Ad image

El reinicio emocional de volver a las aulas

July Ruiz
4 Min Read
Después de las vacaciones, niños y adolescentes enfrentan cambios de rutina, presión social y nuevas expectativas que generan estrés.

July Ruiz / Notimercio

La mochila está lista, los uniformes preparados y probablemente más de un niño cuenta los días para volver a encontrarse con sus amigos. Sin embargo, detrás de la emoción por regresar al colegio también puede aparecer una sensación menos visible: el estrés de volver a empezar.

Por eso, no resulta extraño que un niño diga que está feliz de regresar y, al mismo tiempo, tenga dificultades para dormir, esté más irritable o manifieste dolor de cabeza o de estómago.

La Organización Mundial de la Salud señala que uno de cada siete adolescentes de entre 10 y 19 años presenta algún trastorno mental, y que la ansiedad y la depresión están entre las principales condiciones que afectan a este grupo. La organización también destaca que los entornos familiares, escolares y sociales tienen un papel importante en el bienestar emocional.

El cuerpo también siente el cambio

El regreso a clases implica recuperar rutinas. El sueño es uno de los primeros aspectos que puede alterarse, durante las vacaciones es común acostarse y levantarse más tarde, mientras que la jornada escolar exige horarios más estructurados.

Si el cambio ocurre de manera brusca, el niño puede sentirse cansado, distraído o de mal humor. No necesariamente significa que “no quiera estudiar”. A veces, simplemente está adaptándose nuevamente a una rutina exigente.

“¿Y si no encajo?”

Para los adolescentes, el regreso también puede significar enfrentarse nuevamente a la mirada de los demás. ¿Tengo los mismos amigos? ¿Cómo me recibirán? ¿Cambió algo durante las vacaciones? ¿Cómo me veo? ¿Qué pensarán de mí? ¿Podré cumplir con las expectativas?

Las redes sociales pueden intensificar estas preocupaciones y la comparación constante con otros puede generar presión sobre la apariencia, la popularidad, el rendimiento académico o la necesidad de pertenecer.

No todo estrés es malo

Un cierto nivel de nerviosismo frente a un cambio es normal. El problema aparece cuando la preocupación es intensa, persiste o empieza a interferir con la vida cotidiana.

Cambios importantes en el sueño o el apetito, aislamiento, irritabilidad constante, rechazo persistente a asistir al colegio, descenso marcado del rendimiento o síntomas físicos frecuentes pueden ser señales para prestar mayor atención.

Volver sin exigir que todo sea perfecto

Los adultos también tenemos un papel importante. El regreso a clases no tiene que convertirse desde el primer día en una carrera por las notas, las actividades y el cumplimiento perfecto de todas las responsabilidades. Primero está la adaptación  y después vendrán los resultados.

Como padres podemos ayudar preguntando cómo se sienten, escuchando sin juzgar, organizando las rutinas con anticipación y dejando espacio para el descanso y el juego. Porque volver al colegio no es solamente cambiar las vacaciones por clases, también es un reinicio emocional. Y quizá la mejor forma de acompañarlo no sea preguntar primero “¿cómo te fue?”, sino algo mucho más sencillo: “¿cómo te sentiste hoy?”.

Share This Article
No hay comentarios