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Mujeres, jóvenes y población rural concentran las mayores brechas financieras en Ecuador

July Ruiz
8 Min Read
Mujeres, jóvenes y habitantes de zonas rurales concentran una mayor proporción de personas con dificultades financieras en Ecuador, según un estudio de la RFD.

Un estudio de la Red de Instituciones Financieras de Desarrollo revela que el 56% de las personas con mayor rezago financiero son mujeres y que los jóvenes de 18 a 25 años representan un tercio de este grupo.

Llegar a fin de mes con dinero disponible continúa siendo un desafío para buena parte de los hogares ecuatorianos. Apenas el 28% de la población asegura que le queda dinero después de cubrir sus gastos mensuales, según un estudio de la Red de Instituciones Financieras de Desarrollo (RFD).

La investigación, denominada “Más allá del diagnóstico: capacidades financieras y perfiles de la población ecuatoriana”, identifica importantes diferencias según género, edad y lugar de residencia.

El análisis se realizó a partir del Diagnóstico de Capacidades Financieras 2025, que incluyó 4.622 encuestas a escala nacional y aplicó una metodología desarrollada por CAF en varios países de América Latina.

El 22% presenta un perfil financiero débil

La RFD clasificó a la población encuestada en cuatro perfiles, considerando variables como conocimientos financieros, hábitos de manejo del dinero y capacidad de planificación.

El 30% de los encuestados se ubica en el perfil financiero fuerte, caracterizado por combinar conocimientos y buenas prácticas.

Un 27% pertenece al perfil medio práctico: administra sus recursos de manera adecuada, aunque presenta conocimientos financieros limitados.

En tanto, el 21% corresponde al perfil medio teórico. Estas personas conocen conceptos financieros, pero no necesariamente los aplican en sus decisiones cotidianas.

Finalmente, el 22% se encuentra en el perfil débil, con dificultades tanto en conocimientos como en el manejo de sus recursos.

Mujeres concentran el mayor rezago

El género aparece como uno de los principales factores asociados a las brechas financieras.

Las mujeres representan el 56% del grupo con mayor rezago financiero, frente al 44% de los hombres.

La situación es especialmente relevante entre las mujeres de 18 a 39 años, grupo que enfrenta factores como condiciones laborales menos favorables, ingresos inestables y una mayor carga de tareas de cuidado.

Estos elementos pueden limitar su capacidad para ahorrar, planificar gastos y construir una mayor estabilidad financiera.

Los jóvenes también enfrentan mayores dificultades

La edad constituye otro factor determinante.

Las personas de entre 18 y 25 años representan el 33% del perfil financiero más débil, pese a que constituyen apenas el 17% del grupo que obtuvo mejores resultados.

Esto evidencia una brecha relacionada con la experiencia financiera y las condiciones económicas que enfrentan quienes recién ingresan al mercado laboral o comienzan a administrar sus propios ingresos.

El acceso a educación financiera, empleo estable y herramientas de planificación puede ser determinante para evitar que estas dificultades se prolonguen durante la vida adulta.

La brecha también divide al campo y la ciudad

El lugar de residencia también marca diferencias importantes.

La población rural representa el 31% del grupo con mayor rezago financiero, pero solo el 19% de las personas que obtuvieron mejores resultados.

Esta situación se desarrolla en un contexto de mayores niveles de pobreza en las zonas rurales.

Según los datos del INEC correspondientes a diciembre de 2025, la pobreza por ingresos alcanzó 37,6% en el área rural, frente al 13,8% en las zonas urbanas.

La diferencia también se observa en la pobreza extrema: mientras llegó al 3% en las ciudades, alcanzó el 19,7% en el sector rural.

La pobreza multidimensional profundiza la diferencia

Las brechas son todavía más amplias cuando se considera la pobreza multidimensional, indicador que toma en cuenta privaciones relacionadas con educación, empleo, salud, vivienda y servicios básicos.

En diciembre de 2025, este indicador alcanzó el 41,7% a escala nacional.

Sin embargo, la diferencia territorial fue considerable: llegó al 66,9% en las zonas rurales, frente al 29,9% en las áreas urbanas.

La pobreza multidimensional extrema también presentó una marcada diferencia: 34,8% en el área rural frente al 10,3% en las ciudades.

Tener estudios superiores no garantiza estabilidad financiera

El nivel educativo tampoco elimina necesariamente las dificultades.

Según el estudio de la RFD, el 32% de las personas ubicadas en el perfil financiero más débil tiene estudios superiores.

Esto demuestra que las capacidades financieras no dependen únicamente del nivel de educación formal.

La estabilidad de los ingresos, las condiciones laborales, el nivel de endeudamiento, los hábitos de ahorro y la capacidad para planificar los gastos también influyen en el bienestar financiero.

La RFD sostiene que una persona puede administrar responsablemente sus recursos y, aun así, permanecer expuesta a factores externos como la informalidad laboral o ingresos variables.

Solo 28% termina el mes con dinero disponible

Los indicadores generales del estudio muestran que todavía existen importantes desafíos.

El Índice de Capacidades Financieras alcanzó 10,98 puntos sobre 21, mientras que el nivel considerado óptimo comienza en 12.

El Índice de Inclusión Financiera obtuvo 3,65 sobre 7, por debajo del nivel de referencia de 5.

Pero el resultado más distante de la referencia corresponde al Índice de Bienestar Financiero, que llegó a 31,49 puntos sobre 100, frente a los 70 puntos considerados como referencia.

Esta situación tiene una consecuencia directa: solo 28% de los ecuatorianos afirma que termina el mes con dinero disponible para ahorrar, enfrentar emergencias o cumplir objetivos financieros.

Tener una cuenta bancaria no significa tener bienestar financiero

El estudio también muestra una diferencia entre inclusión financiera y bienestar.

Aunque 84% de los encuestados afirma tener algún producto de ahorro, inversión o jubilación, esto no significa que disponga de recursos suficientes al finalizar el mes.

El 49% cuenta con productos de pago, el 38% tiene algún producto de crédito y apenas el 22% dispone de seguros.

Para la RFD, estos datos muestran que el acceso al sistema financiero debe estar acompañado de capacidades que permitan utilizar adecuadamente los productos disponibles y tomar decisiones acordes con la realidad económica de cada hogar.

¿A quiénes deberían dirigirse las políticas financieras?

Los resultados plantean la necesidad de que las estrategias de educación e inclusión financiera no sean iguales para toda la población.

Mujeres, jóvenes, hogares de menores ingresos y habitantes de zonas rurales aparecen como grupos prioritarios para fortalecer conocimientos, hábitos de ahorro, planificación, acceso a productos adecuados y mecanismos de protección financiera.

El desafío no consiste únicamente en que más personas ingresen al sistema financiero, sino en que ese acceso contribuya efectivamente a mejorar su capacidad para enfrentar emergencias, planificar el futuro y alcanzar mayor estabilidad económica.

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