
Durante décadas se repitió el mito de que la ciencia aleja de la fe y que el progreso relega a Dios a una superstición del pasado. Sin embargo, los datos cuentan una historia radicalmente opuesta.
En su libro Los genios creen en Dios, José Carlos González-Hurtado reúne las evidencias que desmontan este prejuicio cultural con rigor incontestable.
De los galardonados con el Nobel de Física, Química o Medicina en el siglo XX, el 90 % se declaraba creyente. Cumbres del pensamiento como Newton, Pasteur, Planck o Gödel no encontraron contradicción entre su razón y su devoción. Al contrario: fue la convicción de que el cosmos responde a un Autor inteligente y ordenado lo que impulsó su afán por descifrar sus leyes.
Hoy, la astrofísica, con el principio antrópico o el ajuste fino del universo, no debilita la fe; la robustece. Como advirtió Heisenberg: “El primer trago del vaso de las ciencias naturales te convertirá en ateo, pero en el fondo del vaso Dios te está esperando”.
No hay dilema entre fe y ciencia. Quien busca la verdad hasta el final descubre que la luz de la razón y la de la fe brotan de la misma fuente divina.


