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El papel se resiste a desaparecer: ¿por qué algunas revistas están regresando?

Diana Penafiel
9 Min Read
Mientras la información digital domina el consumo de noticias, algunas revistas recuperan el papel como una experiencia de lectura más pausada y duradera.

LIFE volverá a imprimirse el 23 de noviembre, después de 19 años sin una edición periódica. Su regreso, junto al de otras publicaciones, plantea una pregunta en plena era digital: ¿qué tiene una revista impresa que todavía invita a detenerse, leer y conservar?

Hay algo que una pantalla no reproduce del todo: el sonido de una página al pasar, el peso de una revista entre las manos, el encuentro con una fotografía que ocupa dos páginas y obliga a detenerse. También está ese gesto de guardar una edición en una biblioteca, prestarla o encontrarla años después, cuando sus imágenes adquieren otro significado. En medio de una época en la que las noticias aparecen y desaparecen en cuestión de segundos, algunas publicaciones están intentando recuperar esa relación más pausada con sus lectores.

Una de ellas es LIFE. La histórica revista estadounidense, que convirtió la fotografía en una poderosa herramienta para narrar el siglo XX, regresará al papel el próximo 23 de noviembre de 2026, exactamente 90 años después del lanzamiento de su célebre etapa como revista de fotoperiodismo. Su retorno no supone simplemente recuperar una cabecera conocida: representa una apuesta por encontrar un lugar para las publicaciones impresas en un mundo dominado por las pantallas.

El nuevo proyecto está respaldado por Bedford Media, la compañía vinculada a Karlie Kloss y Joshua Kushner. LIFE tendrá una periodicidad trimestral y su primer número, titulado Where Are We Now? —¿Dónde estamos ahora?—, reunirá unas 250 páginas de fotografías, crónicas y reportajes sobre personajes conocidos y personas cuyas historias rara vez ocupan los grandes titulares. Costará USD 45 y prescindirá de los anuncios impresos tradicionales, aunque contará con patrocinios.

No será, sin embargo, una revista aislada del mundo digital. La nueva LIFE también ofrecerá contenidos audiovisuales, documentales, una plataforma digital y actividades para sus miembros. Su estrategia parece reconocer algo importante: el papel ya no necesita competir con internet para publicar primero, pero todavía puede ofrecer otra experiencia de lectura.

Revistas que encuentran un nuevo camino

LIFE no es la única publicación que ha decidido regresar a los estantes. La revista gastronómica Saveur recuperó su edición impresa en 2024, después de haberla suspendido durante la pandemia. Su nueva propuesta contempla dos números al año, con tirajes limitados y mayor atención a la fotografía, el diseño y los reportajes.

También volvió i-D, referente de la moda y la cultura juvenil, que retomó sus ediciones físicas en marzo de 2025 con una periodicidad semestral. Ese mismo año, VICE anunció su regreso al papel mediante cuatro publicaciones anuales, después de varios años de ausencia.

Los tres casos reflejan una transformación del negocio editorial. En lugar de imprimir grandes cantidades de ejemplares baratos y depender principalmente de la publicidad, algunas revistas prefieren producir menos números, cuidar su contenido y buscar lectores dispuestos a pagar por cada edición.

La directora de Saveur, Kat Craddock, explicó a la revista especializada Quill que su nueva publicación había logrado sostenerse económicamente, con el 80 % de su tiraje destinado directamente a suscriptores. Es un resultado alentador para una propuesta especializada, aunque no garantiza que otras publicaciones puedan repetirlo.

El atractivo también está relacionado con la posibilidad de conservar una revista como objeto. Una portada puede convertirse en parte de una colección; una fotografía impresa, en algo que merece volver a mirarse. Ese vínculo ayuda a explicar el interés de ciertos públicos por publicaciones que no buscan actualizarse cada minuto.

Pero sería equivocado interpretar estos regresos como una señal de que los lectores están abandonando masivamente lo digital.

El papel busca su espacio en un mundo digital

Los datos muestran una realidad bastante menos romántica. Según una investigación de Pew Research Center publicada en octubre de 2026, el 88 % de los adultos estadounidenses consulta noticias mediante dispositivos digitales al menos ocasionalmente. En cambio, solamente el 6 % afirma informarse con frecuencia a través de periódicos o revistas impresos.

La diferencia confirma que internet sigue siendo el principal espacio de consumo informativo. Las publicaciones físicas enfrentan dificultades para sostener su circulación, sus costos de producción y un modelo publicitario que cambió profundamente durante las últimas décadas.

La propia historia de LIFE refleja esas dificultades. Su etapa semanal, iniciada en 1936, terminó en 1972. Regresó como revista mensual entre 1978 y 2000 y posteriormente circuló como suplemento de periódicos entre 2004 y 2007. Aquella última etapa terminó en medio de la caída de la circulación de los diarios y el deterioro del negocio publicitario.

Diecinueve años después, la cabecera intenta regresar con una lógica distinta: menos ejemplares al año, un precio mayor y una propuesta que combina la permanencia del papel con las posibilidades de distribución y producción digital.

Queda por demostrar si esa fórmula será sostenible. El interés inicial por una revista histórica no necesariamente se traduce en compradores recurrentes, y el precio de USD 45 sitúa a LIFE en un mercado diferente al de las antiguas publicaciones populares.

Aun así, estos proyectos están explorando una pregunta que trasciende los balances comerciales: ¿qué tipo de relación queremos mantener con aquello que leemos?

El valor de detenerse

La investigación sobre lectura tampoco permite afirmar que el papel sea siempre superior a las pantallas. Un metaanálisis publicado en 2024, que examinó 37 estudios experimentales, no encontró una diferencia general estadísticamente significativa en la comprensión lectora entre ambos soportes. Los resultados variaban según las características de los textos, los lectores y las condiciones de lectura.

La diferencia, entonces, no está necesariamente en cuánto comprendemos, sino también en cómo elegimos relacionarnos con una historia.

El teléfono permite consultar información de inmediato, seguir acontecimientos mientras ocurren y compartir una noticia en segundos. Una revista impresa propone un recorrido distinto: páginas organizadas por una mirada editorial, imágenes que no requieren desplazarse continuamente por una pantalla y la posibilidad de conservar el contenido sin depender de una conexión o una plataforma.

No son experiencias excluyentes. Una noticia puede conocerse primero en internet y encontrar después una narración más profunda en una revista. Un reportaje impreso puede tener continuidad mediante videos, archivos digitales o conversaciones con los lectores.

Precisamente esa complementariedad parece orientar el regreso de LIFE. En su presentación editorial, la revista reconoce que vivimos rodeados de imágenes e información, pero plantea el desafío de encontrar contexto, puntos de encuentro e historias capaces de acercarnos a realidades distintas de la nuestra.

El 23 de noviembre, su nuevo número llegará con una pregunta en la portada: Where Are We Now?

La respuesta sobre el futuro de la prensa todavía está abierta. Lo que sí sugieren estas experiencias es que el papel no necesita recuperar el protagonismo que tuvo durante el siglo pasado para conservar un lugar en nuestras vidas.

Quizá su oportunidad esté precisamente en aquello que hoy resulta menos habitual: ofrecernos una historia que no tengamos que consumir deprisa, una fotografía a la que podamos regresar y unas páginas que, incluso después de terminar de leerlas, queramos guardar.

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