Entre enero y julio se registraron 4.507 desapariciones en el país. De ellas, 1.391 corresponden a adolescentes de entre 15 y 17 años. Problemas personales y familiares, dificultades escolares y riesgos asociados al entorno digital aparecen entre los factores identificados.
La desaparición de adolescentes se mantiene como una de las principales preocupaciones dentro de los registros de personas desaparecidas en Ecuador. Entre enero y julio de 2026, las autoridades contabilizaron 4.507 casos, de los cuales 1.391 corresponden a adolescentes de entre 15 y 17 años, equivalente al 30,8% del total.
El análisis fue elaborado con información del Ministerio del Interior y la Secretaría de Seguridad del Municipio de Quito. Los datos muestran que los adolescentes constituyen el grupo de edad con mayor número de reportes de desaparición. Del total registrado, el 84,5% de los adolescentes fue localizado, mientras que el 15,5% permanece desaparecido o falleció durante las tareas de búsqueda.
Un adolescente desaparece cada seis horas y media
La magnitud de los registros significa que, en promedio, un adolescente desaparece cada seis horas y media en Ecuador.
Los casos no responden a una sola causa. El informe identifica factores relacionados con problemas personales y familiares, dificultades en el entorno educativo y posibles vínculos con actividades delictivas.
Además, existe un dato especialmente preocupante: 23 personas murieron sin haber sido localizadas durante el período analizado.
El inicio del año escolar también pone el tema en el foco
El regreso a clases en la Sierra y Amazonía vuelve a colocar la situación de los adolescentes en el centro de la conversación.
David Rivadeneira, coordinador de Bienestar Estudiantil de la Fundación Crisfe, señala que algunos adolescentes pueden abandonar sus hogares cuando sienten que no son comprendidos, no reciben suficiente atención o tienen temor a sus padres.
El especialista también advierte que parte de las desapariciones ocurre al finalizar el año lectivo, cuando algunos estudiantes enfrentan dificultades académicas o la posibilidad de perder el año. Por ello, plantea que el bienestar emocional debe estar por encima de las calificaciones y que el rendimiento escolar no debería determinar la percepción de éxito o fracaso de un adolescente.
Solo en junio de 2026 se registraron 208 desapariciones de adolescentes, según los datos citados en el informe.
Internet también representa un riesgo
El entorno digital aparece como otro factor de preocupación.
Según Rivadeneira, el mayor acceso a Internet y el uso de dispositivos móviles pueden ser aprovechados por grupos delictivos para establecer contacto con adolescentes y generar situaciones de riesgo.
Entre los escenarios señalados se encuentran posibles vínculos con grupos delictivos y situaciones de estrés, ansiedad o depresión que podrían contribuir a que un adolescente decida abandonar su hogar.
Esto refuerza la importancia de que padres, representantes y centros educativos conozcan las actividades digitales de los menores y, sobre todo, mantengan canales de comunicación que permitan detectar cambios de comportamiento o situaciones de vulnerabilidad.
Los viernes y martes concentran más casos
El análisis también identifica determinados días de la semana con mayor incidencia.
Los viernes concentran el 16,4% de las desapariciones de adolescentes, mientras que los martes representan el 16,1%. En contraste, los jueves y domingos registran los porcentajes más bajos, ambos por debajo del 12%.
Otro dato relevante es la distribución por sexo: 76,6% de los casos corresponde a mujeres y 23,4% a hombres.
La comunicación familiar es una herramienta de prevención
Los especialistas recomiendan que la prevención no se limite a controlar horarios o dispositivos. La construcción de confianza es considerada un elemento fundamental para detectar problemas antes de que escalen.
La comunicación abierta, sin amenazas y con disposición para escuchar puede facilitar que los adolescentes expresen conflictos familiares, dificultades escolares, problemas emocionales o situaciones de riesgo que estén atravesando.
Desde el ámbito institucional también es importante que colegios y familias tengan protocolos claros para actuar rápidamente cuando un estudiante no llega a casa o se pierde contacto con él.
¿Qué hacer ante una desaparición?
La Fiscalía General del Estado establece que no es necesario esperar 24 horas para reportar la desaparición de una persona. El caso puede comunicarse inmediatamente a la Fiscalía o a las unidades especializadas de la Policía Nacional, como DINASED y DINAPEN.
Al presentar la denuncia se recomienda entregar una fotografía reciente y toda la información disponible que pueda ayudar a orientar la búsqueda. La Fiscalía señala que, una vez conocida la desaparición, se deben disponer diligencias urgentes e inmediatas para localizar a la persona.
En el caso de niños y adolescentes, además, existe la Alerta Emilia, un mecanismo de emergencia que puede activarse ante situaciones de riesgo inminente, luego de la denuncia y una valoración técnica de las autoridades competentes. Desde su creación en 2018, 23 menores han sido localizados con vida mediante este mecanismo.


