El calentamiento del Pacífico está modificando la distribución de las especies marinas. La flota atunera ecuatoriana registra una fuerte caída en sus capturas, mientras el exceso de camarón presiona los precios a la baja.
El fenómeno de El Niño está modificando las condiciones del océano Pacífico y provocando efectos distintos en la pesca ecuatoriana. Mientras la disponibilidad de atún y otras especies disminuye, la captura de camarón se ha incrementado, generando una sobreoferta que afecta los ingresos de los pescadores.
Según el Comité Nacional para el Estudio Regional del Fenómeno El Niño (Erfen), la temperatura superficial del mar frente a Ecuador se encuentra 4,1 °C por encima de lo normal. Este calentamiento altera el ascenso de nutrientes desde las profundidades, modifica la presencia de fitoplancton y cambia la distribución de distintas especies marinas.
La flota atunera enfrenta un fuerte retroceso
Uno de los sectores más afectados es el atunero. Ecuador cuenta con alrededor de 110 barcos de flota atunera mayor y 400 embarcaciones de pesca menor. En el primer semestre de 2026, la flota atunera ecuatoriana capturó 167.111 toneladas, un 30,8% menos que las 241.594 toneladas registradas en el mismo período de 2025.
La reducción es especialmente significativa frente a otros países que operan en el Océano Pacífico Oriental. La Cámara Ecuatoriana de Industriales y Procesadores Atuneros señala que la caída ecuatoriana duplica la contracción registrada en el conjunto de la pesquería regional.
El aumento de la temperatura obliga a los cardúmenes a desplazarse hacia aguas más profundas o zonas más alejadas, lo que hace que los barcos tengan que recorrer mayores distancias y permanecer más tiempo en el mar. Esto incrementa también los costos de operación y combustible.
La Cámara Nacional de Pesquería estima que Ecuador podría cerrar 2026 con unas 360.000 toneladas de atún capturado, frente a las aproximadamente 450.000 toneladas de 2025. Esto representaría un déficit de unas 90.000 toneladas.
La albacora también escasea y sube de precio
El impacto ya se siente en los mercados. En la Caraguay, principal centro de abastecimiento de mariscos de Guayaquil, comerciantes reportan una oferta irregular de albacora fresca, uno de los ingredientes fundamentales del encebollado.
El precio de la libra pasó de un rango habitual de USD 1 a USD 1,20 hasta alrededor de USD 1,40, debido a los episodios de escasez. Ante la menor disponibilidad de producto fresco, algunos comerciantes han recurrido a albacora congelada proveniente de la flota industrial.
Otras especies también presentan variaciones importantes. El picudo, por ejemplo, llega a comercializarse a USD 4,50 la libra al por mayor y hasta USD 7 en mercados minoristas de Guayaquil.
Camarón: más captura, pero menor precio
El comportamiento es diferente con el camarón. En Puerto Engabao, Guayas, pescadores artesanales reportan una abundante presencia de camarón pomada e incluso de langostino.
Sin embargo, esta mayor disponibilidad no necesariamente significa mayores ingresos. La producción ha generado una sobreoferta que el mercado local no logra absorber, mientras algunas empacadoras de Playas han reducido sus compras.
Los pescadores señalan que la libra de camarón se comercializa entre USD 1,80 y USD 2, un precio que consideran demasiado bajo para compensar la actividad. La situación ha llevado incluso a algunos trabajadores a reducir sus salidas al mar porque el producto no tiene suficiente demanda.
Un efecto en cadena para la industria
El calentamiento del océano también afecta a especies pequeñas como sardina, macarela, botella y pinchagua, que son utilizadas como materia prima para la elaboración de harina de pescado y alimentos destinados a la industria acuícola.
El escenario muestra que El Niño no tiene un único efecto sobre la pesca: algunas especies disminuyen su disponibilidad, mientras otras aumentan, dependiendo de su tolerancia a las nuevas condiciones de temperatura y de la disponibilidad de alimento.
Para Ecuador, el desafío será enfrentar estos cambios en un momento en que el fenómeno climático mantiene una alerta roja y puede prolongar sus efectos sobre la producción, infraestructura y economía durante los próximos meses.


