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Milka descubre el mundo paso a paso con su adiestramiento

July Ruiz
4 Min Read
Adiestrar es construir confianza para una convivencia responsable.

Cada sábado por la mañana, mi cachorra de ocho meses descubre que el adiestramiento no consiste en imponer órdenes, sino en construir confianza para una convivencia responsable. 

Sofía Obando / Notimercio

Los sábados empiezan más temprano desde que tomé la decisión de educar a  Milka. Mientras la ciudad apenas despierta, ella mueve la cola con la energía propia de sus ocho meses y parece adivinar que nos espera una nueva jornada de aprendizaje. Correa en mano, botella de agua y algunos premios en el bolsillo, emprendemos el camino hacia nuestras clases de adiestramiento canino, una experiencia que ha transformado mucho sus hábitos cotidianos.

La primera vez que asistimos, Milka parecía tener mil asuntos más importantes que atender. Una hoja que se movía con el viento, otro perro a la distancia o el simple aroma de la hierba bastaban para distraerla. Sin embargo, clase tras clase comenzó a descubrir que escuchar también puede ser un juego.

A esa edad, explican los especialistas, los perros atraviesan una etapa decisiva para consolidar conductas que influirán en su vida adulta. Aprender a caminar sin tirar de la correa, acudir al llamado de su tutor, controlar impulsos y relacionarse adecuadamente con personas y otros animales no son simples ejercicios de obediencia; son herramientas para prevenir problemas futuros y fortalecer el vínculo con la familia.

En cada clase, Milka avanza a su ritmo. A veces consigue ejecutar una orden con precisión admirable. Otras, su curiosidad le gana. Pero incluso en esos momentos queda claro que el objetivo no es la perfección inmediata, sino la constancia. El adiestramiento se basa en el refuerzo positivo, la paciencia y la comprensión del comportamiento animal.

La experiencia personal encuentra eco en una preocupación creciente de las autoridades quiteñas. La Unidad de Bienestar Animal (UBA) del Municipio de Quito impulsa programas permanentes de sensibilización sobre tenencia responsable y bienestar animal. Durante 2023 se realizaron más de 57.500 acciones de sensibilización ciudadana y se esterilizaron más de 43.600 animales de compañía, cifras que reflejan una estrategia integral para mejorar la convivencia entre personas y animales. Además, el Municipio reportó que en 2024 más de 63.000 ciudadanos participaron en actividades educativas relacionadas con el cuidado responsable de perros y gatos.

La normativa metropolitana también reconoce la importancia del adiestramiento. El Código Municipal establece el registro y control de centros especializados de adiestramiento canino bajo supervisión de la UBA y prohíbe métodos que provoquen daño físico o emocional a los animales.

Estas iniciativas cobran relevancia en una ciudad donde la problemática de la fauna urbana sigue siendo un desafío. Estudios municipales determinaron que en Quito existe aproximadamente un perro por cada 19 habitantes, una realidad que demanda educación ciudadana y acciones preventivas permanentes.

Mientras tanto, para Milka y para mí, las estadísticas quedan lejos cuando termina la clase. Ella recibe su premio favorito y yo la satisfacción de comprobar que cada sábado deja una pequeña enseñanza. Regresamos a casa cansadas, pero felices. Ella porque pudo correr, explorar y aprender; yo porque entiendo que educar a un perro no consiste en lograr obediencia ciega, sino en construir una relación basada en confianza, respeto y comunicación.

Milka aún tiene mucho por aprender. También yo. Pero cada sábado por la mañana confirmamos que el verdadero adiestramiento ocurre en ambos extremos de la correa.

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