Perder una vivienda, abandonar el barrio o quedarse sin ingresos puede provocar un sufrimiento que continúa después de la emergencia. La respuesta incluye primeros auxilios psicológicos, apoyo comunitario y atención especializada cuando se necesita.
July Ruiz / Notimercio
El agua baja, pero el miedo puede quedarse. Para una familia que ha vivido una inundación, volver a escuchar lluvia puede significar otra noche sin dormir. A la pérdida de bienes se suman la incertidumbre sobre dónde vivir, las dificultades económicas y la interrupción de las rutinas.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que casi todas las personas afectadas por emergencias experimentan algún grado de malestar psicológico. En muchas, estas reacciones disminuyen con el tiempo; otras necesitan atención por problemas persistentes o trastornos como depresión y estrés postraumático. Sentir angustia después de un desastre no implica, por sí mismo, tener una enfermedad mental.
Las pérdidas también afectan la salud emocional
En su análisis sobre El Niño 2026-2027, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) advierte que las inundaciones, los desplazamientos, el duelo y la pérdida de medios de subsistencia pueden aumentar la angustia y agravar problemas de salud mental preexistentes. También pueden aparecer alteraciones del sueño, ansiedad y consumo perjudicial de sustancias, con efectos que se prolongan más allá de la emergencia inmediata.
La dimensión de la exposición es considerable. Un reporte de la OPS, basado en información de la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos con corte al 27 de octubre de 2026, registró 775 emergencias relacionadas con lluvias en 23 provincias de Ecuador, con 33.486 personas afectadas y 8.425 viviendas afectadas. Estas cifras describen el impacto de las lluvias; no representan diagnósticos psicológicos ni permiten atribuir cada evento individual a El Niño.
¿Qué atención se brinda en Ecuador?
El Ministerio de Salud Pública (MSP) ha informado sobre la incorporación de psicólogos a las brigadas que atienden zonas inundadas, albergues y casas de acogida. En un balance de la temporada lluviosa de 2026 reportó el despliegue de 302 profesionales y más de 1.102 atenciones de salud. El documento menciona acompañamiento emocional, pero no desglosa cuántas de esas atenciones correspondieron a psicología.
Un ejemplo reciente está en Santa Cruz, Galápagos. El 4 de noviembre, el MSP informó que, tras las inundaciones que dejaron inoperativo al centro de salud, sus servicios se mantenían en un punto de contingencia en la Universidad Central. Entre las prestaciones disponibles figuraba psicología.
Estos reportes documentan servicios habilitados en lugares concretos. No permiten establecer qué proporción del total de personas damnificadas ha recibido atención psicológica ni cuántas cuentan con seguimiento sostenido.
La primera ayuda empieza por la seguridad
Los primeros auxilios psicológicos ofrecen apoyo humano y práctico en los momentos posteriores a una crisis. Incluyen identificar necesidades urgentes, escuchar sin presionar y conectar a la persona con familiares, información y servicios. Pueden brindarlos trabajadores y voluntarios capacitados; no equivalen a una sesión de psicoterapia.
Acompañar también significa ayudar a conseguir agua, un espacio seguro o información sobre un familiar. La guía de la OMS recomienda respetar a quienes no desean hablar: obligar a alguien a relatar lo ocurrido no forma parte de esta atención. Permanecer cerca, ofrecer ayuda concreta y permitir el silencio también puede ser útil.
Cuando el malestar se prolonga y limita la vida cotidiana, se requiere evaluación clínica y, según las necesidades, tratamiento psicológico o psiquiátrico. La OMS recomienda integrar estos servicios en los establecimientos generales de salud y mantener redes de derivación. Las personas con trastornos previos necesitan especial atención para evitar interrupciones de sus tratamientos.
Recomendaciones para acompañar a una persona afectada
- Escuchar sin interrogar. Dejar que decida cuánto quiere contar y evitar exigir detalles del desastre.
- Ofrecer ayuda concreta. Preguntar qué necesita ahora y facilitar el contacto con servicios o personas de confianza.
- Evitar promesas imposibles. Expresiones como “no volverá a pasar” pueden generar falsas expectativas. Conviene explicar lo que se sabe y reconocer lo que todavía es incierto.
- Respetar su privacidad. El acompañamiento debe proteger la dignidad de la persona y sus decisiones.
En niños y niñas, el miedo puede manifestarse mediante aislamiento, cambios de conducta o una mayor necesidad de cercanía con sus cuidadores. La OMS recomienda ofrecer explicaciones comprensibles, mantener actividades familiares —como jugar o contar cuentos— y reducir la exposición repetida a imágenes alarmantes. Los adultos que los cuidan también pueden necesitar apoyo.
Dónde buscar ayuda
En Ecuador, la información oficial señala que la línea 171, opción 6, ofrece apoyo psicológico gratuito. También se puede solicitar orientación en el establecimiento de salud más cercano o al equipo sanitario del alojamiento temporal. Ante una emergencia con riesgo inmediato para la vida, corresponde comunicarse con el ECU 911.
La atención debe continuar durante la recuperación. La OPS recomienda coordinar los servicios sanitarios con el apoyo familiar y comunitario, porque el sufrimiento puede estar ligado tanto a lo vivido durante el desastre como a las dificultades posteriores para recuperar vivienda, ingresos y vínculos.


