De vuelta al centro, un proyecto que nació hace cuatro años

Abi Cadena
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Pie de Foto: Edison Velasco

Rubén Darío Buitrón / Notimercio

En el  imaginario colectivo existe la idea de que esta iniciativa nació a partir del Metro, pero no fue así. El amor por el centro histórico de Quito hizo nacer una propuesta que ya empieza a dar sus primeros resultados.

Hay una señora que todas las mañanas se ubica a la salida de la iglesia de San Francisco y que vende crucifijos, escapularios, estampas de Jesucristo, velas. Ella trabaja allí por su iniciativa, porque es una tradición o porque un día decidió que era su manera de sobrevivir.
Por gente como ella y para personas como ella nació hace cuatro años el proyecto De Vuelta al Centro, que dirige Ana Sevilla Pérez.

Ana cuenta que, justamente, el plan es reconocer el valor no solamente de la maravilla histórica, del entorno colonial y de la belleza física del Patrimonio Cultural de la Humanidad, sino, sobre todo, acompañar y apoyar a las personas y a los locales, también antiguos y legendarios, que son parte esencial del centro histórico más grande de América Latina.

“Nos interesan las piedras o las fachadas o las iglesias o las casas antiguas porque son importantes para configurar y entender lo que somos y de dónde venimos, pero el énfasis y la prioridad son las personas que mantienen estos saberes y que los han cultivado y sostenido durante mucho tiempo. Son estas personas las que hacen el centro histórico, más allá de las piedras ancestrales o los portones tradicionales”.

Ahí está una de las claves del proyecto De Vuelta Al Centro: recuperar la memoria, las leyendas, las costumbres, los hábitos, el paisaje urbano.
Y eso implica atender sus necesidades, apoyarlos, dignificarlos, porque sus conocimientos y sus tradiciones son intangibles y, aunque quedaran para siempre los monumentos y las iglesias y las cúpulas, ellos no van a estar y se perdería muchísimo de lo que solo ellos conocen, de lo que solo ellos viven, de lo que durante mucho tiempo han experimentado.

Pero hablamos de personas y de lugares emblemáticos también. Por ejemplo, junto al hotel Casa Gangotena hay un almacén que abarca tres o cuatro generaciones y que mantiene intacta su tradición de vender artículos, objetos y toda clase de cosas para armar las fiestas infantiles. ¿En dónde más puedes encontrar piñatas, ollas encantadas, disfraces, luces, velas de cumpleaños, papel de regalo, guirnaldas, luces que producen estrellitas y caretas? Solo allí.
Solo allí puedes encontrar objetos de un dólar y aunque hoy provengan de la China, porque supuestamente importar de allí es más barato, no importa. Se mantiene una típica tradición nuestra, tan quiteña, tan de nosotros.

Es un buen ejemplo. La importancia de celebrar un cumpleaños y juntarse con la familia y armar un jolgorio está en lo más profundo del corazón de Quito. Cómo vamos a dejar que eso se pierda, que se pierdan costumbres que son tan o más importantes que los portones, los balcones, los ventanales, los patios.
Son conceptos que hay que recuperar porque eso es lo que somos y eso, entre muchas otras cosas, es lo que nos representa. Es tan conmovedor ver abuelitas que llevan de la mano al cumpleañero que viene para elegir los adornos y las cositas que adornarán la fiesta.

Ana Sevilla explica, además, que existe el proyecto de que la gente vuelva a vivir en el centro, como alguna reciente alcaldía lo intentó hace unos 15 o 20 años.
Hubo una especie de “boom inmobiliario” y sí hubo gente que volvió a vivir, restauró casas, convirtió algunas en departamentos de lujo, pero la seguridad y el transporte atentaron contra esa idea. Llegaron músicos, escritores, pintores y gente que quería residir acá.

Entonces, un componente fundamental del proyecto De Vuelta al Centro es que esta zona cobre vida en todos los sentidos: humano, comercial, habitacional, etcétera.
La idea fundamental es que se convierta en un ejemplo para todas las ciudades de América Latina que tienen centros históricos, pero que no cuentan con un referente como el que se está emprendiendo.
Obviamente, explica Ana Sevilla, es clave empezar por construir un tejido social fuerte y sólido que se mantenga por mucho tiempo o, quizás, para siempre a partir de ahora.

Al mismo tiempo, en un centro histórico al que llega un promedio de 300 mil personas a visitarlo, a pasear, a comprar, a tomarse un café, comer u hospedarse en un hotel, es necesario emprender un plan simultáneo de embellecimiento.
La intención es que los balcones se adornen con geranios, que se vea maceteros multicolores en cada fachada, en cada pared.


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