siempre puede medirse de la misma forma que la producción de un goleador.
Esa diversidad ha acompañado al premio desde sus orígenes y explica buena parte de su atractivo. Cada edición reúne a futbolistas que destacaron por razones diferentes y obliga a valorar cómo sus actuaciones individuales contribuyeron a los resultados colectivos.
Kane y Putellas llegaron a Londres con argumentos deportivos construidos durante toda una temporada. Sus premios no representan una fórmula definitiva para determinar quién juega mejor al fútbol, pero sí reconocen la capacidad de ambos para sobresalir entre los principales protagonistas de sus respectivas competiciones.
Después de setenta años, el Balón de Oro conserva su prestigio precisamente porque el fútbol continúa ofreciendo nuevas maneras de interpretar el talento. Y mientras existan jugadores capaces de sorprender mediante un regate, una asistencia o una definición inesperada, seguirá siendo motivo de admiración y debate la elección de quién merece levantar el trofeo dorado.


