El inicio del año fiscal marca uno de los períodos más sensibles para pymes y empresas en Ecuador. Las decisiones que se toman —o se postergan— durante los primeros meses del ejercicio tributario suelen definir si el resto del año transcurre con orden o si se acumulan correcciones, ajustes y costos adicionales.
Enero abre el calendario con varias obligaciones clave. Durante este mes se activa la declaración semestral de IVA para servicios gravados con tarifa 0%, se mantiene la declaración mensual de IVA para los contribuyentes obligados según su régimen y se establecen los nuevos topes de exención del Impuesto a la Salida de Divisas (ISD). Además, es un momento crítico para alinear la información registrada en el RUC con la operación real del negocio, ya que cualquier inconsistencia impacta directamente en todas las obligaciones posteriores.
Febrero concentra uno de los primeros puntos de control del año. Hasta ese mes se debe presentar el anexo de gastos personales correspondiente a 2025, así como la proyección de gastos personales, mientras continúan las declaraciones mensuales de IVA. En esta etapa, los cruces automáticos entre facturación electrónica y declaraciones tributarias comienzan a evidenciar si el arranque del año fue ordenado o si será necesario realizar ajustes.
De acuerdo con el calendario oficial, las declaraciones mensuales de IVA y retenciones en la fuente correspondientes a enero deben presentarse entre el 10 y el 28 de febrero, según el noveno dígito del RUC. Este es uno de los controles más relevantes, ya que la información declarada se cruza automáticamente con la facturación electrónica emitida.
Desde la experiencia de acompañar a pymes y empresas en estos procesos, David Ortiz, CEO de Siigo Contífico, advierte que los errores más costosos no suelen producirse en el cierre del año, sino en los primeros meses del ejercicio fiscal. “Es en este período cuando todavía existe margen para ordenar la información y evitar correcciones posteriores que implican tiempo y recursos adicionales”, señala.
Marzo y abril concentran la declaración del Impuesto a la Renta del ejercicio 2025, con plazos que varían según el tipo de contribuyente y el régimen aplicable. Para las pymes obligadas a llevar contabilidad, estos meses suelen confirmar si la clasificación de ingresos, costos y gastos se gestionó correctamente desde enero.
El calendario continúa en mayo con la declaración del Impuesto a la Renta para determinados segmentos del RIMPE y la declaración patrimonial para quienes superan los umbrales establecidos. En junio se abre una nueva ventana para actualizar la proyección de gastos personales, vigente hasta el 30 de ese mes. El segundo semestre mantiene la carga mensual de IVA y suma hitos puntuales como el anticipo por utilidades no repartidas en agosto y el último plazo de ajuste de gastos personales en septiembre.
En este contexto, el uso de plataformas contables en la nube se consolida como un aliado clave. Herramientas como Siigo Contífico permiten mantener al día la facturación, registrar ingresos y gastos con trazabilidad, ordenar la documentación y generar reportes que facilitan la conciliación y la preparación de declaraciones, reduciendo el margen de error frente a los cruces automáticos de información electrónica.





