El Plan Nacional de Primera Infancia, previsto hasta 2030, enfrenta un desafío que va más allá de ampliar servicios: garantizar que los niños crezcan con alimentación, cuidado, seguridad y oportunidades de aprendizaje.
Los primeros años de vida pueden marcar la trayectoria de una persona. En Ecuador, sin embargo, las condiciones para crecer siguen dependiendo en gran medida del hogar y del lugar donde nace cada niño. El diagnóstico que acompaña al nuevo Plan Nacional de Primera Infancia muestra la dimensión del reto: en 2025, el 32,3% de los menores de cinco años vivía en situación de pobreza.
La falta de ingresos no llega sola. En distintas zonas del país se combina con dificultades de acceso a agua y saneamiento, problemas de salud y entornos familiares atravesados por la violencia. Por eso, mejorar la atención infantil exige mirar también las condiciones en las que viven quienes cuidan a los niños.
El plan registra, por ejemplo, que el 19,4% de las cuidadoras presenta síntomas depresivos moderados o severos. También señala que casi seis de cada diez niños están expuestos a algún tipo de violencia en el hogar. Son cifras que ponen sobre la mesa una necesidad concreta: acompañar a las familias y fortalecer las redes de protección, además de ofrecer servicios dirigidos a los menores.
En salud hay avances, aunque persisten rezagos. La proporción de embarazadas que recibió controles prenatales subió al 89,9% en 2024, mientras la lactancia materna exclusiva en menores de seis meses alcanzó el 53,1%. Al mismo tiempo, la anemia continúa afectando a más del 30% de los niños de entre seis y 59 meses.
Las oportunidades de aprendizaje también son desiguales. Apenas dos de cada cinco niños tienen al menos un libro infantil en casa. Entre los hogares de menores ingresos, la proporción es del 26,3%; entre los de mayores ingresos, llega al 66,4%. Esa distancia muestra que la estimulación temprana no puede depender únicamente de los recursos de cada familia.
Hasta junio de 2026, más de 545.000 niños recibían atención en servicios de desarrollo infantil y educación inicial. El desafío hacia 2030 será ampliar esa cobertura y asegurar su calidad, especialmente en los territorios con mayores carencias.
El Plan Nacional de Primera Infancia ofrece una hoja de ruta. Su resultado dependerá de que las instituciones nacionales y los gobiernos locales coordinen acciones en salud, educación, protección, agua y saneamiento. Para un niño, esas políticas se traducen en algo mucho más cercano: crecer sano, sentirse seguro y tener oportunidades para aprender desde el comienzo.


