El humor de Chespirito y sus sombras en la cultura latinoamericana

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El Chavo del 8, un programa popular.

FRANCISCA DE LA TORRE/PARA NOTIMERCIO

Roberto Gómez Bolaños, “Chespirito”, marcó a Latinoamérica con El Chavo del 8, un programa popular que, pese a su humor, se generan estereotipos y prejuicios sociales. Su influencia cultural es innegable, pero también se evidencia una falta de autocrítica frente al daño que causan esas burlas.

El seudónimo de Roberto Gómez Bolaños, Chespirito, es el diminutivo que resultó de una suerte de acomodo al español del nombre de Shakespeare. Eso lo supe muchos años después de cuando sus programas los pasaban en algún canal de televisión y de ellos sólo recuerdo a actores adultos simulando ser niños, en el Chavo del 8. Todos nos vimos expuestos a esos programas, que alcanzaron a mediados de los años 70, del siglo XX, a 350 millones de televidentes y que aún ahora los repiten en horario para niños.

Recuerdo, con cierto fastidio, a los personajes que interactuaban con el Chavo, él incluido. Fastidio cuando algunas personas repetían sus frases como algo chistoso, fastidio porque esos actores adultos hacían gala de burla, discriminación y clasismo, vestidos de humor.

Pero en Latinoamérica se acosa y se somete a la burla al diferente, se flolcloriza la pobreza y la desocupación, el machismo es pan de cada día y el arribismo, o aspiracionismo como se dice ahora, es un síndrome del que padecen muchos.

A la filóloga y lingüista Concepción Company, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, le preguntaron por la influencia del Chavo en el lenguaje. Aclaró que siempre se ha dicho en broma que el Chavo del 8 hizo, por la presencia del español de México en el mundo, más que otros escritores

Me quedo con ese “en broma”. Algunas de las expresiones de los programas de Chespirito están en el lenguaje de nuestros países, pero no necesariamente forman parte de lo que esta lingüista llama procesos de nivelación, es decir de mestizaje de la lengua, como elementos que se quedan en ella, la enriquecen y aseguran su permanencia. 

La influencia de los personajes de Gómez Bolaños son una especie de referentes, aunque traen consigo cierta carencia de valores vestida de chiste y no precisamente de un sentido del humor que aporte.

“Los elefantes nunca olvidan”, una composición basada en la MarchaTurca de Beethoven fue compuesta por el francés Jean Jacques Perrey. Esta pieza es la cortina musical de El Chavo del 8. El actor, también productor, nunca mencionó en los créditos al compositor. Tras la demanda interpuesta por Perrey, la productora Chespirito, Televisa y Univisión tuvieron que pagar, el año 2010, un millón de dólares por plagio. Antes, cuando aún estaba vivo, dos de los actores de su elenco tuvieron diferencias con él por los derechos de autor de sus personajes.

Más allá de las polémicas del creador de estos programas, es indiscutible que el alma latinoamericana, herida por los prejuicios y sin saber que está herida, se abrió incondicionalmente a su influencia y se dejó permear sin compasión por frases que niegan la intención de un acto premeditado, “sin querer queriendo”, de acciones como el golpe en la frente de Don Ramón al Chavo, los gestos y frases de desaire clasista de Quico o el tachar de bruja a una mujer mayor.

En Latinoamérica nos quedamos sin pudor, ni autocrítica, con cosas que parecen simples y «chistosas” pero que en la práctica pueden demoler a diario la autoestima de alguien, a fuerza de repetición, insistencia y desconocimiento del daño que causa, tanto en el que da como en el que recibe.

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