Comer en el Zaguán

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El Zaguán cafetería está ubicado en la calle Guayaquil N6-56 y Olmedo a una cuadra de la Plaza del Teatro en Quito. Foto: @elzaguancafeteria

Elking Araujo / Para Notimercio

El Zaguán es mi lugar favorito para comer en el Centro Histórico. Adentro reina el olor del maíz cocido para sus diversas presentaciones. La lectura acompaña muy bien mientras el mundo colonial bulle allá afuera.

Nací en el barrio La Colmena, en las faldas del Pichincha. Así que crecí en el Centro Histórico: desde el Cementerio de San Diego hasta el puente del Guambra, conozco cada rincón. Cuando estudiaba en el Colegio Mejía, y mientras fui vecino de San Roque, concurrí a clases a pie. Y, también, muchas veces, regresé caminando. Las centenarias casas coloniales no suelen tener secretos para mí. Su estructura es similar: patios centrales a los que se abren las habitaciones. Todas las casas suelen tener también el mismo tipo de entrada: un pasillo estrecho llamado zaguán.

Hace más de dos décadas, un amigo mío emprendió un modesto negocio con pocos recursos: en un zaguán, sobre una mesita de madera, vendía todas las tardes humitas. Creo, fuera de sentimentalismos, que sus humitas son de las mejores que se pueden probar en Quito. 

Diego, mi amigo, persistió en el negocio. Aprendió a hacer otros platos y se arriesgó. Hoy tiene una cafetería muy acogedora: mi lugar favorito en Quito para comer, compartir, leer, escribir o, simplemente, estar. Por supuesto, se llama El Zaguán, porque hace honor a su origen.

El Zaguán estuvo mucho tiempo en la calle Cuenca y Rocafuerte, junto a la Plaza Santa Clara, un rincón que poco a poco fue perdiendo el atractivo de otros lugares del Centro Histórico.  Con la pandemia, muchos lugares del Centro Histórico fueron abandonados a su suerte. La Plaza Santa Clara se cerró por obras del metro y el Café Zaguán se perdió detrás de montañas de escombros y brazos mecánicos.

El traslado fue inminente. Esta vez encontró lugar en una calle emblemática del mismo centro: la Guayaquil, en la vereda del convento de San Agustín, a solo metros de la calle Olmedo. Se puede visitar el Teatro Sucre, su plaza siempre con sorpresas y luego ir al Zaguán.

Si es mi lugar favorito para comer en el Centro, es porque aún es una hueca escondida. Desde afuera, solo se ve su rótulo pequeño. Adentro reina el olor del maíz cocido para sus diversas presentaciones: en humitas, claro, pero también en quimbolitos. Uno de los platos estrella de la casa es la tortilla de choclo rellena de queso: de tamaño medio, frita, y con masa delgada, se sirve con chocolate caliente.

Cuando lo visito, si voy solo, tomo una mesa y ordeno un café. La lectura acompaña muy bien mientras el mundo colonial bulle allá afuera. Si voy con amigos, juntamos mesas, ordenamos comida y desplegamos las risas. Las horas de conversación pueden sucederse sin conciencia del tiempo.

Me agrada también que está a tres cuadras del estacionamiento del Centro Comercial Montúfar. No hay que caminar mucho, por tanto. Pero yo prefiero otra opción que sugiero a quienes quieran visitar este rincón. Si van en auto desde el norte de Quito, lo pueden dejar en algún parqueadero de la Mariscal. Hay varios y muy seguros. Y se toma el metro en la estación de El Ejido. Será un recorrido muy breve, mucho más rápido y seguro que ir en auto. Se quedan en la parada de la Iglesia de San Francisco. Exactamente son ocho minutos de caminata entretenida desde esta parada hasta El Zaguán.

Mi sugerencia: Si van por primera vez, ordenen los quimbolitos de mora o el de chocolate. Está patentada la experiencia.

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