La gratitud que transforma

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Karla Sarmiento, CEO Más BienEstar, Terapeuta, comunicadora de Bienestar.

Karla Sarmiento/Para Notimercio

¿Cuántas veces damos por sentado lo que ya tenemos? La mente suele enfocarse en lo que falta, en lo que aún no hemos logrado, y ese hábito nos roba la capacidad de ver lo que sí está aquí, sosteniéndonos. Basta con detenerse un momento y nombrar tres cosas por las que sientes gratitud para que algo cambie dentro de ti: la queja se suaviza, la mirada se expande y aparece una sensación de plenitud inesperada.

La gratitud no es solo una emoción bonita, es una herramienta de bienestar profundo. Cuando eliges agradecer, entrenas a tu mente a mirar desde la abundancia en lugar de la carencia. Y lo más poderoso es que esta elección no depende de circunstancias externas, sino de una decisión interna que puedes tomar en cualquier momento del día.

La ciencia lo respalda. Diversos estudios en neurociencia han demostrado que practicar gratitud de forma constante activa las áreas del cerebro asociadas con el placer, la motivación y la empatía. Eleva los niveles de dopamina y serotonina, sustancias que mejoran tu estado de ánimo y reducen la ansiedad. En otras palabras, agradecer no solo te hace sentir bien, también cambia la forma en que tu cerebro percibe la realidad.

Quiero compartir contigo una práctica sencilla de gratitud que puedes incorporar en tu día a día. Al final de la jornada, busca un espacio tranquilo y:

  1. Cierra los ojos y respira profundo tres veces.
  2. Piensa en tres momentos de tu día por los que te sientas agradecida. Pueden ser grandes logros o pequeños detalles.
  3. Escríbelos en una libreta o repítelos en voz baja.
  4. Permite que esa sensación de gratitud recorra tu cuerpo antes de dormir.

Este ritual nocturno no toma más de cinco minutos, pero su impacto es enorme. Con el tiempo, notarás cómo tu mente empieza a buscar lo positivo de manera natural. No porque ignores lo difícil, sino porque eliges equilibrar tu mirada, darle a lo bueno el espacio que merece.

La gratitud también tiene un efecto expansivo. Cuando agradeces, tu energía cambia, y esa vibración la sienten quienes te rodean. Una palabra de gratitud puede suavizar una relación, transformar el ambiente en tu hogar o incluso abrir oportunidades que parecían cerradas. Es como encender una luz que ilumina más allá de ti.

Así como la escritura nos ayuda a escuchar nuestra voz interna y la respiración nos devuelve al presente, la gratitud abre el corazón y nos conecta con la abundancia que ya existe en nuestra vida. Son piezas de un mismo camino hacia la plenitud: escribir, respirar y agradecer.

Hoy quiero invitarte a elegir este hábito. Haz la prueba ahora mismo: piensa en algo por lo que te sientas profundamente agradecida en este instante. Permite que esa sensación te habite. Esa es la energía que cambia tu día, tu mirada y tu forma de estar en el mundo.

Porque la gratitud no solo reconoce lo que tienes, también abre la puerta a lo que está por llegar. Y cuando agradeces, la vida siempre encuentra la manera de darte más razones para seguir agradeciendo. Y ten en cuenta siempre que el verdadero poder está en vivir en plenitud.

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