Ad image

El Niño 2026: Ecuador se prepara ante un escenario que todavía es difícil de predecir

July Ruiz
5 Min Read
El calentamiento del océano Pacífico mantiene bajo vigilancia a Ecuador ante el desarrollo de El Niño 2026-2027. Las condiciones actuales presentan similitudes tanto con el devastador evento de 1997-1998 como con el fenómeno de impacto limitado de 2023-2024.

El calentamiento del Pacífico presenta similitudes con los eventos de 1997-1998 y 2023-2024, dos fenómenos que tuvieron impactos muy diferentes en el país. La evolución de las lluvias dependerá de cómo interactúen el océano y la atmósfera.

Ecuador vuelve a mirar con atención al océano Pacífico ante el desarrollo del fenómeno de El Niño 2026-2027. El escenario actual genera preocupación, pero los expertos llaman a evitar conclusiones anticipadas sobre la magnitud que tendrá el evento.

El Comité Nacional para el Estudio Regional del Fenómeno El Niño (Erfen) encontró similitudes entre las condiciones actuales del océano y dos episodios muy diferentes: el El Niño de 1997-1998, considerado uno de los más devastadores para Ecuador, y el de 2023-2024, que tuvo un impacto más limitado.

La comparación, sin embargo, no significa que Ecuador vaya a repetir ninguno de esos escenarios. El propio Erfen advierte que las similitudes se refieren principalmente a la configuración térmica del océano y no permiten establecer todavía la intensidad, duración o consecuencias definitivas del fenómeno.

El océano muestra señales de calentamiento

Uno de los principales factores que mantienen bajo vigilancia a los especialistas es la temperatura del mar.

Hasta inicios de agosto, las aguas frente a la costa ecuatoriana registraban temperaturas de entre 26 °C y 28 °C, con anomalías de hasta 4 °C por encima de lo normal en determinados sectores.

En la región Niño 3.4, ubicada en el Pacífico tropical, se registró una anomalía semanal de 2,3 °C, mientras que en la región Niño 1+2, más cercana a las costas de Ecuador y Perú, alcanzó 4,1 °C.

Estos valores evidencian un calentamiento importante del océano, pero por sí solos no permiten determinar si el próximo período lluvioso tendrá características similares a los episodios históricos más severos.

La atmósfera será determinante

La evolución de El Niño dependerá también de lo que ocurra en la atmósfera.

El acoplamiento entre el océano caliente y las condiciones atmosféricas será uno de los elementos fundamentales para determinar la cantidad e intensidad de las lluvias.

El calentamiento del mar puede favorecer una mayor evaporación y disponibilidad de humedad. Sin embargo, factores como los vientos y la presión atmosférica pueden modificar el comportamiento del fenómeno.

Ese componente ayuda a explicar por qué el evento de 2023-2024, pese a registrar temperaturas oceánicas elevadas, terminó debilitándose y no alcanzó las características de un Niño extremo.

Octubre será un mes clave

Los especialistas también observan el comportamiento de las precipitaciones durante los próximos meses.

El fenómeno de 1997-1998 comenzó a generar lluvias importantes desde octubre. Por ello, si el actual evento presenta un comportamiento similar durante octubre de 2026, esa evolución podría convertirse en una señal para evaluar con mayor claridad su posible intensidad.

Por ahora, la recomendación es mantener el monitoreo y fortalecer las medidas de prevención, especialmente en zonas expuestas a inundaciones, desbordamientos de ríos, deslizamientos y erosión costera.

El nivel del mar también preocupa

Otro elemento que se suma al escenario es el aumento del nivel medio del mar.

Las estaciones ubicadas en la costa ecuatoriana registraron anomalías cercanas a 30 centímetros, mientras que en áreas oceánicas se observaron valores de aproximadamente 17 centímetros.

El Erfen advierte que un nivel del mar elevado, combinado con aguajes, oleajes o temporales, puede aumentar el riesgo de desbordamientos, inundaciones y erosión en zonas costeras bajas y expuestas.

¿Se repetirá el desastre de 1997-1998?

Por ahora, no hay elementos suficientes para afirmar que el país enfrentará un fenómeno de la misma magnitud.

La comparación con 1997-1998 sirve como referencia para entender qué señales deben vigilarse, pero no constituye un pronóstico de que la historia vaya a repetirse.

La evolución de las temperaturas del océano, los vientos, la presión atmosférica y, especialmente, el comportamiento de las lluvias durante los próximos meses serán determinantes para conocer el verdadero impacto de El Niño 2026-2027.

Mientras tanto, las autoridades y gobiernos locales deberán mantener activas las medidas de prevención para reducir los posibles efectos de un fenómeno que todavía puede evolucionar hacia escenarios diferentes.

Share This Article
No hay comentarios