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Eustrés: cuando el estrés puede convertirse en un impulso para rendir mejor

July Ruiz
4 Min Read
El eustrés es una respuesta de estrés asociada con desafíos que percibimos como afrontables. A diferencia del distrés, puede favorecer la motivación, la concentración y el rendimiento en determinadas situaciones.

No todo el estrés tiene efectos negativos. La manera en que interpretamos un desafío y los recursos que creemos tener para enfrentarlo pueden cambiar la respuesta de nuestro organismo.

El estrés suele asociarse con ansiedad, agotamiento y problemas de salud. Sin embargo, no todas las experiencias de estrés son necesariamente perjudiciales. Existe una forma conocida como eustrés, relacionada con la motivación, la concentración y la capacidad de responder ante determinados desafíos.

El término fue acuñado en la década de 1970 por el endocrinólogo húngaro Hans Selye, quien utilizó el concepto para diferenciar el estrés que puede resultar estimulante del distrés, asociado con respuestas negativas físicas y emocionales.

¿Eustrés o distrés?

La diferencia no está únicamente en la situación que enfrentamos, sino también en cómo la interpretamos.

Ante un desafío que consideramos exigente, pero para el que creemos contar con las herramientas necesarias, podemos experimentar una respuesta de estrés que nos impulse a actuar. En cambio, cuando sentimos que las demandas superan nuestros recursos, la misma situación puede percibirse como una amenaza.

En el distrés, la respuesta de alerta puede involucrar la activación de la amígdala y la liberación de hormonas como el cortisol. Esto puede estar acompañado de aumento de la frecuencia cardíaca, respiración acelerada y tensión muscular, además de dificultar la concentración.

El eustrés, por otro lado, está relacionado con sensaciones de entusiasmo y expectativa. Según la explicación recogida en el artículo de BBC Mundo, esta respuesta puede involucrar la liberación de dopamina, relacionada con el sistema de recompensa, favoreciendo la motivación y la concentración.

Un ejemplo: la competencia deportiva

Una situación deportiva permite visualizar esta diferencia. Un atleta puede experimentar una mayor activación durante una competencia que durante un entrenamiento. Esa presión, cuando es percibida como un desafío que puede afrontar, puede convertirse en un estímulo para mejorar su desempeño.

Lo mismo puede ocurrir en situaciones como una entrevista laboral. La adrenalina y los nervios no necesariamente tienen que desaparecer para que una persona tenga un buen desempeño. La clave puede estar en interpretar esas sensaciones como parte de la preparación para afrontar el reto.

La percepción también puede cambiar

La forma en que cada persona responde al estrés está influenciada por sus experiencias, su crianza y el contexto en el que ha aprendido a relacionarse con este tipo de situaciones. Sin embargo, estas percepciones pueden modificarse.

Entre las estrategias mencionadas por los especialistas están la educación sobre el estrés y la visualización. Imaginarse enfrentando con éxito una situación desafiante puede ayudar a asociar las respuestas físicas del estrés con sensaciones de confianza y control.

Esto no significa que todo estrés sea beneficioso ni que una persona deba exponerse deliberadamente a situaciones perjudiciales. La diferencia está en comprender que sentir estrés no siempre significa que algo esté funcionando mal.

El reto consiste en reconocer cuándo una situación representa un desafío que podemos afrontar y cuándo las exigencias están superando nuestros recursos. Esa distinción puede ser importante para entender cómo el estrés influye en nuestro rendimiento, concentración y bienestar.

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